27). Encíclica “La luz de la Fe”: Escuchar-Ver-y-Tocar a Dios

Posted on

27). Encíclica “La luz de la Fe”

Escuchar-Ver-y-Tocar a Dios

El Papa Francisco nos acaba de ofrecer su primer Encíclica que tiene como título: “La luz de la Fe” (Lumen Fidei). Una Encíclica maravillosa que nos presenta la dimensión de la Fe ligada a la antropología humana. Una fe que tiene que ver con el ser humano en su totalidad: con su razón (ver), con su voluntad (escuchar) y con sus sentimientos (tocar).

Una Encíclica que está compuesta por una introducción y cuatro capítulos que nos hablan de la fe como de una luz que pueda iluminar nuestro tiempo presente en un tiempo en el que el hombre tiene especialmente necesidad de luz.” (n. 4). El Papa Francisco en su introducción nos comenta –con humildad y sinceridad– que en realidad la Encíclica fue elaborada por el Papa Benedicto XVI (quien ya había escrito dos Encíclicas tratando sobre la Caridad y sobre la Esperanza), y que él tan sólo añadió al texto algunas aportaciones. Por lo tanto esta Encíclica es la primera en la historia en haber sido elaborada por dos Papas: uno más intelectual y el otro más pastoral. Que Dios sea bendecido por este trabajo hecho a 4 manos y un solo corazón.

Es importante advertir que no se trata de un texto piadoso que nos presente a la fe como pura recepción ciega de un don que nos venga de Dios. Sino como búsqueda personal y colectiva de una sed profunda que alimenta al hombre y que es la búsqueda de la Verdad. La Encíclica se nutre, además de citas bíblicas, de varias referencias a pie de página en que aparecen filósofos, teólogos y poetas, como Nietzsche, Martin Buber, Wittgenstein, Rousseau, Dostoievski, Dante, Santo Tomás y San Agustín (el santo predilecto de Benedicto XVI). Es decir que se encuentra en el texto realmente un deseo de dialogo con el hombre contemporáneo y no de imposición dogmática.

Me parece que la parte más rica y fecunda de la Encíclica se encuentra en el capítulo 2: Si no creéis no comprenderéis. En el que los papas analizan la estrecha relación que existe entre por una parte la Fe y la Verdad; y por la otra entre la fe y la antropología humana.

Fe y Verdad. La fe nos permite acercarnos a la Verdad desde otro punto de vista que la pura subjetividad humana, ya que no se trata de ver las cosas desde mi sólo punto de vista (relativismo) sino desde la exterioridad del Otro, de la aceptación del Otro en mí. La Verdad sí se puede encontrar cuando se recibe al Otro (Dios) y al otro (ser humano) en mi vida. La verdad antes que ver con los conocimientos tiene que ver con la relación, escucha y aceptación, del Otro en mí.

Fe y antropología. La fe no sólo es cuestión de escucha (oídos) de Dios que me llama, sino también de visión (ojos), sobre todo a partir de la encarnación de Cristo: “La Palabra (auditiva) se hizo carne (visibilidad)”, nos dice San Juan en el prólogo de su Evangelio. Es decir que en el cristianismo no podemos hablar más de una fe ciega, porque creemos en un Dios hecho hombre. Y más aún creemos en un Dios que se deja tocar (tacto) por los hombres. Los evangelios están llenos de pasajes donde Jesús toca a la gente o se deja tocar por ellos. Los hermosos y profundos números 29 al 31 de la Encíclica tienen muchos elementos de la filosofía de Emmanuel Levinas, que no es citado en el texto pero que coinciden con la postura del pensador judío. “Entendemos entonces por qué, para san Juan, junto al ver y escuchar, la fe es también un tocar(n. 31). Con estos elementos mencionados por los papas como propios de la fe: ver, oír y tocar, participamos a una inmersión total del ser humano en el acto de la fe. La fe no es opio del pueblo como decía Marx. No se trata tan sólo de una escucha (Shema) espiritual desligada de la razón; ya que la escucha implica también visibilidad (Logos) y por lo tanto entendimiento en el acto de la fe. Por último el llamado de Dios afecta, toca, nuestra sensibilidad (amor). Decir creo en Dios es querer escucharlo (voluntad), responderle (entendimiento) y vibrar por Él (sentimiento). Los capítulos 3 y 4 tratan de las repercusiones de la fe en el aspecto teológico, eclesial, sacramental, social y familiar.

Para terminar, me parece que podemos relacionar las tres dimensiones humanas mencionadas en la Encíclica: Escuchar, Ver y Tocar, con las tres personas de la Santísima Trinidad. Escuchar (Dios Padre); Ver (Jesucristo); y tocar o sentir (Espíritu Santo). A la escucha trascendental, invisible, e infinita del Antiguo Testamento (Dios Padre), se hace presente la humildad de la carne de un Dios que se deja ver (Jesucristo); y que se sigue manifestando cada vez que vibramos, tocando, y sintiendo a Dios en la carne sufriente de nuestros hermanos. Tocar la piel del emigrante, del huérfano, del desempleado, etc., es hacer todo porque Dios viva. La verdadera fe es compromiso, no es enajenación sino liberación de nuestros hermanos.

Pesaro, Italia, 14 de Julio de 2013

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s