El niño Jesús y Santa Claus. De la generosidad al egoísmo humano.

26. El niño Jesús y Santa Claus

De la generosidad al egoísmo humano

 

El nacimiento de Cristo en el mundo es para todos los hombres de cada generación, pero hoy al igual que hace más de 2000 años sólo lo reciben unos pocos. ¿Por qué? Porque la Navidad, más allá de la cena de medianoche y del intercambio de regalos (que es algo bonito), es una invitación para renunciar al egoísmo y para poner nuestra vida al servicio de los demás: del pobre, del extranjero y del huérfano, entre otros ejemplos que nos da la Biblia.

Hoy, al igual que en aquella noche hermosa, la Navidad es una experiencia de amor vivida solo por un puñado de personas. Hoy, al igual que ayer, las cosas no han cambiado mucho a nivel mundial y a nivel personal: la guerra continúa en México y en diferentes partes del mundo, la lucha contra el egoísmo se sigue jugando al interior de nuestros corazones. ¿Qué significa experimentar el milagro de la Navidad? Pienso que Santa Claus representa bien el egoísmo humano, como el niño acostado en un pesebre y con algunos pastores a su lado la generosidad que puede haber en el corazón humano.

Santa Claus contra el niño Jesús: El egoísmo contra la generosidad

No se trata de un combate, aunque tal vez haya mucho de ello, en todo caso la experiencia de Navidad se decide en el corazón de cada hombre.

  • Santa Claus viene a regalar juguetes. El niño Jesús no viene a regalarnos algo. Al contrario, Él nos viene a pedir porque no tiene nada que comer y porque seguramente su Padre ya nos ha dado bastante.
  • Santa Claus está bien abrigado, con ropa de terciopelo rojo, gorra, botas y guantes para el frío. El niño Jesús está desnudo y sólo tiene un poco de paja para protegerse del frío.
  • Santa Claus entra por la chimenea de las casas (se supone que hay que tener por lo menos una casa calientita y con chimenea para recibirlo). El niño de Belén no busca entrar a las casas. Al contrario, Él nos invita a salir, a ir a buscarlo fuera, a dejar el calor y la seguridad de nuestro hogar para encontrarlo en los pobres.
  • Al que simboliza el consumismo se le llama “Santa” –Aunque yo no le encuentro nada de santo. Dicho sea de paso no sé por qué si es hombre se le llama “santa” y no “santo”–. Al niño del pesebre se le llama Emmanuel, Dios con nosotros.
  • El de terciopelo rojo no sólo está gordo, sino tremendamente gordo, ha comido demasiado, y parece que lo único que sabe hacer es reír y decir “jo, jo, jo”. El niño semidesnudo de Belén llora porque tiene hambre y frio. “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia”, y también “Dichosos los que ahora lloran, porque serán consolados”, nos dirá más tarde el niño cuando ya sea grande.
  • La mirada del primero no penetra nuestros corazones, no critica nuestro egoísmo, al contrario parece favorecerlo. La mirada del segundo penetra nuestros corazones y nos invita a cambiar. Es la mirada del pobre, del extranjero, o del niño de la calle que cruzamos a nuestro paso y que critica nuestro egoísmo.

Sí, es mucho más fácil y más cómodo hacerle honores al primero para olvidar las exigencias del segundo. Y sin embargo… hoy, al igual que en aquella noche de Belén, Dios nos sigue invitando a nacer con Él, a cambiar, a salir para encontrarlo en aquel que sufre, a soñar y buscar un mundo de mayor justicia y de más amor. Nos podemos preguntar: ¿Por qué Jesús en aquella noche tuvo que nacer en un pesebre y no en alguna casa caliente del pueblo? San Lucas nos dice en su evangelio: “porque no había lugar para ellos en la sala común”. Que en esta Navidad podamos experimentar la inmensa alegría de aquel puñado de pastores, que supieron salir de ellos mismos para ir al encuentro de Dios mismo que nacía en Belén. ¡Feliz Navidad!

Tlalpan, D.F., a 20 de Diciembre de 2010.

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2 thoughts on “El niño Jesús y Santa Claus. De la generosidad al egoísmo humano.

  1. Deseo que todos celebremos esta noche con el verdadero espiritu cristiano, y que su padre ya este con ustedes con su salud recuperada.

    1. Muchas gracias por los saludos navideños que llevan siempre el deseo, casí utópico, de una sociedad más fraterna. Sin embargo esa aparente utopía se vuelve realidad al contemplar al niño semidesnudo acotado en el pesebre. Mi papá gracias a Dios se está recuperando. Saludos y un abrazo

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