La importancia de saber descansar

30. La importancia de saber descansar

El domingo XVI del tiempo ordinario hemos meditado a partir del texto de Marcos 6, 30-34. Los apóstoles le cuentan a Jesús todo lo que han hecho y él les propone irse a un lugar retirado para descansar. Vemos a un Jesús muy humano que sabe la importancia del descanso y que decide darles unos días de “vacaciones” a sus discípulos. En estos días varios de nosotros (sobre todo alumnos y profesores) estamos de vacaciones. Ocasión para reflexionar sobre la importancia de saber bien descansar.

 

No hay que olvidar que Dios mismo, después de haber terminado la creación, se puso a descansar para darnos a entender que el trabajo no lo es todo. Un cuerpo descansado permite ver mejor las cosas, nos favorece para una mejor relación con los hombres y también con Dios. Hay personas que no quieren, o en ocasiones no saben, descansar. Descansar no es perder el tiempo o estar sin hacer nada, ya que el descanso es también una actividad que hay que saber preparar, organizar, planear. El descanso no debe ser visto como un lujo sino como una necesidad e incluso un derecho, del que lamentablemente no todos los seres humanos podemos gozar.

Es importante saber organizar nuestros momentos de descanso ya sean cotidianos, semanales o anuales. El tiempo de descanso bien empleado hace bien no sólo al cuerpo, sino también al alma y al espíritu, ya que el hombre forma una unidad con todos su ser. El descanso nos une a Dios porque nos recuerda que somos creaturas finitas, que la productividad no lo es todo y que necesitamos de Él. La flojera y la pereza no descansan, al contrario provocan más cansancio. Con el aburrimiento sucede lo mismo, no descansa sino que molesta porque no se encuentra nada qué hacer, algo que nos pueda realmente relajar o motivar. Cuando sabemos descansar estamos mejor preparados para continuar con nuestras actividades laborales, sociales y religiosas.

Una comunidad religiosa que da gran importancia al descanso es la judía. Los judíos han sabido relacionar el descanso físico con su relación a Dios. Hace algunos años platicaba yo con un violinista judío en Brooklyn, Nueva York, y él me platicaba sobre la importancia que para ellos tiene el Shabbat (sábado), día en que no se realizan actividades físicas para dedicarlo en su totalidad al Señor. Él me decía que había perdido muchas posibilidades de trabajo y de participar a buenos conciertos organizados los sábados, pero que él prefería respetar ese día de descanso dedicado al Señor. Esto me recuerda algunos capítulos de una de mis películas favoritas “Carros de fuego” (Chariots of fire -1981-), en los que se maneja la misma situación pero a nivel del deporte.

El descanso es una bendición cuando después de haberlo realizado (de la forma que sea: leyendo, viendo una película, o simplemente acostados) nos encontramos con que aquel que está frente a nosotros es nuestro hermano/a, al que deseamos servir.

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México, a 22 de Julio de 2012

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