Historia de Rocío. La hija de un alcohólico

3. Historia de Rocío

La hija de un alcohólico

 

En esta semana escribiré algo sobre de la vida de Rocío, a quien llamaré así en esta historia que es verídica. Rocío tiene 9 años de edad y la conozco desde que tenía 4. Ella y su familia viven en una parroquia pobre del Estado de México en donde celebro misa los domingos. Su papá falleció hace apenas unos días a causa del alcoholismo. Estaba completamente tomado cuando lo golpearon.

Hoy la volví a ver y platicamos un rato. “Ayer soñé a mi papá” me dijo mi pequeña amiga. “¿Ah si y cómo lo soñaste?” le pregunté. “Estaba acostado junto a mí, luego se levantó para ir al baño pero antes me dio un beso. Cuando estaba vivo nunca me había dado un beso, me precisó Rocío para después continuar, luego se fue caminando y ya no regresó” . Tengo que confesar que las lecturas que he realizado de Freud y de su Interpretación de los sueños no me sirvieron de mucho cuando Rocío me preguntó que por qué había soñado a su papá. “No lo sé, le contesté, tal vez es porque quería despedirse de ti y decirte que te quiere mucho”.

Estoy asombrado de constatar la madurez con que varios niños y adolescentes pobres viven las dificultades de la vida. Es como si Dios les permitiera madurar más pronto para poder resistir la miseria y las injusticias que les tocó vivir. El papá de Rocío dejó también a un bebé de pocos meses. ¿Se habrá dado cuenta de la riqueza que tenía con esa niña? Lo dudo. Yo platiqué varias veces con él, quien llegó a hacer juramentos que luego rompió. Rocío, aún más que su madre, hizo todo lo posible para sacar a su padre del vicio, pero pareciera que todo fue inútil. Recuerdo ahora con tristeza las veces que Rocío llevó a su papá a la Iglesia para que yo hablará con él. En ocasiones estaba yo confesando y Rocío iba y me tocaba en el cristal del confesionario para decirme. “Ahora sí vino mi papá a hablar con usted padre. Es la tercera persona que está formada”. Realmente yo ya conocía bien a su papá y ella no tenía necesidad de darme tantas precisiones, pero para ella eran importantes. Y luego mientras yo estaba hablando con su papá ella me hacía señas desde lejos como para indicarme que hiciera yo todo mi esfuerzo para hacerlo cambiar. “Lo lamento Rocío, créeme que puse todo mi esfuerzo, sabiduría y experiencia, pero no lo logré”. El alcohol nos ganó a ti y a mí porque antes ya le había ganado a él.

Antes de concluir quiero mencionar que mi papá también tuvo el problema del alcoholismo. Uno de mis cuentos “Nezahualcóyotl” es autobiográfico. Platicar con hijos de alcohólicos es algo que me quema por dentro. Es como remover cenizas. Durante mis primeros años de sacerdocio trabajé con varios grupos de A.A. en el Valle de Chalco y creo que modestamente realicé un buen trabajo. Hay vicios visibles y otros que pasan desapercibidos a los ojos de la sociedad. Nadie está exento de culpa. ¿Quién puede tirar la primera piedra? Nadie. Yo también tengo mis propias faltas y debilidades, y sin bien no son de alcoholismo, creo que tienen que ver con seguir con más fidelidad y radicalidad a mi Maestro.

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México a 15 de Enero de 2011.

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