Me han despedido de la UPM

32. Me han despedido de la UPM

En esta semana el todavía rector de la Universidad Pontificia de México (UPM) me ha llamado a su oficina para anunciarme que: “por mi propio bien” era mejor que dejara de trabajar en la Universidad. Me siento confundido, molesto, impotente…, no lo sé. Nunca pensé que el rector –que por cierto es sacerdote igual que yo– llegara a tanto. Los argumentos que él me dio para despedirme son tan estúpidos, tan arbitrarios y sobre todo tan injustos, que me he quedado sin palabras. No hubo dialogo antes entre él y yo, ni se consultó al consejo académico de la facultad. Se me trató como objeto.

Lamentablemente mi caso no es el único. Si en el mundo hay situaciones de injusticia y de violación a los derechos humanos, en la Iglesia católica estamos igual y en ocasiones peor. No citaré nombres en este texto, pero en los 6 años que trabajé en la Universidad, me tocó presenciar otro despido “injustificado”. Se trató de un teólogo, amigo mío, de gran renombre internacional, que por desacuerdos con una alta autoridad de la Iglesia fue despedido de la noche a la mañana.

¿Por qué se me despidió? En los “argumentos” que pude descifrar (porque ni en eso hubo claridad) se trata de lo siguiente: 1) No tengo capacidad académica para dar clases; 2) Mis artículos no son de calidad, y; 3) No he cumplido con lo que se me ha pedido. No estoy de acuerdo con estos argumentos: Los cursos que he dado –ya sea en la UPM o en cualquier otra universidad en que he enseñado (Anáhuac Norte y Sur; Ibero Sta. Fe; y cortas sesiones en la UNAM)– los he preparado; y prueba de ello son las evaluaciones de los alumnos que siempre han sido positivas. Mientras que en la UPM no se me ha reconocido mi trabajo, en otras universidades como la de Saint Joseph en Beirut, Líbano, han quedado muy contentos con mi labor docente. Tengo artículos que se han publicado en varias revistas arbitradas y yo mismo soy dictaminador de varias revistas internacionales. Soy responsable nacional del grupo: Asociación Internacional de Estudios Médicos y Psicológicos de la Religión (AIEMPR) con sede en Suiza, e Investigador Honorario de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Y sin embargo se me dice que no tengo capacidad académica.

Parece ser que algo que molestó (aunado a todo lo que ya había sobre mí) es que en algún curso de Verano no me limité a impartir el programa oficial que se nos dio, sino que hice referencia a autores contemporáneos (Heidegger, Cohen, Levinas, etc.) y eso molestó. Por cierto: una buena parte de los cursos de verano –y de la formación sacerdotal en general– consiste en repetir lecciones que parecen de la Edad Media. Yo no tengo nada contra el sistema aristotélico-tomista pero creo que los tiempos han cambiado. En el último año escolar, 2011-2012, es verdad que no cumplí al 100% con dos aspectos que se me pidieron: Sacar una revista de la facultad de filosofía y coordinar el Grupo de Investigación de la facultad, pero es algo que comencé a realizar durante el último semestre y que tenía proyectado para el 2012-2013. Por otra parte tuvo un excelente desempeño el Departamento de Difusión Cultural, del cual fui el coordinador en los últimos dos años: Se realizó el ciclo de cine debate: “Hablemos de nuestra fe a partir del cine”, con la proyección de 6 películas que tuvieron muy buena audiencia y se lograron crear excelentes debates con el publico asistente y con los especialistas invitados; Impulsé la creación de un taller de teatro en la Universidad; y coordiné la emisión dominical “La hora de la UPM” (gracias a la ayuda de mi amigo el Ing. Juan Bosco Laris), buscando temas nuevos y en ocasiones polémicos; Además de que incorporamos el sistema de Facebook y de preguntas y respuestas a la página web de nuestra universidad. Disculpen que cite parte de lo que realicé durante los seis años que trabajé en la UPM, no es para presumir eso no me gusta, es tan sólo para demostrar que no se me despidió por “incapacidad académica” sino por “cuestiones ideológicas”. ¿Por qué les cuesta tanto trabajo llamar a las cosas por su nombre?

Tengo 49 años y no tengo mucho que perder. Cuando tenía 18 años quise ser sacerdote porque quería servir a la gente y este deseo sigue presente en mi vida. Nunca me he interesado por conseguir puestos de poder en la Iglesia. He sido crítico con mi propia Iglesia porque pienso que Dios se merece algo mejor que la institución que nosotros ahora llamamos “Iglesia”. Sueño con una Iglesia más humana y menos déspota; más pobre; más profética, más humilde y servicial; que condene menos y que perdone más; que se anuncie menos a ella misma y que por el contrario promueva el Reino de Dios. ¿Es mucho pedir? Pareciera ser que en las actuales circunstancias que vivimos sí, es mucho pedir, y sin embargo el Evangelio no desaparecerá. Se podrán expulsar profesores incomodos de las universidades católicas; se sancionará a pensadores, se criticará a obispos y sacerdotes comprometidos con los pobres y excluidos; pero la Fuerza de la Palabra de Dios no desaparecerá, porque no pertenece a los hombres sino a Dios; siempre el Señor impulsará mujeres y hombres que tomen el relevo, a pesar de los riesgos que se corren. El ya casi ex-rector me dijo varias veces que soy “idealista”, como si esto fuera un insulto.

Está por llegar un nuevo rector a la UPM, alguien a quien conozco, una persona capaz y abierta que creo hará mucho bien a la Universidad. El anterior quiso despedirme unos días antes de salir. Pienso con sinceridad que él ha querido hacer un bien a la Iglesia y a la Universidad despidiéndome antes de irse. Pido por él, porque también él es mi hermano. Finalmente el Reino de Dios está en todas partes y tal vez Dios me llama a buscarlo de otra manera.

Ya para terminar me encomiendo a sus oraciones. Disculpen este texto muy personal y en esta ocasión algo extenso. Pude escribir de otras cosas, pero quise comunicar algo de mis sentimientos. Tal vez también algunos artículos de este blog han incomodado a algunos allá arriba. No lo he hecho para quedar bien con algunos o para molestar a otros. Lo que escribo y lo que digo trato de que sea por convicción cristiana, eso es todo.

Por ahora no se hacía dónde se dirigirá mi barca. No es la primera vez que esto me ocurre. Mis papás ya están viejitos (83 y 89) y eso me liga un poco más a permanecer en México cerca de ellos. ¿O tal vez me faltan audacia y confianza evangélicas? Me hacen falta muchas cosas. He hablado con mi obispo para comunicarle que deseo realizar un retiro espiritual antes de tomar alguna decisión. Él me ha dicho que del 13 al 17 de Agosto se realizará el retiro sacerdotal de mi Diócesis, que “coincidencia”. Gracias por sus oraciones por mí, por los sacerdotes y por la Iglesia.

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México, a 6 de Agosto de 2012

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42 thoughts on “Me han despedido de la UPM

  1. Padre, mis oraciones por usted. Fui alumno de usted en un curso de verano así que puedo dar testimonio de su búsqueda por la verdad y preocupación por el prójimo. Lamento esta situación y entiendo “por experiencia” lo incómodo que somos para algunos sectores; lo más doloroso para quienes amamos a la Iglesia y queremos mejorarla es cuando algunos de sus miembros olvidan el servicio a Dios y a los demás, anteponiendo interese humanos o políticos. Sabemos en quien ponemos nuestra esperanza, Él sea nuestro refugio, no decaiga, puede hacer mucho en otros lugares donde también se le necesita. Dios lo bendiga.

    1. Hola Eliut gracias por las palabras de ánimo. Recuerdo muy bien la invitación que, gracias a ti, me hicieron para dar una conferencia en el Seminario de Coatzacoalcos, Veracruz. Creo que si todos ponemos nuestro granito de arena para que las cosas cambien en la religión y la política, por ejemplo, el mundo cada vez será mejor. Es la “utopía” del Reino de Dios de la que hablaba Cristo. Saludos y hasta pronto.

  2. TAL VES ESTE DESPIDO SEA UN LLAMADO DE DIOS NUESTRO SEÑOR PARA SERVIR EN OTRAS LATITUDES, ME INDENTIFICO CON USTED PORQUE YO HE TENIDO MUCHAS SITUACIONES PARECIDAS A LA QUE AHORA PASA, PERO DE ALGO ESTOY COMPLETAMENTE SEGURO LAS COSAS NO PASAN POR PURA CASUALIDAD EL SEÑOR NOS TIENE MARCADO CAMINOS PARA REALIZAR SU OBRA Y EN EL CASO DE USTED Y DE MUCHOS HERMANOS SACERDOTES QUE DEDICAN SU VIDA AL MANDAMIENTO MAS PROFUNDO QUE NOS DEJO JESUS AL DE AMAR A NUESTROS SEMEJANTES COMO EL JESUS NOS AMO, LAS PRUEBAS SON MAS DIFICILES Y A VECES SEGUN LOS CRITERIOS HUMANOS INJUSTOS, ESPERO EN DIOS Y NUESTRO BUEN HERMANO JESUCRISTO QUE EL ESPIRITU DEL PADRE LOGRE AMINORAR SUS ANGUSTIAS E INPOTENCIAS, DEJEMOS TODO EN MANOS DE DIOS NUESTRO SEÑOR, AUNQUE LE CONFIESOS QUE ESO HA VECES ES MUY PERO MUY DIFICIL POR NUESTRA NATURALEZA HUMANA, QUE DIOS LO BENDIGA Y LE CUDE SIEMPRE , PORQUE SE QUE VAYA A DONDE VAYA SIEMPRE ESTARA AL SERVICIO DE LOS DEMAS.

    1. Hola, muchas gracias por su comentario. Efectivamente la predicación del Evangelio no es tarea fácil, esto me recuerda las palabras del gran arzobispo de Brasil, Dom Helder Camara, que decía: “Cuando mi única preocupación es saber dónde voy a pasar mis próximas vacaciones, eso significa que no estoy viviendo el Evangelio; en cambio cuando comienzo a ser criticado por lo que hago o predico, significa que sí estoy viviendo el Evangelio.” Saludos y gracias.

  3. Amigo mio, creo en tu capacidad y en el amor que profesas por tus hermanos y siempre te he visto en el servicio con amor y entrega con una pasion determinada en hacercar el saber a los que te rodean.
    Gracias a Dios por tener sacerdotes como tu y por haberme dado un amigo como tu.
    Te aprecio y estoy seguro que tu mision continua a pesar de todo.
    Tu amigo que te quiere y estima.
    Armando M.

  4. Que pena padre, que el rector no tenga la capacidad de actuar dejando sus interes a un lado, y que no quiera más la colaboración de alguien como usted, no solo por sus logros académicos, sino por su capacidad de seguir siendo humano, de servir, admiro mucho el que demuestre lo que piense y sienta, a muchos nos falta el valor para hacerlo, creo que es por eso que lo sentimos cercano. Animo padre y mucho é
    xito en lo que viene.

    1. Hola Irma, pues no sé si tenga yo valor al publicar muchas cosas que pienso o me falte prudencia. Alguien cercano a mí me ha dicho que no debí de haberme expuesto tanto. Que se puede decir lo mismo pero de manera más delicada. No lo sé. A mí no se me ha dado mucho lo de la diplomacia. Aunque tal vez también por callarnos tantas cosas el mundo está como está. Gracias Irma y éxito igualmente en sus actividades.

  5. Padre me gustan mucho sus artículos de ninguna manera creo en su incapacidad, al contrario, pienso que su GRANDEZA asusta y no conviene a muchos, pienso que esto, definitivamente responde a otro tipo de intereses. Es una realidad triste y dolorosa, yo soy una “idealista” como usted, creo en esa visión de la Iglesia que usted ve y trato de vivir a Dios en su verdadera esencia, en la honestidad, en la verdad, en la justicia, en el amor, en la comprensión, en el trabajo, no usándolo como parapeto para condenar y solapar arbitrariedades sino para vivir en armonía y en la verdad. Me gusta ser así, porque aún cuando en muchas ocasiones me llevo decepciones como por la que ahora usted está pasando, sé que de alguna manera lo que soy y lo que hago deja huella en las personas y se logra un cambio positivo tarde o temprano, estoy segura que lo que usted deja en ese lugar es mucho más que un trabajo y a cambio se lleva el amor, la admiración, el respeto, la solidaridad de sus alumnos y de la gente que trabajó con usted, riqueza que es sólo suya. Desafortunadamente este caso es recurrente en todos los ámbitos y siempre nos quedamos con incógnitas, también comparto con usted que la franqueza es más sencilla y las cosas serían más claras, pero tristemente la cobardía es la salida fácil para no enfrentar la realidad cuando se sabe que no se tiene la razón.
    Personas como usted son las que nos hacen no perder la Fe y no en Dios sino en el sistema. Gracias a Dios que contamos con usted, sé que el camino que tome será lo mejor y pronto todo estará en orden. Lo incluyo en mis oraciones.
    Que Dios lo bendiga.
    Adriana Oropeza

    1. Hola Adriana, gracias por esa bonita reflexión. Tengo varios defectos como todo el mundo, he fallado en muchas cosas, pero hay una constante en mi vida que es el amor a Cristo. Al leer lo que usted escribe me vino a la mente una frase del gran poeta Khalil Gibran que decía: “Prefiero ser víctima del león antes que el cordero sea mi presa”. Es decir prefiero ser víctima de una injusticia a ser yo quien la cometa. Estoy de acuerdo con usted cuando dice que al final de la jornada lo que nos llevamos es el amor, y ese nadie nos lo puede quitar. Con sinceridad le confieso que me llevé mejor con personal de mantenimiento y con las secretarias que con algunas autoridades. Tal vez me faltó más haber hecho el esfuerzo…, no lo sé. Gracias por sus saludos y oraciones.

  6. Muy querido profe:
    Fui su alumna y sigo siendo su seguidora, ya que cada vez que recibo sus artículos me dejan una alegría inmensa. El motivo es, que además de ser sacerdote, profesor y amigo, es Ud. muy humano, muy cercano a quien lo busca y necesita; quiero sepa admiro mucho su capacidad de escucha pero más aún su capacidad de reflexión y su pasión por la lectura e investigación. Los universitarios necesitamos de hombres crítcos, actuales, que saben pedir perdón cuando el tema lo amerita pero también el ser agradecidos con quien nos han marcado personal o comunitariamente.
    En esta ocasión, muchas gracias por compartir sus sentimientos, por la buena difusión a temas interesantes “como los de cine-debate en la UPM”. Y por favor no abandone este block ya que nos hace mucha falta.
    Cuente con mis oraciones y reciba un brazo: Tita Adriana Hdez.

    1. Hola Tita, siempre es agradable encontrase con antiguos alumnos. Con usted además de la pasión por la filosofía y por buscar conocimientos (en la UPM y en la Anáhuac), está el deseo de seguir a Cristo. En todo caso tanto la filosofía, la sabiduría y Cristo tienen relación. Un abrazo.

  7. Como diría Javier Sicilia “A veces mi pinche Iglesia me exaspera y, sin embargo, no dejo de amarla, dolorosamente, como amo a este mundo, como sólo puedo amarme también a mí mismo”.

    Padre, siento mucho leer esta noticia… Sin duda es una pena que sucedan estas cosas, pero aunque no tenemos la dicha de conocernos, aprecio como no tiene una idea sus textos y sus aportaciones; es fácil decirlo (porque no soy yo quien esta en la situación) pero creo que no tiene que decaer el animo de poner ese granito de arena para que las cosas cambien para bien poco a poco, pues es precisamente en esa cruda y absurda realidad, en donde encontramos la Verdad del Señor y en donde los testimonios que transmutan vidas nacen y se difunden, como su caso contracorriente.

    Yo me tope con su blog gracias a Dios, pues mi mente divagaba sin una referencia que inspirara un pensamiento que no pasara por sobre mi catolicismo… Encontré un sacerdote, filosofo y ademas católico que habla de lo valioso de Heidegger, Levinas, del pensamiento medieval, moderno y postmoderno, alumno de Jean-Luc Marion, pero por sobre todo eso, un humano, un amigo, un Padre.

    Es inspirador tener la dicha de contactar con Sacerdotes como usted, es una dicha que haya espíritu de cambio y de bien en ellos, porque ademas, todos somos la Iglesia, es como encontrar un oasis en un mundo reseco por el egoísmo humano. No desista pues su riqueza como Profeta, Sacerdote, filosofo y amigo, es enorme.

    Envío un fuerte abrazo desde su casa en Guadalajara. Animo!.

    1. Querido Panchito,
      Acabo de llegar a Bangui y he abierto tu bloc y mira por donde veo que te han despedido de la Universidad. No sé que decirte, pero como tu insinuas seguro que esto abrira nuevos caminos inexplorados en tu vida. Dejate llevar y verás como te sorprendes y hasta daras gracias un dia por lo ocurrido. Me encanta ese texto de Isaias donde se dice que los que confian en el Señor les crecen alas como de aguilas y corren sin fatigarse. Seguro que lo mejor está por venir aún.
      Saludame a tus papas que como dices estarán ya bien ancianos. Los recuerdo con cariño. De mi vida ya te cuento en el diario. Un abrazo amigo, Jesús

      1. Querido amigo Jesús. Tus cartas como misionero en Africa siempre han sido un aliciente en mi vida, sobre todo en los momentos de dificultad. Los problemas como académico que he pasado no son nada comparados con las penurias físicas, soledades y dificulatades, que tú has vivido en todos los años de misión que llevas en África. Tal vez te habrás dicho al leerme: “Se ve que sigue teniendo capacidades para meterse en problemas”. Cuando estudiamos juntos en Paris recordarás que pasé también por problemas con una autoridad, por andar diciendo lo que yo pensaba. El pensar me ha dado muchas satisfacciones pero también me ha metido en problemas. Pero bendito sea el pensamiento cuando busca estar en harmonía con la voluntad de Dios. Eso es lo díficil saber sí lo que pensamos es lo que Dios quiere, lo que Él nos isnpira. Gracias por tus oraciones y nos seguimos leyendo. Un abrazo.

    2. Hola querido amigo muchas gracias por las palabras de ánimo. Me ha gustado mucho la reflexión de Javier Sicilia que has citado al inicio. Yo a él no lo conozco personalmente pero me siento cercano a él por sus textos y pos su compromiso por la justicia y por la paz. En ocasiones no hace falta la presencia física para sentirse cercanos, éste es el caso. Muchas gracias y saludos.

    3. Hola Lou muchas gracias por tus palabras de ánimo. Yo también he seguido con interés algunas de tus publicaciones en facebook y veo que compartimos el gusto por la filosofía y la pasión por la justicia. Que Dios te bendiga. Un abrazo

  8. CARTA DE RENUNCIA AL SACERDOCIO
    Leonardo Boff

    Hay momentos en la vida en que una persona, para ser fiel a sí misma,
    tiene que cambiar. Yo he cambiado. No de batalla; sino de trinchera.
    Dejo el ministerio presbiteral, pero no la Iglesia. Me alejo de la
    Orden Franciscana, pero no del sueño tierno y fraterno de san
    Francisco de Asís.
    Continúo y seré siempre teólogo, de matriz católica y ecuménica, a
    partir de los pobres, contra su pobreza, y a favor de su liberación.
    Quiero comunicar a los compañeros y compañeras de camino las razones
    que me han llevado a una tal decisión. Primero de todo digo: salgo
    para mantener la libertad y para continuar un trabajo que me era
    fuertemente impedido. Este trabajo ha significado la razón de mi lucha
    de los últimos 25 años. No ser fiel a las razones que dan sentido a la
    vida significa perder la dignidad y diluir la propia identidad. No lo
    hago. Y pienso que tampoco Dios lo quiere. Recuerdo la frase de José
    Martí, destacado pensador cubano del siglo pasado: “No es posible que
    Dios ponga en la cabeza de una persona el pensamiento y que un obispo,
    que no es tanto como Dios, prohíba expresarlo”. Pero rehagamos un poco
    el recorrido. A partir de los años setenta, junto con otros
    cristianos, intenté conjugar el Evangelio con la justicia social, y el
    grito de los oprimidos con el Dios de la vida. De esto resultó la
    teología de la liberación, la primera teología latinoamericana de
    relevancia universal. Con ella buscábamos rescatar el potencial
    liberador de la fe cristiana y actualizar la memoria peligrosa de
    Jesús, rompiendo con aquel círculo férreo que tenía al cristianismo
    prisionero de los intereses de los poderosos.
    Esto nos llevó a la elección de los pobres y excluidos. Ellos nos
    evangelizaron. Nos hicimos más humanos y más sensibles a su pasión. Y
    también más lúcidos al descubrimiento de los mecanismos que siempre de
    nuevo les hacen sufrir. De la sagrada ira pasamos a la práctica social
    y a la reflexión comprometida. Soportamos, en comunión con ellos, la
    maledicencia de aquellos sectores sociales que encuentran en el
    cristianismo tradicional un aliado para mantener los propios
    privilegios bajo el pretexto de la preservación del orden que es, para
    las grandes mayorías, pura y simplemente desorden. Hemos sufrido
    cuando hemos sido acusados, por nuestros hermanos de fe, de herejía o
    de pacto con el marxismo y cuando hemos visto romperse públicamente
    vínculos de fraternidad; siempre he sostenido la tesis de que una
    Iglesia es verdaderamente solidaria con la liberación de los oprimidos
    sólo cuando ella misma, en su vida interna, supera estructuras y
    comportamientos que implican la discriminación de las mujeres, la
    disminución de los valores de los laicos, la falta de confianza en las
    libertades modernas y en el espíritu democrático y la excesiva
    concentración del poder sagrado en las manos del clero.
    Con frecuencia he hecho esta reflexión que aquí repito: lo que es
    error en la doctrina sobre la Trinidad no puede ser verdad en la
    doctrina sobre la Iglesia. Se enseña que en la Trinidad. no puede
    haber jerarquía. Todo subordinacionismo es aquí herético. Se enseña
    que las personas divinas son de igual dignidad, de igual bondad, de
    igual poder. La naturaleza íntima de la Trinidad no es la soledad,
    sino la comunión. La pericoresis (mutua relación) de la vida y del
    amor une a los Tres divinos con tal radicalidad que no tenemos tres
    dioses, sino un solo Dios-comunión. Sin embargo, de la Iglesia se dice
    que es esencialmente jerárquica y que la división entre clérigos y
    laicos es de institución divina. Un torniquete que se estrecha
    No estamos contra la jerarquía. Si ha de existir la jerarquía, ya que
    esto puede ser un legítimo imperativo cultural, será siempre, en un
    buen raciocinio teológico, jerarquía de servicios y funciones. Si no
    resulta así, ¿cómo se puede verdaderamente afirmar que la Iglesia es
    icono-imagen de la Trinidad? ¿Dónde va a parar el sueño de Jesús de
    una comunidad de hermanos y de hermanas si existen tantos que se
    presentan como padres y maestros cuando Él ha dicho explícitamente que
    tenemos un solo padre y un solo maestro (Cfr. Mt., 23, R9). La forma
    actual de organizar la Iglesia (no ha sido siempre así en la historia
    de la Iglesia) crea y reproduce demasiadas desigualdades en vez de
    actualizar y hacer posible la utopía fraterna e igualitaria de Jesús y
    de los apóstoles.
    Por tales y semejantes proposiciones, que por lo demás se infieren en
    la tradición profética del cristianismo y en el proyecto de los
    reformadores a comenzar desde san Francisco de Asís, he caído bajo la
    severa vigilancia de las autoridades doctrinales del Vaticano. Esta
    vigilancia ha sido, directamente o por interpuesta autoridad, como un
    torniquete que se ha estrechado siempre más hasta hacer prácticamente
    imposible mi actividad teológica de profesor, conferenciante,
    consejero y escritor.
    Desde el año 1971 he recibido frecuentemente cartas y amonestaciones,
    restricciones y castigos. No se diga que no he colaborado. He
    respondido a toda carta. He negociado por dos veces mi temporal
    alejamiento de la cátedra. En 1984 afronté en Roma el diálogo con la
    más alta autoridad doctrinal de la Iglesia católica romana. Acogí el
    texto de condenación de varias de mis opiniones en 1985.
    Y después (contra el sentido del derecho, pues me había sometido a
    todo) fui castigado con un tiempo de silencio obsequioso. Acepté
    diciendo: “Prefiero caminar con la Iglesia (de los pobres y de las
    comunidades eclesiales de base) que caminar solo con mi teología”.
    Fui destituido de la Revista Eclesiástica brasileña y alejado de la
    dirección de la editorial Vozes. Me impusieron un estatuto especial,
    ajeno a las normas del derecho canónico, obligándome a someter todo
    escrito mío a una doble censura previa, una interna de la Orden
    Franciscana y otra del obispo a quien compete dar el imprimátur.
    He aceptado todo y a todo me he sometido. Entre 1991 y 1992, el cerco
    se ha cerrado todavía más. Fui alejado de la revista Vozes (la más
    antigua revista cultural de Brasil, de 1904); se impuso la censura a
    la editorial Vozes y a todas las revistas que ella publica. Me fue
    impuesta de nuevo la censura previa a todo escrito, artículo o libro.
    Y fue aplicada con celo. Y por un tiempo indeterminado habría tenido
    que alejarme de la enseñanza de la teología.
    La experiencia subjetiva que he sacado en estos 20 años de relación
    con el poder doctrinal es ésta: este poder es cruel y sin piedad. No
    olvida nada, no perdona nada, exige todo. Y para alcanzar su fin, se
    toma el tiempo necesario y elige los medios oportunos. Actúa
    directamente o usa instancias intermedias u obliga a los propios
    hermanos de la Orden Franciscana a cumplir una función que compete,
    por derecho canónico, sólo a quien tiene autoridad doctrinal (obispos
    y la Congregación para la Doctrina de la Fe).
    Tengo la sensación de haber llegado ante un muro. No puedo avanzar ni
    un paso más. Retroceder implicaría sacrificar la propia dignidad y
    renunciar a una lucha de tantos años. No todo es lícito en la Iglesia.
    El mismo Jesús fue muerto para testimoniar que no todo es lícito en
    este mundo. Existen límites intraspasables: el derecho, la dignidad y
    la libertad de la persona humana. La Iglesia jerárquica no posee el
    monopolio de los valores evangélicos ni la Orden Franciscana es la
    única heredera del Sol de Asís. Existe también la comunidad cristiana
    y el torrente de tierna fraternidad franciscana en los cuales podré
    situarme con jovialidad y libertad. Antes que amargarme y ver
    destruidas en mí las bases humanas de la fe y de la esperanza
    cristiana y golpeada la imagen evangélica del Dios-comunión de
    personas, prefiero cambiar de camino, no de dirección. Las
    motivaciones eje que han inspirado mi vida continuarán inalterables:
    la lucha por el Reino que comienza desde los pobres, la pasión por el
    Evangelio, la compasión con los sufrientes de este mundo, el
    compromiso de liberación de los oprimidos, la articulación entre el
    pensamiento más crítico con la realidad más inhumana y el empeño de
    cultivar la ternura hacia todo ser creado, a la luz del ejemplo de san
    Francisco de Asís.
    No dejaré de amar el carácter mistérico de la Iglesia y de comprender
    sus límites históricos con lucidez y con la necesaria tolerancia.
    Existe innegablemente una grave crisis en la actual Iglesia católica
    romana. Se confrontan duramente dos posiciones de fondo. La primera
    cree en la fuerza de la disciplina y la segunda en la fuerza
    intrínseca al curso de las cosas. La primera piensa que la Iglesia
    tiene necesidad de orden y por esto basa todo en la obediencia y en la
    sumisión de todos. Esta posición es propia por lo demás de los
    sectores hegemónicos de la administración central de la Iglesia. La
    segunda piensa que la Iglesia tiene necesidad de liberarse, y para
    ello tiene fe en el Espíritu que fermenta la historia y en las fuerzas
    vitales que como humus confieren fecundidad al milenario cuerpo
    eclesial. Esta posición está representada por sectores importantes de
    las Iglesias periféricas, del Tercer Mundo y de Brasil.

    La fe como superación del miedo.
    Indiscutiblemente, yo me coloco en la segunda posición, en la de
    aquellos que han hecho de la fe la superación del miedo, que esperan
    en el futuro de la flor sin defensa y en las raíces invisibles que
    alimentan al árbol.
    Hermanos y hermanas, compañeros de camino y de esperanza; que este mi
    gesto no os descorazone en la lucha por una sociedad en la que sea
    menos difícil la colaboración y la solidaridad, puesto que a esto nos
    invita la práctica de Jesús y el entusiasmo del Espíritu. Ayudemos a
    la Iglesia institucional a ser más evangélica, compasiva, humana y
    empeñada en la libertad y la liberación de los hijos y de las hijas de
    Dios.
    No caminemos de espaldas al futuro, sino con los ojos bien abiertos
    para discernir en el presente los signos de un nuevo mundo que Dios
    quiere, y dentro de este mundo un nuevo modo de ser Iglesia: comunal,
    popular, liberador y ecuménico. Por lo que a mí toca, quiero con mi
    trabajo intelectual empeñarme en la construcción de un cristianismo
    indio-afro-americano inculturado en los cuerpos, en la piel, en las
    danzas, en los sufrimientos, en la alegría y en las lenguas de
    nuestros pueblos, como respuesta al Evangelio de Dios que todavía no
    ha sido plenamente dada después de 500 años de presencia cristiana en
    el continente.
    Continuaré en el sacerdocio universal de los creyentes que es pura
    expresión del sacerdocio del laico Jesús, como nos recuerda el autor
    de la carta a los hebreos (7, 14; 8,4). No salgo triste de esta
    situación, sino lleno de paz, hago mía en efecto la poesía del que es
    nuestro mayor poeta, Fernando Pessoa: “¿Ha valido la pena? / Todo vale
    la pena / si el alma no es pequeña”.
    Siento que mi alma, con la gracia de Dios, no ha sido pequeña. Unidos
    en el camino y en la gracia de Aquel que conoce el secreto y el
    destino de cada uno de nuestros pasos, os saludo con paz y bien.

    Leonardo Boff.
    Río de Janeiro – 29/06/1992

    1. Hola José Francisco, gracias por compartir el testimonio de Leonardo Boff indicando las razones por las cuales dejaba el sacerdocio pero no la Iglesia (profética y liberadora). Yo no llegué a publicar textos tan radicales como Boff, sin embargo lo poco que he hecho con mis críticas al sistema me ha valido esta sanción. Sin embargo no hay que doblar las manos. Es importante seguir luchando por la difusión y construcción del Reino de Dios. No por gusto sino por necesidad evangélica. Un abrazo.

  9. Hola Compadre, me da coraje lo que te sucedió, pero siempre he pensado que por algo pasan las cosas,creo que las personas que no saben valorar y respetar la forma de pensar y de actuar de los demás, solo merecen llamarse cobardes, y eso pienso que es el tal rector de la UPm, cuando respetas la forma de pensar de otros aunque no lo compartas en ese momento creces, pero él se va quedar chiquitito de mente y de alma, te enviamos muchos saludos. Sara.

  10. Mi estimado Frank,
    Es una lástima que una Institución con ese currículo tan impresionante tenga este comportamiento; me gusta mucho el enfoque que le das a este problema, que quizá el Señor te tenga destinados otros derroteros. Yo creo que tu convicción política (y su publicación) jugó una parte importante para que te separaran.
    Un abrazo.

    1. Hola Toño, pues fueron varios factores los que condujeron a la autoridad en cuestión a despedirme. Fui llenando el vaso con agua hasta que cayó la última gota y se derramó. Sin embargo me voy con dignidad. He dicho publicamente, tanto en mi blog como en persona, lo que pienso, y creo que he hecho lo correcto. Pues con sinceridad te diré que con los estudios que he realizado hubiera sido fácil haber hecho “carrera” en la Iglesia, y haber llegado tal vez hasta “obispo”. Hubiera bastado con decir “sí señor” o “no señor” a las autoridades para quedar bien con ellas, y todo hubiera sido más fácil. Pero no se trata de que no sea solamente mi estilo, sino de que eso no es evangélico. Ya el Señor me indicará a dónde tengo ahora que ir. Cuidate y seguimos en contacto.

  11. Querido hermano.
    Tengo la seguridad de que no es mas que un escalón mas que hay que subir, recuerda que no es la primera ni será la ultima ves que te pase.
    Siempre habrá quien piense para si. Pero es seguro que dios nos bendice con gente como tu, que se prepara y se entrega por verdadero amor al prójimo, sin pedir nada.
    Me acuerdo por ejemplo. Que fuiste de los pioneros en celebrar en el valle de chalco en un techo de lamina en medio del lodo sin tener donde quedarte y hoy en ese mismo lugar hay una enorme iglesia donde estuvo el papa.
    Recuerdo esto por que también veo el verdadero amor que te tiene esa gente que estuvo con tigo bajo ese mismo techito.
    Gente que sabe del trabajo que junto con misioneros sacerdotes, hermanas (nos). fundaron una catedral.
    Creo firmemente en ti. En tu vocación, en tu preparación y convicciones. Estoy seguro de que se necesitan sacerdotes comprometidos y mejor preparados.
    Que te espera algo mejor. TQM

    1. Querido hermano de sangre Benjamín. Gracias por tus buenos deseos y por recordarme mis inicios como sacerdote en el Valle de Chalco en donde efectivamente no había Iglesia y menos aún casa parroquial. Creo que hasta ahora han sido los años más felices de mi vida. Trabajando con los pobre y para ellos. Allí surgió mi trabajo con los Chavos banda que es una de las actividades más hermosas que he realizado (más bella aún que los 2 doctorados obtenidos en Paris). Ahora creo que ya me he aburguesado mucho, sin embargo creo que la rebeldía evangélica continúa. Un abrazo y gracias a Dios por haberte dado como hermano.

  12. Hola Indy, tal vez estabas enojada cuando escribiste esto. No hay que dejar que el rencor domine nuestro corazón. Ya lo dice San Pablo: “No lleguéis a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo. No dejéis lugar al diablo” Ef.4,26-27. Creo que a mí ya se me está pasando el coraje y me siento más relajado para esperar lo que bien. Del 13 al 17 estaré en retiro con otros sacerdotes en Jalisco, y creo que esto me ayudará mucho. Me hace falta también comenzar a correr, eso también me relaja. Un abrazo y gracias.

  13. Ay¡ amigo Francisco, no se si deba felicitarte por este trance que estas pasando porque se que vienen mejores cosas para ti y no hace más que confirmar que la gente valiosa a ellos no les interesa, por que son como los políticos, les conviene que las personas no piensen, no se den cuenta de su realidad, que levanten la voz y que digan que las cosas no estan bien. Lo lamentable es que personas tan valiosas como tu no sean reconocidas y no se les dé el reconocimiento que se merecen, que yo se qué tú no buscas eso. Sé que desde tu trinchera estás haciendo lo que te corresponde poniendo no sólo tu granito de arena, yo más bien creo que un camión repleto de ella. Tal vez es difícil de asimilarlo al principio, pero tienes que verlo por el lado amable, pensar que Dios quiere algo más grande de ti y que por eso suceden estas cosas. Conociendote, yo sé que para el día de mañana pensaras diferente y le darás vuelta a la página y a lo que sigue. ¡Animo¡ Yo no te conozco derrotado, si se le puede llamar de esta forma, al contrario. Sólo pide que Dios bendiga a todas estas personas y sigue adelante que proyectos, no creo que te hagan falta. Habemos mucha gente que te queremos y que aunque no lo creas, oramos por ti. Por que gracias a ti hemos aprendido mucho. Tu Hna, en Xto.

  14. ¿Y DIOS GUARDA SILENCIO?
    David Fernandez S.J.
    Rector Uia Puebla
    12 Cartas a Dios
    Carta cuarta

    Mi querido Alo:
    ¿Que por qué Dios guarda silencio frente al dolor de sus hijos? Esa es una pregunta radical, última, definitiva, sobre el Dios verdadero. ¿Que por qué ha permitido que hagamos de esta historia un desastre, sin que intervenga para aliviar el sufrimiento, la injusticia, el abuso, de unos seres humanos para con otros? Es otra pregunta igualmente fundamental, pero con una respuesta distinta a la primera. De la respuesta que demos a ambas cuestiones depende en buena medida el que nuestro Dios sea creíble en este mundo crucificado. De hecho, he conocido a personas de muy buena voluntad que, como en la novela “ La peste” de Albert Camus, se niegan a creer en un Dios “que se goza frente al sufrimiento de un niño”, como decía el personaje principal de esa obra genial.
    Para tomar aliento e intentar una explicación a lo que me planteas, permíteme iniciar con un nuevo relato de lo que sucedió en mi primera juventud.
    Cuando era novicio, es decir, en mis primeros años de formación como religioso jesuita, fui enviado al hospital de enfermos crónicos de Tepexpan, en el Estado de México, a cubrir mi experiencia de servicio en hospitales.
    Había allí cientos de personas aquejadas de varios males incurables, en su mayoría abandonadas por sus familiares. Había hombres y mujeres con parálisis cerebral, con deformaciones físicas severas, muchos hemipléjicos y cuadripléjicos (con parálisis en la mitad o en todo el cuerpo), algunos simplemente imbéciles o autistas.
    Recuerdo, por ejemplo, a alguno con cáncer en el rostro, cuyas facciones se caían a pedazos; otro más que carecía por completo de miembros desde su nacimiento y que sólo tenía un gran hueco en la cara que le servía para comer; había también una mujer que no se separaba de una muñeca a la que trataba como si fuera su hija, y muchos paralíticos con grandes llagas en todo el cuerpo, cuyo olor fétido inundaba el hospital entero.
    Recién llegado al hospital, me fue asignado el torreón poniente, especializado en personas, o seres apenas, sin facultades de razonamiento o movimiento, es decir, en fenómenos humanos. Allí estaba, por ejemplo, aquella masa informe, que era sólo un tronco humano con cabeza, que sólo podía comer y defecar. También había algunos cuadripléjicos sin aparente uso de razón. Un cuadro, en verdad, deprimente y dramático.
    Con mis diecinueve años, y con toda la generosidad propia de un nuevo religioso, opté por, además de cubrir las necesidades básicas de alimentación, aseo y curación de aquellas personas, alegrar de tarde en tarde, con mi guitarra y algunas canciones, el ambiente del torreón que se me había asignado.
    Se encontraba en una de las camas un individuo de alrededor de sesenta o setenta años que llevaba por lo menos veinte sin mover el cuerpo en absoluto, sin casi nunca pronunciar palabra, que sólo podía movilizar uno de sus brazos. Los demás internos y su expediente hospitalario, señalaban que en su juventud había sido profesor de inglés en escuelas secundarias y que hacia los cuarenta años había sufrido un grave accidente. Tenía fama de irascible y de rebelde con las enfermeras y los intendentes. Me tocó presenciar una ocasión, por ejemplo, en que, con el brazo hábil, arrojó con violencia a una de las enfermeras una taza de café que había quedado sobre su mesilla de noche al tiempo que la insultaba de manera ininteligible. Estaba delgado al extremo, y tenía unas enormes escaras – llagas purulentas – a todo lo largo de la parte izquierda de su cuerpo, por el prolongado reposo en el que se encontraba. Me había tocado curarlo en algunas ocasiones con pinzas quirúrgicas, gasas y yodo. Entre otras cosas, había yo advertido su poca paciencia, pues se exasperaba con rapidez, y de una gran oreja que le había crecido en la parte izquierda de la cabeza, sobre la cual estaba siempre recostado. El personal hospitalario, pues, le tenía cierto miedo y alguna dosis de repugnancia.
    Una vez que estaba yo cantando en la sala, bajo el supuesto de que poco podían entender los enfermos, este hombre comenzó a agitar su brazo todavía capaz con el fin de llamar mi atención. Me acerqué a él para ver lo que le aquejaba. A señas, me pidió entonces que me inclinara para escucharlo. Lo hice así y con una voz muy queda, y un esfuerzo patente, sobrehumano para su situación, me pidió que cantara “White Christmas”, así, en inglés. Comprender lo que me pedía fue difícil, consumió varios intentos suyos por hacerse entender, pero él no se desesperó.
    Sorprendido por su solicitud, no tuve más que pedirle disculpas porque yo no sabía la letra de la canción. Ni en inglés ni en castellano. Su gesto, entonces, fue de una gran tristeza. Sin embargo, me pidió de nuevo que me inclinara para escucharlo. Entonces, con el mismo esfuerzo, me indicó que él me dictaría la letra de esa canción.
    De inmediato fui por papel y lápiz. Comenzamos entonces, juntos, la ardua labor de ir anotando, verso a verso, palabra por palabra, la letra de “Blanca Navidad” en inglés.
    “I’m dreaming a white Christmas,
    in every Christmas card I write…”
    Y así sucedió a lo largo de varias sesiones agotadoras para él, inquietantes para mí, durante varios días.
    Una semana después de haberlo iniciado, nuestro esfuerzo había culminado. Contaba ya con la letra completa de la composición que me había solicitado. Me puse entonces a cantarla lo mejor que pude, de cabo a rabo.
    Conforme lo hacía, y conforme se sucedían las notas de la melodía, el hombre aquel lloraba. Ríos de lágrimas, de dolor, de nostalgia, escurrieron por sus ojos en silencio. Me pidió que repitiera la canción no recuerdo si diez o veinte veces. Después se durmió con una sonrisa. Al día siguiente no despertó. Murió durante la noche, probablemente abrazado a sus recuerdos, a algún amor de antaño, a su vida útil, productiva, cabalmente humana.
    Quizá yo conocí en algún momento el nombre de este hombre despojado de sí mismo, pero también en algún momento lo olvidé. Sin embargo no he podido borrar de mi memoria lo sucedido con él. De él aprendí que la vida es un regalo valioso, que se construye de experiencias sencillas y de memorias. Y que la muerte puede sobrevenir en paz cuando uno se reconcilia consigo mismo, con su historia, con sus amores.
    Pero también la pregunta por el sentido que tiene el sufrimiento humano se me quedó prendida en el corazón. La perturbadora certeza de que Dios nada tenía que ver con el dolor que nos aqueja, gastó muchos de mis días y de mis noches hasta que entendí lo que se me había revelado.
    El hospital de Tepexpan sigue existiendo. Ahora remodelado y con otro tipo de internos. Sus historias de heroísmo y sufrimiento, de ignominia y resistencia, permanecen en algún sitio de la memoria de la especie humana, en algún lugar del universo. Y ahora mi certeza es otra: esas historias, esos dolores, no pueden ser desechables; no lo son, precisamente porque atañen directamente al Dios de Jesucristo.
    ¿Qué quiero decir con esto? ¿Por qué esos dolores atañen a Dios? ¿No es esto una blasfemia?
    Las respuestas a estas interrogantes tienen que ver con la pregunta primera que nos hacíamos al comienzo de esta carta sobre el silencio de Dios. ¿Realmente Dios guarda silencio? ¿Es verdad que Dios permanece callado frente al dolor y la violencia? ¿Tiene razón Susana Tamaro en esa novelita que te recomendé, Alo, en la que espeta a Dios un “¡respóndeme!” alto, claro, dolorido, sin obtener respuesta? Al propósito, considero conveniente dejar claro, de entrada, que Dios sí habla en la historia. Ha dicho ya su palabra definitiva en el pasado, y sigue hablando constantemente en el presente. Otra cosa es que no sepamos escuchar.
    Desde mi propia fe en Jesucristo, creo que Jesús de Nazaret fue la Palabra definitiva y más completa de Dios en la historia. Y Dios habló allí al padecer el dolor, al cargarlo sobre sí mismo y al redimirlo.
    Efectivamente, el Dios en el que creo, y al que he experimentado, es un Dios colgado de la cruz, revelado en ese Jesús que tuvo muerte de maleante, que fue sacado de los centros de poder y fue sacrificado por blasfemo y por ir en contra de los poderes establecidos.
    En la cruz de Jesús está presente tanto la solidaridad con los dolores del mundo, como la muda, la elocuente protesta contra quienes matan a los inocentes. La Palabra de Dios es palabra que nada puede hacer contra el mal, porque así lo ha decidido; y es palabra que se rebela contra la muerte del justo.
    Creo, mi querido Alo, que sólo desde el Dios crucificado se puede predicar la Buena Noticia a quienes sufren en esta tierra. Porque ¿qué tiene que decirle a los pobres un Dios como Krsna, por ejemplo, que era príncipe y no tuvo carencia alguna? Sólo puede comprender y redimir el dolor aquel que lo ha padecido en sí mismo.
    Y aquí estamos totalmente frente al misterio último de Dios y de la humanidad. No son palabras superficiales o facilonas. ¡El mal tiene poder real! ¡El mal mata! Pero ese mal, al ser padecido por Dios, es condenado por Él-Ella de manera absoluta.
    Así entiendo lo que decía un poeta catalán, Blai Bonet, con quien tuve algún intercambio epistolar como el que ahora tenemos tú y yo: al mal no hay que explicarlo nunca, no está ahí para eso; al mal hay que combatirlo ahí donde se encuentre.
    La Palabra de Dios sobre el mal que padecemos fue de completa solidaridad y de condena y de protesta.
    Cuando el hombre del hospital de Tepexpan sufría física y espiritualmente, Dios mismo sufría con él. No es cierto que permaneciera mudo: ya había dicho su palabra para todos los años del universo.
    Así cuando sentimos que Dios nos deja inermes y solos en nuestro sufrimiento, hay que voltear atrás para ver al Crucificado.
    Pero, por otro lado, afirmo también que Dios sigue hablando todavía hoy. Por eso san Ignacio de Loyola hablaba de discernir los espíritus. El mismo Jesús decía que había que leer los signos del Reino de la misma manera en que se leen los signos de la naturaleza: “ustedes miran el cielo y saben cuándo va a llover, o cuándo va a hacer buen tiempo -reprochó a sus adversarios-; pero son incapaces de ver cuando el Reino de Dios está presente”.
    ¡El Reino de Dios está entre nosotros y Dios sigue hablando en nuestros días! Sólo hay que saber escucharlo.
    Dios habla, por ejemplo, en esas experiencias espirituales de las que hemos conversado largamente en nuestras primeras cartas. Habla cuando nos consuela, cuando nos da rabia, cuando nos sentimos fuertes y deseosos de servir a los demás. Habla cuando sabemos que algo no es correcto y cuando nos empuja a transformar aquello que está mal. Habla en nuestro corazón cuando nos hace sentir su ternura.
    Pero también habla a través de sus Profetas. No sólo antes de Jesucristo, sino también después, también hoy. Dios habló a través de Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel. Y siguió hablando por medio de Siddharta, de Gandhi, de Rumi, de Martin Luther King, de Bartolomé de las Casas, de Juan XXIII, de Simone Weil, de Pedro Arrupe, de todos aquellos seres humanos que han tenido una palabra de compasión, de amor, de esperanza, de transformación, para este mundo tan necesitado de consuelo y de sentido.
    Lo mejor de la humanidad es también manifestación de Dios. Todos los místicos lo han sabido: lo bueno que han aportado al ser humano ha sido puesto ahí por el propio Dios.
    Pero hay algo más. ¿Recuerdas la historia de la burra de Balaam? Aparece en el libro de los Números, en el Antiguo Testamento. Ahí se cuenta que Balaam no quería desviar su camino aun cuando continuar adelante suponía un grave peligro para él. Y entonces su burra le habló en el nombre de Dios y lo reconvino. Balaam se asustó, como era natural, pero finalmente entendió la voluntad de Yavé. ¡Dios habla también a través de los burros! Todo está, como te he insistido, en saber escucharlo.
    Así pues, Dios sigue hablando: en la gente sencilla que busca un mejor porvenir, en las multitudes que exigen sus derechos, en los obreros que demandan respeto y dignidad, en los indios que son masacrados cuando están en oración, como en el caso de la masacre de Acteal, y también en la de Jenin. Hasta en su silencio está también la Cruz de Jesús: protesta de Dios, interpelación para el ser humano, vergüenza para la humanidad.
    Y si Dios habló por medio de una burra, ¿por qué no iba a hablar también a través de ti o de mí?
    Pero volvamos, Alo, a la historia con la que comencé esta carta. Es mi convicción, creo firmemente, que Dios estaba presente en el hombre aquel que estaba muriendo y que revivía su pasado. Dios estaba allí padeciendo, solidarizándose, moviendo el corazón a la ternura. La enfermedad, el sufrimiento, el dolor, son ocasión para encontrarse con el Dios Verdadero: nos prepara para el encuentro definitivo con Él-Ella y, además, en ellos, en la enfermedad y el sufrimiento, estamos irremediablemente en los brazos de Dios.
    Karl Rahner, uno de los principales teólogos católicos del siglo XX, decía que la virtud de la paciencia no es otra cosa que saberse abandonado en los brazos de Dios, sin poder hacer nada más que esperar, esperar esperanzadamente. Así lo creo, Alo. Así lo he experimentado. Pero ésa es otra historia, motivo de una carta que, en su momento, también recibirás.
    Me alegra, Alo, que hayas terminado finalmente con la universidad. Eres ahora de esa minoría privilegiada a la que mucho se le ha dado y que, por tanto, mucho tiene que entregar. Sé que ahora, en tu trabajo social, lo estás haciendo. Por eso me enorgullezco de ser tu amigo.
    Por lo pronto, recibe un abrazo.

  15. Francisco Xavier:
    Te reitero mi solidaridad ante esta situación.
    Que el Señor que experimentó al máximo la injusticia, te ayude a descubrir nuevos horizontes y campos de acción. Cuando te cierran una puerta, se abren muchas más.
    Un abrazo fraterno

  16. Yo creo que es bueno que lo haya despedido el rector saliente. Tambien creo que el nuevo rector (quien tambien, como usted, fue profesor mio en los cursos sabatinos) enmendara el error y le llamara a colaborar en la nueva etapa, sabiendo de su valia. Esperemos confiados en que los tiempos mejoraran. Feliz semana de retiro.

  17. Hola profe:
    Creo que todos los que lo conocemos y hemos escrito en este blog y lo seguimos, sabemos muy bien quien es usted. Por mi parte pienso que es un ser increíble que vive a Cristo en su corazón, y lo demuestra en sus actos. Para mí es excelente académico, claro que es idealista y eso me hace serlo a mí también. Yo también sueño con un mundo mejor, con una iglesia en la que mucho tiempo no creí y a la que ahora me adhiero voluntariamente por fe en Cristo y por vivir cerca de gente como usted que son verdadera huella de Dios en este mundo como dice Levinas. Mi tema de tesis como bien sabe, será sobre Levinas y ha sido inspirador su ejemplo y sus clases. Este desafortunado evento, quizá como dicen todos, sea para que otra gente en otros lados le conozca y viva la fe cristiana por su ejemplo fuera de dicha universidad, que para el crietrio del casi ex rector, que baste decir también lo conocí y también fui su alumno y nada que ver con usted, no le merecen.
    Le envio un saludo fraterno que Dios lo bendiga a donde quiera que vaya.

    Seguimos en contacto,

    Rafa
    doctorante en humanidades, Universidad anahuac.

  18. Estimado P. Francisco: Le dejo un cordial saludo y le agradezco sus líneas, tan llenas de sinceridad pero sobretodo de amor a esta Iglesia a la que pertenecemos. En mi breve paso por la UPM aprendí mucho de usted. Estoy seguro que Jesucristo le inspirará y ayudará a conocer, amar y cumplir su Voluntad en su propia vocación. No deje de hacerse presente con sus líneas, sus consejos, y sobre todo con sus bendiciones y testimonio. Dios es bueno, Dios es Amor. En Cristo, Héctor Mario.

  19. Hola Francisco,
    Apenas hoy me dí oportunidad de leer tu blog y me entero de lo sucedido, es una pena, en verdad lo siento mucho y corroboro tristemente que las injusticias se presenten en todos los sectores, paradójicamente, hasta en la “Iglesia”.
    Lo que te puedo decir es que es un gran ejemplo a seguir el ver a un ser humano firme en sus convicciones y en su amor a Dios y al prójimo a pesar de las adversidades.
    La luz siempre iluminará tu camino, de eso no hay duda.
    Un abrazo afectuoso.
    Viviana.

  20. Padre, es casi seguro que el sistema -no exactamente “universitario”- que empujo su despido, compendia un sinnúmero de situaciones que contrarían a la dignidad humana y cristiana (sabemos, como usted reconoce, de tantas. Si fuera usted el único…). Pero estamos “apuntados a la Vitalidad de Jesús” y no al sistema, ni a nadie más… Si Jesús viniese ya y encontrase a sus “seguidores”, a su novia y esposa la Iglesia, seguro preguntaría ¿de qué les han servido tantos siglos de doctorados en teología, liturgia, dogmas… de bibliotecas y publicaciones interminables, a quienes “estudian y administran su Mensaje”, si no han entendido lo más simple y hondo, que el más sencillo campesino del mundo sin más advierte, si no hemos sabido enamorar como Iglesia al mundo entero de su Propuesta de Misericordia y Amor? Cara a Dios, cada quien daremos cuenta de la responsabilidad que cada uno(a) nos toca. Amén.

    Luz Elena

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