Lc. 11, 37-41

Lc. 11, 37-41

[1]). Interiorizar la Ley para vivirla en libertad

 

Las lecturas de este día nos muestran la relación entre lo exterior y lo interior, entre la Ley y la libertad. ¿Jesucristo vino a abolir la Ley? Él mismo nos dijo que no: “Yo no he venido a abolir la Ley ni los profetas, he venido a cumplirlos”.

En la primera lectura escuchamos palabras muy duras de San Pablo hacia aquellos que cumplen la Ley por la Ley pensando que esto los justifica: “Ustedes, los que pretenden alcanzar la justificación por medio de la Ley, han perdido a Cristo”. Perder a Cristo por la Ley ¿qué quiere decir esto? Quiere decir que se ha perdido el espíritu de la Ley, que lo único que importa es la obediencia ciega a la Ley sin tener en cuenta la finalidad de la Ley (su espíritu), que es la promoción y la libertad del hombre. La ley fue hecha para el hombre y no el hombre para la Ley.

¿Cómo entender esta difícil relación entra la Ley y la libertad? Pienso que no deben de ser vistas en oposición, ya que la Ley bien entendida nos lleva a la libertad. La Ley por excelencia son los diez mandamientos, una Ley grabada en piedras para dar libertad a su pueblo. ¿Cuál es la relación entre la autonomía (Ley interna) y la heteronomía (Ley externa) de la Ley? El filósofo alemán Emmanuel Kant era partidario de la autonomía de la Ley. Es decir el hecho de pensar que la Ley no está afuera sino dentro de cada hombre. Él decía por ejemplo: “Dos cosas llenan mi corazón de una gran alegría que siempre se renueva: el cielo estrellado sobre mi cabeza y la Ley moral en mí.” Para este pensador, la Ley moral se encuentra al interior de cada uno de nosotros. En cambio para el filósofo judío Emmanuel Levinas, la Ley se encuentra al exterior de nosotros, ella nos viene de afuera cuando nos encontramos con el rostro del otro. La presencia de cualquier ser humano frente a nosotros constituye el Sinaí a partir del cual Dios nos habla y nos dicta sus mandamientos, y el primero de ellos es: ¡No matarás!

¿Cuál es la posición de Jesús al respecto? Me parece que para Jesús la Ley es exterior, nos viene de fuera, pero cuando nosotros la hacemos nuestra y asimilamos su espíritu, entonce la hacemos nuestra, y en este caso ya no la vemos como una obligación impuesta, como yugo exterior que hay que cargar, sino como elemento que me ayuda a crecer en mi relación con Dios y con los demás.

En el evangelio del día de hoy vemos el gran malestar de Jesús ante la reacción de un fariseo que critica a Jesús por no haberse lavado las manos antes de la comida. No se trata aquí de una cuestión de higiene sino de un rito religioso: lavarse las manos hasta el codo, purificar los utensilios de cocina, etc. Jesús le responde diciéndole que ellos (los fariseos) son muy escrupulosos para observar aspectos de la Ley hasta sus más mínimos detalles, y él cita algunos ejemplos: “Pobres de ustedes, fariseos, porque dan para el Templo la décima parte de todas las hierbas, sin olvidar la menta y la ruda.” Pero a continuación Jesús añade: “y mientras tanto descuidan la justicia y el amor a Dios.” Con esto Jesús nos quiere decir que cuando practicamos la Ley por la Ley, es decir la practicamos a la “letra” podemos tener la “impresión” de ser justos y buenos. Nos podemos fijar en los más mínimos detalles, y en nuestros días podríamos pensar en no comer carne los viernes de cuaresma; no tomar alimentos una hora antes de comulgar, etc. Es decir cuidar todos los preceptos de la Ley, pero hacerlo de manera hipócrita y escrupulosa, ya que olvidamos el “espíritu” o sentido profundo de la Ley, que es la justicia y el amor a Dios y a nuestros prójimos. Dios conoce lo que hay dentro de nosotros mismos por lo tanto a él no lo podemos engañar con prácticas puramente exteriores. La Ley bien entendida nos debe hacer sentir libres, como dice San Pablo en la primera lectura: “Cristo nos liberó para que fuéramos libres. Por eso, manténganse firmes y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud.” Que así sea. Amén.  

 


[1]  ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior?. Gálatas 5,1-6. XXVIII Semana de Tiempo ordinario,  Seminario San José Diócesis de Nezahualcóyotl,  12 de Octubre del 2004.

 


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