Mi nombre es Francisco Xavier Sánchez Hernández, soy sacerdote católico por vocación divina y enamorado de la filosofía por voluntad personal (y tal vez también divina).
Parafraseando a Nezahualcóyotl diré de mí también, que: “Amo el canto de la opera; las sinfonías de Beethoven; la filosofía de Levinas; los cuentos de Rulfo; los colores de Rothko; me gusta correr y poder terminar un maratón, en algún lugar del mundo, pero amo más encontrarme con mi hermano el hombre, sobre todo el más necesitado.”
Junio 28 de 2010.