Religión y postmodernidad

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25. Religión y postmodernidad

En estos días he participado a la presentación del libro de la psicoanalista Dra. Amparo Espinosa Rugarcía, Dios Padre ya no creo en ti (Ed. Jus, 2011). Libro que presenta varias deficiencias desde el punto de vista teológico, y que es un claro ejemplo de la etapa postmoderna que ahora vivimos.

Ante todo ¿qué es la postmodernidad? Como su nombre lo indica, la post-modernidad es una etapa, o movimiento, que viene después (post) de la modernidad. Y si en la época llamada moderna (iniciada prácticamente con el pensamiento del filósofo Descartes 1596-1650) se le dio gran importancia a la razón (cogito) y al yo (ego) como centro de todo (cogito ergo sum). Algunos años después los hombres nos hemos dado cuenta de que la razón no lo es todo (Uno de los primeros analistas de la postmodernidad es el filósofo francés Jean-François Lyotard).

El hijo pródigo, de RembrandtEn palabras simples podemos decir que hace años los hombres creyeron que desarrollando la razón y la búsqueda del yo los hombres llegaríamos a ser más  felices. Sin embargo han pasado cerca de 4 siglos y los hombres seguimos sin encontrar la felicidad tanto deseada (guerras, deterioro del medio ambiente, desilusión de los grandes ideales políticos, etc.). Por lo tanto algunos pensadores proponen ya no poner a la razón como centro de todo. Hay una desconfianza en la razón. Se critica TODO porque se piensa que no hay NINGUNA certeza segura y cierta. La verdad es por lo tanto relativa a cada uno de nosotros. Cada quien puede tener su propia verdad. No hay verdades absolutas.

¿Por qué digo todo esto? Porque esta corriente ha influido mucho en nuestros días, sobre todo en el campo de la religión. (Cf. El libro del filósofo italiano Gianni Vattimo, Creer que se cree, Paidos, 1996). Y la prueba es el libro de la Dra. Espinosa Rugarcia. Un libro en que la autora se fabrica un “dios a su medida”, un dios como a ella le gusta, como a ella le acomoda. Por lo tanto no se trata del “Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”, sino del dios hecho a la imagen de la autora, como diría Feuerbach (antropomorfismo).

Es importante que en nuestra relación con Dios no proyectemos nuestros propios temores o fobias con respecto a Él. La autora del libro que ahora comento, me parece que manifiesta lo que se conoce en psicología como “misandría” (Aversión u odio a los varones), que algunos llaman también “androfobia” (horror al varón). Cito por ejemplo alguna frase del libro. “El argumento de los seguidores de la Iglesia católica para explicar su negación demencial de los crímenes de su Iglesia, va en el sentido de que se trata de una institución humana compuesta de hombres y por lo tanto son lógicas las atrocidades que ocurren en su seno.” (p. 111-112). Por otra parte el libro tiene el merito y el coraje de buscar una Iglesia católica menos dogmática y masculina; y en eso estoy de acuerdo con la autora.  Sin embargo cae en el error de proyectar en Dios la imagen poco valorativa que la autora tiene del sexo masculino. Tacha a Dios de solitario (cap. 1); celoso (cap. 2); y narcisista (cap. 3) por ejemplo. Llegando incluso a compararlo con el personaje de la película de horror, el asesino Hannibal Lecter (Cf. El silencio de los inocentes) p. 114.

Este Domingo hemos celebrado en la Iglesia católica la fiesta de La Santísima Trinidad. Yo creo en un Dios comunitario, un Dios que se deja morir en la cruz por amor a los hombres, un Dios que siempre va más allá de nuestra lógica humana. Dios no es un par de zapatos que yo ajusto a mi medida, como a mi me gustan y que no me molesten. Dios en ocasiones me desinstala, me molesta en alguna parte del cuerpo pero no porque sea malo sino porque quiere hacerme crecer. Dios no es paternalista (como los partidos políticos que nos dan cachuchas y despensas para hacernos creer que se preocupan por nosotros).

Por otra parte es verdad que en la Iglesia católica hemos predicado mucho a un Dios varonil, macho en ocasiones. Pero Dios es también mujer. Como ya lo presentían nuestros antepasados mexicas al hablar del “dios dual OMETEOTL” (varón y mujer). Yo creo en la maternidad de Dios. Un poco cómo trató de representarlo Rembrandt en su pintura del hijo pródigo. Una mano masculina y una femenina para abrazar y recibir al hijo que estaba ausente.

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México a 20 de Junio de 2011.

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