Mc.6, 14-29

Mc.6, 14-29

[1]). Del adulterio a la santidad

 

Propongo reflexionar sobre las dos figuras de reyes que se nos presentan el día de hoy en la liturgia: David y Herodes. ¿Qué elementos comunes podemos encontrar entre estos dos personajes bíblicos?

Un elemento común, además de ser reyes, es que los dos tuvieron que ver con mujeres casadas. David con Betsabé, la esposa de su soldado Urías, y Herodes con Herodías, esposa de su hermano Filipo. En su pasión por estas mujeres, tal vez incluso David va más lejos que Herodes, ya que busca la manera de que muera Urías para quedarse con su mujer; en cambio, San Marcos no nos dice nada en su evangelio sobre la relación que tenía Herodes con su hermano Filipo. Si los dos reyes están seducidos profundamente por estas dos mujeres: Betsabé y Herodías, la manera de vivir posteriormente esa relación de adulterio será muy diferente entre los dos monarcas.

¿Cuál es la diferencia entre los dos? Los dos reyes tienen la posibilidad de escuchar la voz de Dios a través de sus profetas. David por medio del profeta Natán (quien contándole la historia del hombre rico que manda matar la oveja de un pobre para quedarse con ella, le dice: “Tú eres ese hombre” 2 Sam. 12, 7) y Herodes por medio del profeta Juan Bautista (“quien le decía: “No te está permitido tener a la mujer de tu hermano.”). Sin embargo hay una diferencia radical, entre los dos reyes que han cometido adulterio, es que el primero, David, escucha con mucha atención al profeta, pide perdón a Dios y busca reconciliarse con él. Por eso en uno de los versículos, que siguen al texto de la primera lectura que hemos escuchado, se dice de él: “El Señor le perdonó sus faltas.” (Ecl. 47, 13). En cambio el segundo rey, Herodes, escucha también con atención, respeto, e incluso con gusto al profeta Juan Bautista: “Herodes sentía respeto por Juan; lo consideraba un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando Juan le hablaba, no sabía que hacer, pero lo escuchaba con gusto.”. Sin embargo Herodes no es capaz de convertirse y reconciliarse con Dios. Está más apegado al poder, a su imagen como rey, y a la petición de su amante Herodías.

Dos reyes (David y Herodes), dos mujeres conseguidas en adulterio (Betsabé y Herodías), dos profetas (Natán y Juan Bautista), y dos actitudes diferentes ante Dios (el arrepentimiento o la soberbia). Pidamos al Señor que, a pesar de nuestras debilidades, dejemos que su palabra profética penetre en nuestros corazones para acercarnos a él.  Amén.

 


[1] Muerte de Juan Bautista. Eclo 47, 2-11. IV Semana de Tiempo ordinario, Catedral Notre-Dame de Paris, 8 de Febrero 2002.


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