Paris ciudad de la luz

49. Paris la ciudad luz

Voy regresando de Paris, en donde pasé cuatro días, después del congreso de estudios sobre la religión que tuvimos en Roma los delegados de varios países. Francia es un país al que siempre regreso cada vez que tengo posibilidad. Un vínculo muy fuerte me une con su gente, con su cultura, con su lengua, con su sensibilidad. Después de todo haber vivido en Paris durante once años y medio es algo que ha marcado profundamente mi formación.

La primera vez que llegué a Paris fue para quedarme 4 años (de 1985 a 1989), como seminarista misionero comboniano, estudiando teología en el Instituto Católico de Paris (ICP). Mi segunda estancia fue más larga, 7 años y medio (1996-2003), para estudiar filosofía nuevamente en el ICP y también en la Sorbona. Paris es una ciudad hermosa pero difícil para vivir. Una cosa es estar como turista durante unos días y otra tener que convivir con su gente por un periodo prolongado.

Para hacer amistad con los franceses, en particular los parisinos, se necesita tiempo, paciencia y humildad. Antoine de Saint Exupery, en su excelente libro El principito, describe muy bien el proceso que se requiere para construir una relación durable. La amistad es algo que hay que ir trabajando día a día para ir perdiendo el “miedo” al otro. “Recuerda que sólo con el corazón se puede ver bien –le dice el zorro al principito– lo esencial es invisible para los ojos.” Se necesita tiempo para no juzgar al otro a partir del exterior (¿qué me puede aportar un mexicano –o en mi caso un francés–? ¿sentirán ellos lo mismo que yo?). Al final las lagrimas, risas, suspiros, en fin, lo más profundo de nosotros mismos es igual en cualquier hombre/mujer, porque los sentimientos no conocen de lenguas ni colores.

Creo que algo que me ha aportado mucho la mentalidad francesa es su espíritu crítico y su búsqueda de justicia y de fraternidad universal. Claro está que no en todos los franceses se encuentran esos valores, pero en general los grandes ideales de la Revolución francesa (liberté, egalité, fraternité) hacen parte de las raíces mismas de ese país. No quiero con esto idealizar al espíritu francés. Hay gente grosera, soberbia y estúpida allá como también la hay en mi propio país. Pero considero que siempre hay que quedarse con lo mejor y no hacer caso de los seres humanos que denigran a la humanidad, en el país en que ellos se encuentren. Para encontrar gente imbécil no hubiera sido necesario salir de México y ni siquiera de mi colonia o de mi calle.

Agradezco a Dios haber podido vivir durante varios años en el extranjero. La mayor parte en Francia y cortas estancias en otros países (prácticamente en los 5 continentes). Todo esto ha hecho de mí un hombre universal. Aquel que desprecia a los demás por el color de su piel, cultura, lengua o religión, es tal vez porque considera que el mundo se reduce al patio de su propia casa. La palabra católico significa universal. “Vayan por todo el mundo” dice el Señor. Y el primer signo de universalidad consiste en reconocer en todo hombre a un hermano, tanto en el que está lejos como en el que está cerca.

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México, a 2 de Diciembre de 2012

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One thought on “Paris ciudad de la luz

  1. Hola Francisco.
    Nos da gusto saber que ya estas de regreso con bien y como siempre leer tus comentarios tan atinados como siempre.

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