Exorcismos, posesiones diabólicas y otros demonios sueltos

5. Exorcismos, posesiones diabólicas

y otros demonios sueltos

En el IV domingo del tiempo ordinario hemos leído la curación que Jesucristo realiza, al interior de una sinagoga, a un hombre que tenía un espíritu inmundo que lo atormentaba (Mc. 1, 21-28). ¿Qué pensar con respecto a casos de posesiones diabólicas y exorcismos?

Ante todo hay que recordar que la Iglesia católica cree en la existencia real de un “ser maligno” llamado: Demonio, Lucifer, Satanás, etc. El catecismo de la Iglesia católica, dice del Demonio –al comentar la frase “líbranos del mal”– lo siguiente: “En esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El “diablo” (dia-bolos) es aquel que “se atraviesa” en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida por Cristo.” Núm. 2851.

 Sin embargo considero que debemos de tomar con mucho cuidado esto ya que se puede prestar a malas interpretaciones. Dentro de los sacerdotes y teólogos podemos manifestar diferentes posturas. Los hay desde aquellos que ven al diablo por todas partes y están listos para realizar un “exorcismo” con la primer persona que se los pida, hasta aquellos que son más escépticos y tratan de indagar primero otras razones antes de plantearse una posible hipótesis de alguna causa paranormal que afecte a las personas. Yo me considero entre estos últimos.

Esto me recuerda mis primero años de sacerdocio en el Valle de Chalco. En cierta ocasión fueron a verme para decirme que una adolescente se estaba retorciendo e invocaba al demonio. Al llegar a la pobre casa hecha de madera la gente ya me estaba esperando y me decían convencidos que la muchacha tenía al demonio dentro y que necesitaba un exorcismo. Yo les dije que me dejaran sólo con ella y que esperaran afuera. Me puse a platicar con la joven acerca de su infancia, problemas que tenía con sus padres, etc., no noté nada anormal en ella y ya estaba a punto de irme cuando de pronto me dijo angustiada. –¡Ya llegó! –¿Quién? Le pregunté. Pero no tuvo tiempo de responderme ya que empezó a retorcerse, a babear y a gritar groserías. La gente que estaba fuera entró de inmediato y todos me daban orientaciones de lo que debía yo hacer. Parece que todos habían visto la película del “Exorcista” y sabían perfectamente qué hacer en esos casos. Yo también había visto esa película pero en esos momentos no sabía que hacer. En todo caso me dejé llevar por los gritos de la gente. –Échele agua bendita padre. Y me acercaron una botella con agua. Yo le puse agua bendita a la muchacha y sucedió lo que tenía que pasar. Ella comenzó a retorcerse aún más y a decir que le quemaba. 2 hombres la sostenían mientras la gente rezaba el rosario. Después de tanto cansancio (o circo) de la muchacha, se calmó y yo me fui a la parroquia. La fui a ver los días que siguieron para platicar con ella. Efectivamente había varios problemas en su casa y tal vez ella –de manera inconsciente– creo ésta aparente “posesión diabólica” para que sus papás se fijaran más en ella.

Ese hecho me sirvió, a disgusto mío, para hacerme de una cierta fama de “exorcista” por aquellos rumbos. Algunos días después fueron a verme para otro caso similar. Una mujer se retorcía, entraba en trance y hablaba como bebita diciendo que estaba en un lugar donde había mucho fuego y se estaba quemando. Fui a verla y al platicar con ella –antes de que empezara su espectáculo–, me comentó que su esposo era alcohólico, la golpeaba y a consecuencia de ello había abortado un bebé que ella deseaba mucho. En esa ocasión ya no cedí a la presión popular de escenificar “El exorcista II” sino que le dije al esposo de la señora –Efectivamente hay un diablo en esta casa pero no en su esposa sino en usted. Esto no le gusto mucho al señor, que me dijo más o menos así, aunque con palabras más coloridas: –Yo mandé que lo fueran a traer para que le sacara el diablo a mi esposa no para que me dijera esto.

En fin he contado estas dos anécdotas personales, no para decir que no creo en la existencia del Mal, sino porque creo que ésta fuerza se manifiesta de manera más sutil y por eso mismo más peligrosa. El encadenarnos a algo o a alguien que nos impida ser libres para seguir al Señor es ya una forma de estar sometidos a fuerzas del mal. El neoliberalismo de nuestra sociedad de consumo que nos encadena a las tarjetas de crédito, “compra ahora y paga después”; la pornografía que nos impide ver en el otro un hermano(a) para verlo sólo como objeto de placer; el alcoholismo que nos encadena al vicio, etc., son distintas maneras de estar poseídos por espíritus inmundos. Los grandes demonios de nuestro tiempo son nuestros lideres políticos corruptos; los dueños de los grandes monopolios comerciales que se hacen ricos explotando al pobre; las televisoras nacionales que difunden programación mediocre y embrutecedora, la lista es larga.

 Hay congresos nacionales e internacionales para sacerdotes exorcistas que siguen dando material para películas de terror hechas en Hollywood, ¿por qué no se organizan mejor encuentros de concientización para laicos sobre la enajenación en que nos tienen sometidos los dirigentes políticos y económicos en nuestro país?

Los exorcismos que realizó Jesús en su tiempo tienen que ver con la incorporación y no exclusión del “poseído” a la sociedad. En aquel tiempo se llamaba con facilidad “espíritu maligno” a todo aquello que no se pudiera explicar racionalmente de acuerdo a los alcances médicos y psicológicos de aquel tiempo. Existe ciertamente un Ser maligno, pero creo que su manera de actuar es evitar que seamos libres, que nos encadenemos nosotros mismos, a todo aquello que nos aleje del amor a nuestros hermanos. Creo que más que hablar ahora de posesión debemos hablar de enajenación. Es decir la perdida de nuestra propia libertad y dignidad en beneficio de intereses extranjeros.

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México a 30 de Enero de 2012

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One thought on “Exorcismos, posesiones diabólicas y otros demonios sueltos

  1. Siempre he creído que el “Maligno” actúa tan sutilmente, que no somos conscientes de su presencia. Por Ejemplo, Partiendo del principio que nos ha dejado el Señor, “la Verdad os hará libres”, ya un signo de la presencia del Maligno está en las mentiras diarias o frecuentes que hacemos. Pero, por otro lado, está la frágil línea de “Satanizar” todo, al grado de no asumir nuestras propias responsabilidades. ¡Pobre demonio, le echamos la culpa hasta porque haya tráfico!
    Saludos.

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