Bendita tú eres entre todas las mujeres

15. Bendita eres entre  las mujeres

 (Reflexión en el año de la fe)

Una vez que María ha aceptado ser la madre del Señor y que al mismo tiempo ha aprendido que su pariente Isabel –ya anciana– está en su sexto mes de embarazo, corre a la montaña de Judá para ponerse a su servicio. El evangelista Lucas, 1, 39-56, nos narra el encuentro ético-espiritual entre esas dos mujeres judías: “Entró María en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Este pasaje nos permite reflexionar sobre la dignidad de la mujer desde dos puntos de vista: desde la perspectiva misma de la mujer y de la del hombre.

 

La mujer vista por ella misma. En 1949 la filósofa existencialista Simone de Beauvoir, en su libro El segundo sexo, decía la famosa frase: No se nace mujer, se llega a serlo.” Para indicar que la femineidad no es solamente una cuestión biológica y sexual sino ante todo una actitud, un comportamiento específico, ante la vida. Me parece que “ser (una gran) mujer” dista mucho de los paradigmas estéticos y comerciales que la sociedad contemporánea promueve. Ser mujer es no prestarse para ser títere, sirvienta, o muñequita de los demás, sino poseedora de una gran riqueza interior (llamémosle ontológica)  que tiene que ser reconocida por ella misma antes que por los demás. María es la mujer por excelencia. En el contexto machista que ella vivió, María tomó decisiones importantes que dieron prueba de su libertad y riqueza interior. Alguien más adelante le dirá al Hijo que ella educó y formó: “Benditos los senos que te amamantaron” (Lc 11, 27); en el sentido de que no sólo te transmitieron leche, sino sobre todo bondad, rebeldía, amor por los demás y pasión por la justicia.

La mujer vista por el hombre. Vivimos en una sociedad machista no sólo en México sino a nivel mundial. El mundo ha sido creado por los hombres y para los hombres, y me parece que esto tiene que cambiar, comenzando por la Iglesia. Sor Juana Inés de la Cruz, en la segunda mitad del siglo XVII, ya nos  criticaba a los hombres por hacer de las mujeres títeres de nuestros caprichos: “Hombres necios que acusáis a la mujer, sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis.” Mientras los hombres sigamos considerando a la mujer como inferior al macho, el mundo no cambiará. En la Iglesia católica me parece que todavía tenemos mucho camino por hacer para reconocer y valorar a la mujer como hermana de igual dignidad. En este aspecto considero que la Teología feminista tiene aún mucha riqueza que aportarnos.

Oración: “Gracias Señor por habernos dejado a María como madre. Te pido Señor por la mujer. Por todas, pero en particular por aquellas que son tratadas injustamente por: ser mujeres, ser pobres y ser indígenas. Ayúdame Señor a defender la dignidad de la mujer y a reconocer en aquella, que yo encuentre en mi camino, tu presencia discreta que me invita a servirte.” Amen.

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México, 14 de Abril de 2013.

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