La novia que nunca tuve (Una reflexión en el día del amor y la amistad)

6. La novia que nunca tuve

(Una reflexión en el día del amor y la amistad)

Acabo de escuchar la canción de Pablo Milanés: “La novia que nunca tuve”. El tema me ha inspirado para escribir una modesta reflexión en estos días dedicados –por nuestra sociedad de consumo– a celebrar el día del amor y la amistad.

Entré al seminario a los 18 años, tan sólo unas semanas después de haber terminado la preparatoria. Ingresé al seminario sin haber tenido novia. ¿Por qué? Tal vez por timidez; alta concepción que tenía yo del noviazgo; dudas y después certeza de que entraría yo al seminario; tal vez todo eso a la vez. Quiero recordar tres experiencias que, sin haber sido noviazgos, marcaron mi vida afectiva antes de ser sacerdote. Llamaré a las protagonistas de esta historia: Zutanita, Menganita y Perenganita.

Zutanita. Es la niña más bonita que haya yo visto en mi vida. Crecimos juntos ya que éramos vecinos. Ella vivía exactamente frente a mi casa. En el jardín de niños no sentía yo aún nada por ella en particular, pero en la Primaria, tal vez desde 2º o 3º, comencé a remarcar lo hermosa que era esa niña. A partir de 5º y posteriormente en la Secundaria, otros niños la remarcaron también, y esa fue mi desgracia. ¿Cómo decirles a los otros que yo la había visto primero? Si tan sólo con el ver se pudiera trasmitir el amor… Gracias Zutanita por haber inspirado los primeros años de mi vida, por haberme hecho temblar y vibrar ante ti, que Dios te bendiga ahora en el matrimonio tan hermoso que tienes.

Menganita. A ella la “descubrí” en la secundaria. Tal vez el hecho de que Zutanita tuviera tantos pretendientes me hizo entender que también habían otras niñas bonitas, como era el caso de Menganita. Ella es lo que se conoce como une niña precoz: coqueta, abierta, extrovertida… Un timorato como yo no tenía muchas esperanzas con alguien que estaba acostumbrada a recibir a menudo propuestas de amor. Si tan sólo con el ver se pudiera transmitir el amor… sin embargo también hay que hablar y otros lo hacían mejor que yo. Cuando aprendí algunos versos hermosos de Neruda otros la habían conquistado con frases cursis. Desde entonces entendí que la belleza no siempre va unido al intelecto.

Perenganita. Con ella viví lo más cercano a un noviazgo, sin haberlo sido realmente. La conocí durante mi último año en la preparatoria (Vocacional 2 del IPN). Yo era secretario de la “Legión de María” en la Iglesia de San Bartolo, en Naucalpan, en donde ella también participaba. Una chica muy guapa y atractiva, que claro está tenía novio. Un día la encontré llorando en la Iglesia y le pregunté qué le pasaba. Acababa de terminar con su novio. Ya para entonces estaba yo en dialogo con los Misioneros Combonianos para entrar al seminario. Fue a la primera –y única– chica que invité antes de entrar al seminario a tomar un café para platicar y para que se distrajera, tratando de ser chistoso con ella. Creo con sinceridad que no buscaba yo conquistarla, ya que estaba seguro de que en unos meses más entraría yo al seminario. Sin embargo terminamos conquistándonos los dos. Y si antes de que sucediera esto ella me felicitaba por querer entrar al seminario, algunos meses después –cuando empezamos a salir juntos como amigos– ella me decía que tal vez mi vocación no era mía sino de mi madre (que siempre había querido tener un hijo sacerdote). Lo que ella me dijo sobre mi estrecha relación con mi mamá (y sin que ella hubiera leído a Freud o visto películas de Woody Allen), durante mucho tiempo resonó en mis oídos. Con ella no hubo besos, caricias, o algo más que se pudiera uno imaginar. ¿Por qué? Ya no era cuestión de timidez. Era la idea de que pronto entraría yo al seminario y era necesario ser coherente conmigo mismo.

Entré al seminario y unos años después fui ordenado sacerdote. Creo que es necesario decir, con toda sinceridad, que después “sucedió algo con alguien” cuando ya no tendría que haber sucedido nada. Breve relación en la clandestinidad entremezclada con la alegría y el temor; el amor y el pecado.

A inicios del cristianismo los sacerdotes y obispos eran casados. Jesucristo eligió a un hombre casado, Pedro, para que fuera el cimiento de su Iglesia (Mc 1,29-31). Por su parte el apóstol Pablo recomienda que los obispos sean casados con una sola mujer para que den buen ejemplo a la comunidad cristiana (1 Tim 3,2). ¿Entonces por qué se “impuso” el celibato obligatorio a los sacerdotes? Fue a partir del siglo IV cuando se fue imponiendo la idea de que el sacerdocio y el matrimonio eran incompatibles. ¿Por qué? Me parece que en el fondo la Iglesia se fue jerarquizando y comenzó a buscar más privilegios materiales que fidelidad al evangelio. Era importante que los bienes del sacerdote, en caso de su muerte, no pasaran a manos de la viuda o de sus descendientes sino que quedaran en manos de la Iglesia jerárquica.

Es importante que como sacerdotes seamos humildes a la hora de dirigirnos a los casados, ya que en muchas ocasiones podemos imponerles cargas muy duras a ellos que ni nosotros mismos sabemos cargar.

Considero que es importante que en la Iglesia católica el celibato vuelva a ser nuevamente “opcional”. Es decir que la persona pueda elegir si desea ser sacerdote célibe o casado, como sucede con otras denominaciones religiosas, por ejemplo con los católicos de rito maronita. Me parece que con esto no sólo se trataría de atraer vocaciones sacerdotales a la Iglesia (que pasa por una gran crisis de vocaciones a nivel mundial); sino que permitiría un trato distinto con la comunidad. En este último aspecto me parece que hay tres elementos que nos distancian de la gente y que como sacerdotes debemos de tomar en cuenta a la hora de predicar: 1). No tenemos esposa; 2) No tenemos hijos; y 3) No tenemos preocupaciones económicas, el gasto de una familia. Es importante por lo tanto que como sacerdotes seamos humildes a la hora de dirigirnos a los casados, ya que en muchas ocasiones podemos imponerles cargas muy duras a ellos que ni nosotros mismos sabemos cargar.

Espero que no tarde el día en que nuevamente regrese a la Iglesia el celibato opcional y no obligatorio. Y no lo digo por mi sino por los que vienen detrás de mí. Yo ya he tomado una opción en la que no se me preguntó mi opinión, era “o lo tomas o lo dejas”. Tal vez hubiera sido un buen sacerdote casado (con Zutanita, Menganita, Perenganita, o con alguna otra que hubiera sido), por ahora sólo me queda ser un buen sacerdote célibe y feliz (que es lo más importante), y eso es lo que le pido al Señor. ¡Feliz día del amor y la amistad!

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México a 10 de Febrero de 2013

Nota: Acabo de enterarme de que el Papa Benedicto XVI ha aceptado renunciar a su cargo como Papa por motivos de salud. Dejará su puesto el 28 de Febrero y se llevará a cabo en Roma la elección del futuro pontífice. Me parece que ha sido una buena decisión. Rezo por él y por el futuro de la Iglesia.

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4 thoughts on “La novia que nunca tuve (Una reflexión en el día del amor y la amistad)

  1. Padre, una vez más, ¡qué bonita y justa reflexión!, yo también considero que hay conceptos e ideas que deben actualizarse, es necesario tratar de comprender mejor los tiempos que estamos viviendo, y tomar en cuenta que ante todo somos seres humanos que sentimos y pensamos. La flexibilidad en las ideas nos permite tener apertura y opciones en la vida, lo importante es no perder de vista los valores y el respeto por uno mismo y por los demás. Hombres y mujeres somos complemento y juntos enriquecemos la vida, hacemos la vida.
    Respeto la estructura y las reglas de la iglesia, pero también creo algunos cambios no vendrían mal.
    Un abrazo! y ¡Feliz 14 de febrero!

    Adriana Oropeza

  2. De hecho, se puede ser célibe siendo casado aunque se utiliza como sinónimo de soltería. Desde los griegos antiguos, hasta artistas, filósofos ascetas, hindúes y budistas lo han sido a través del tiempo; mas que por medida económica -como en su principio la Iglesia Católica- como un ícono de un significante mayor.

    Mientras el celibato, queda, creo yo, en el mundo de lo tradicional en la institución clerical incrustado en su devenir histórico, pero que debería renovarse el sentido en el campo simbólico.

    Ambas opciones de vida (célibe o en matrimonio) deberían ser basadas en la intencionalidad a la trascendencia, con un sentido mas allá del mero materialismo con el que son concebidas. No veo que sea mutuamente exclusivo el matrimonio con el sacerdocio. Como ya lo han demostrado los hermanos Maronitas.

    Un abrazo Padre. Un gusto leer, como siempre, una reflexión tan elocuente, honesta, humana y bien intencionada por parte de un hombre intelectual y de Fe.

  3. No por no haber tenido una experiencia de noviazgo (y esto incluye amores no correspondidos) significa eso que tenga que irse de buenas a primeras al seminario. Para esto hay que tener vocación. Igual aplica con las mujeres, mas para ellas lo que aplica en lugar del seminario es el convento.

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