Sobre la prudencia en la Iglesia

33. Sobre la prudencia en la Iglesia

Acaban de terminar los juegos olímpicos y México ha ganado medalla de oro en futbol. Un poco de alegría nacional en medio de tantas decepciones. Los juegos olímpicos son una metáfora de la vida, siempre se puede llegar muy lejos cuando ha habido esfuerzo y perseverancia en nuestras tareas. Lo importante es no desanimarnos y dar nuestro último esfuerzo en todo aquello que hagamos. Por mi parte, como lo comentaba en mi mensaje anterior, dentro de poco dejaré la universidad en la que trabajé y viví por seis años. Pareciera ser que Dios me fue preparando las condiciones para este cambio inesperado.

Primero me quedé sin trabajo pastoral los sábados y los domingos, llegó un vicario a la parroquia que yo asistía y ya no fue necesario que yo siguiera colaborando. Últimamente traté de arreglar mi cuarto/oficina de la mejor manera posible, como si yo fuera a quedarme toda la vida en el mismo lugar: puse plantitas lindas, colgué pinturas de Chagall y coloqué mi colección de búhos en mis libreros. Y ya que estaba por meter un closet –que había mandado a hacer con las medidas de mi cuarto– se me anuncia que debo dejar la universidad. Digo esto con humor pero también con seriedad. No debo aferrarme a nada. Al final de la vida todo se queda. Se quedarán mis títulos universitarios, diplomas, libros…; dejaré mis tenis de corredor, dejaré a mis amigos, a las personas que amo y finalmente dejaré el cuerpo que he ocupado durante años. ¡Finalmente todo es vanidad! como dice el libro de Qohelet.

En esta última semana que varias personas se han ido enterando de mi “despido” de la universidad (por mi Blog, Facebook, personalmente, o por otros medios), he recibido una gran cantidad de muestras de apoyo, GRACIAS. Desde personas de mantenimiento, secretarias, académicos, amigos, alumnos, simpatizantes, personas que me conocen bien o que me conocen poco, muchas gracias a todos. Gracias por hacerme sentir que después de la tormenta se espera la calma, que la oscuridad del sepulcro no tiene la última palabra.

Por encima de la prudencia está la fidelidad al Evangelio.

Algunos amigos cercanos me han dicho que me ha faltado prudencia. Y tal vez tengan razón. La prudencia es algo que no se me da mucho. Yo me pregunto ¿Y Jesús que tan prudente fue en su tiempo? Creo que Él estaba peor que yo. Frases como: “el celo de tu casa me devora”, “he traído división a este mundo”, “Hipócritas, sepulcros blanqueados…”, etc., dan muestra de que no fue un hombre muy prudente que digamos. De hecho vivió muy poco a causa de eso. Pudo vivir más tiempo si hubiera sido más prudente. El filósofo francés René Descartes, que vivió en tiempos de la inquisición, decía que él avanzaba “enmascarado”. Es decir que trataba de ser prudente y de no mostrarse en totalidad para no ser condenado y para que sus escritos pudieran pasar. Uno de ellos mi texto preferido “Las meditaciones metafísicas”. Yo estoy lejos de ser un gran pensador critico, cómo han surgido algunos en la Iglesia: que primero son condenados y después se les rehabilita. Tengo que pensar en eso de la prudencia. Sin embargo por encima de la prudencia está la fidelidad al Evangelio. Estoy en semana de retiro, gracias por sus oraciones.

San Juan de los Lagos, Jalisco, 13 de Agosto 2012

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6 thoughts on “Sobre la prudencia en la Iglesia

  1. I T A C A

    “Cuando emprendas el viaje de regreso a Itaca,
    ruega que el viaje sea largo,
    lleno de aventuras, lleno de enseñanzas.
    No temas a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
    ni al irritado Poseidón.
    Jamás te los encontraras en tu camino,
    si tus pensamientos se mantienen nobles
    y el ideal anima a tu cuerpo y a tu espíritu.
    Jamás te encontraras a los Lestrigones,
    a los Cíclopes, o al fiero Poseidón,
    si tú no los llevas dentro de tu alma,
    si tu propia alma no los conjura frente a ti.
    Ruega que el camino sea largo.
    Que sean muchas las mañanas soleadas
    cuando entres en puertos nuevos,
    con el alma vibrante de alegría.
    Visita los mercados fenicios,
    y compra delicados productos,
    madre de perlas y corales, ámbar y ébano,
    y perfumes voluptuosos de todas clases,
    todos los perfumes voluptuosos que puedas comprar.
    Visita las ciudades egipcias,
    y aprende de las piedras y de los que son sabios.
    Ten siempre presente a Itaca en tu mente.
    Llegar a ella es tu meta final.
    Pero no apresures el viaje.
    Es mejor prolongarlo por años,
    para que cuando ancles tu nave en la isla
    ya seas viejo y estés rico
    con lo que has ganado en el viaje,
    y sepas que Itaca no puede ofrecerte riquezas.
    Itaca te ha regalado el magnífico viaje.
    Sin ella no hubieras emprendido la jornada.
    Pero ella no tiene más nada que ofrecerte.
    Y si la encuentras pobre,
    Itaca no te habrá defraudado.
    Seguramente que para entonces,
    la sabiduría y la experiencia que has acumulado,
    te habrán permitido comprender
    lo que Itaca realmente significa.

    C.P. Cavafy

    1. Gracias por esta hermosa reflexión sobre el aprendizaje antes de entrar a la tierra prometida (Itaca en este caso). Es verdad que si uno no les da poder a los enemigos que nos puedan asechar, ellos no nos harán daño.

  2. Creo que la falta de prudencia es la raíz de muchos malentendidos entre los hombres, nunca terminamos de pulirla pues surgen nuevos casos que demandan un nuevo ejercicio para aplicarla. Dios lleve a buen término su camino, porque seguramente de los males Él ya tiene bienes previstos. Hace tiempo hice una observación a mi diócesis y fue tomada a mal; pero si como Iglesia nos atrevemos a señalar al mundo en sus defectos, también debemos ser humildes y aceptar que no estamos exentos de errores aunque presumamos de ser pueblo de Dios porque “dónde hay humanos, hay limitaciones”. Ojalá como Iglesia podamos practicar la autocrítica y reformar muchas cosas que hoy nos ponen como escándalo para el mundo pero no como ejemplo. Mis oraciones por usted.

  3. Profe…muchas veces se confunde la prudencia con dejarse humillar…

    Estoy de acuerdo con usted, ¿qué hubiera sido de nosotros si Jesús sólo se hubiera quedado callado cuando lo cachetearon?…

    Ánimo, estamos con usted 🙂

  4. La prudencia es una forma cauta, inteligente y adecuada donde uno expresa su sentir respetando los sentimientos la vida y la libertad, cuantas personas hablan de prudencia y cuando se trata del otro no reparan en malos comentarios, tiene razón en Jesús pero la gente que hablo mal de el lo hizo a sus espalda no frente a el

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