22. Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén (Reflexión en el año de la Fe).

22. Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

Con esta frase se concluye el Ave María. Una petición en la cual le rogamos a la Virgen que pida a Dios por nosotros ahora, es decir en el momento presente; y también en la hora de nuestra muerte, que no sabemos en qué momento del futuro podrá suceder.

 

Ahora. Parte importante de la predicación de Jesús tuvo como finalidad enseñarnos a vivir con intensidad el momento presente, que es el tiempo que nos pertenece. “¿Creen ustedes que por preocuparse vivirán un día más? (…) No se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará de sí mismo. Basta con las penas del día.” (Mt. 6,27.34) Por eso al igual que en la oración del Padre nuestro, también en el Ave María pedimos –en esta ocasión a la Virgen– para que sepamos vivir el ahora en nuestra vida.

Ruega Señora por mí ahora, en este día, en este instante, que tengo vida y que tengo tal preocupación, tal pena, tal alegría, etc. Y que necesito de tu ayuda para vivir en plenitud el momento presente. Hablar con la persona que está en estos momentos frente a mí; perdonar si hay que hacerlo hoy y no mañana; amar y expresar mis sentimientos, y no reprimirlos o guardarlos para un después que tal vez nunca llegue, etc. Lo que hice ya pasó, bueno o malo ha quedado en el pasado de mi historia; lo que haré es posibilidad, no existe aún; lo que estoy haciendo ahora, en el momento presente (escribir esta reflexión, por ejemplo), es lo que soy. Vivir con plenitud el ahora mismo es simplemente existir.

Y en la hora de nuestra muerte. Es bueno pensar en nuestra propia muerte de vez en cuando, no para que nos de miedo, sino para que nos preparemos a ella de la mejor manera. Martín Heidegger le daba gran importancia al momento de nuestra muerte, y hablaba del hombre (Dasein) como de un ser para la muerte, ya que para él la muerte nos recuerda nuestra finitud, es decir el fin de todas nuestras posibilidades, y por lo tanto el deseo en el hombre auténtico de vivir de manera comprometida la búsqueda del Ser. No creo que hayamos venido a buscar el sentido del ser, ni tampoco el dinero, la fama, el poder o el éxito. Hemos nacido para el amor y la responsabilidad. Para eso nos levantamos cada mañana, para ir “muriendo” en el amor.

¿Qué pasará a la hora de mi muerte? ¿Cómo me comportaré ante ella? ¿La afrontaré con miedo o la esperaré con serenidad como lo propone Amado Nervo en su poema: “En paz”? Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino; (…) Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”

Oración: “Señora mía te pido que ruegues por mí ante Dios ahora mismo, en este momento del día que estoy viviendo para que lo viva con plenitud. Y también para que ruegues por mí a la hora de mi muerte. Para que la viva con serenidad y confianza, sabiendo que al final la muerte no es sino transito para vivir de otra manera: vivir en el Amor.” Amén.

Loma Bonita, Nezahualcóyotl, Estado de México, 3 de Junio de 2013

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2 thoughts on “22. Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén (Reflexión en el año de la Fe).

  1. Creo que en el fondo, todos le tememos a la muerte, una cosa es aceptar que la muerte es un proceso natural, y otra decir, no le tengo miedo. Puede ser temor a lo desconocido, es simplemente que no queremos dejar de vivir. Que a todos nos llega la hora, cierto, pero ni al mas bueno ni al mas malo les deja de importar, a la hora de la hora unos estarán mas tranquilos que otros, unos querrán descansar, otros no se darán cuenta, pero el que tiene tiempo de pensarlo…teme. Teme dejar de existir.

  2. Trabajar este tema requiere un aprendizaje. Aprendizaje que se debe producir a lo largo de toda la vida. Por ello debemos más incidir en la idea de la muerte propia como ese hecho universal y necesario que va a ocurrir inevitablemente, (estemos preparados o no), y que repercutirá en cada persona de forma singular, y única. No hay dos muertes iguales, al igual que no existen dos vidas idénticas. Estamos convencidos de que prepararnos para morir, llena de paz nuestra vida, hace que relativizemos las pérdidas y los fracasos y disfrutemos más el momento presente (carpe diem).

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