29). Identidad y diferencia. Dos modelos de evangelización en el México del siglo XVI

29). Identidad y diferencia.

Dos modelos de evangelización en el México del siglo XVI

 

En el pasado Congreso de la Asociación Internacional de Estudios Médicos y Psicológicos de la Religión (www.aiempr.org), que acaba de concluir sobre el tema: “Identidad y diferencia”, he participado con una conferencia. Al principio (hace un año) había yo pensado hablar sobre la búsqueda de la identidad y la diferencia a partir de Parménides, Heidegger, Levinas y Hans Küng. Pero después pensándolo bien, y ya siendo profesor de estudios latinoamericanos en la UNAM, me dije que era mejor explotar mis propias raíces y participar en Italia con una conferencia más latinoamericana. Fue así que elegí el titulo: De la permanencia en la identidad a la aceptación de la diferencia. Dos modelos de evangelización en el México del siglo XVI”. Presento un muy breve resumen, más adelante subiré el texto completo.

1. “El dialogo de los doce” y el triunfo de la identidad sobre la diferencia

En 1524, tres años después de la caída de Tenochtitlán, se llevó a cabo en México el primer encuentro teológico entre 12 frailes franciscanos y algunos sacerdotes y tlamatinimes (sabios) mexicanos, en torno a la supremacía de una religión sobre la otra. Y si el grupo de mexicanos intentó dialogar, y tal vez integrar algunos elementos de la nueva religión en su sistema religioso; el grupo católico no buscó el dialogo sino la imposición de su religión sobre la población recién conquistada. El problema fue que si dentro del recinto –donde se dialogaba– los españoles hablaban de un Dios de amor, afuera las cosas eran distintas. Eran católicos los que mataban, violaban a las mujeres y se mostraban sedientos de oro. La cruz y la espada acompañaron la conquista política y espiritual de las naciones recién descubiertas. A tal punto que católico y mentiroso se convirtieron prácticamente en sinónimos. Todorov, citando un pasaje de Bartolomé de las Casas, escribe: “Preguntando españoles a indios (y no una vez acaeció, sino más), si eran cristianos, respondió el indio: “Sí señor, yo ya soy un poquito cristiano, dijo él, porque ya saber un poquito mentir; otro día saber yo mucho mentir y seré yo mucho cristiano.” El “dialogo” prácticamente no se dio porque los españoles no iban a dialogar, sino a imponer. Por su parte para los sacerdotes mexicanos ya era mucho con haber perdido la guerra para perder ahora sus creencias, que eran aún más importantes porque les indicaban el sentido de la vida. Así les responden: “No podemos estar tranquilos, y ciertamente no lo seguimos, eso no lo tenemos por verdad, aun cuando os ofendamos. (…). Es ya bastante que hayamos dejado, que hayamos perdido, que se nos haya quitado, que se nos haya impedido, la estera, el sitial [el mando]. Haced con nosotros lo que queráis. Esto es todo lo que respondemos, lo que contestamos.” Fue el triunfo de la identidad (la española) sobre la diferencia (la india)

 

2. “La controversia de Valladolid” y el reconocimiento de la diferencia

Por otra parte y por aquellos mismos años, otro grupo de sacerdotes –en esta ocasión dominicos– realizaron un verdadero dialogo al dejarse interpelar y cuestionar por los habitantes de las tierras recién conquistadas. De tal manera que el cuarto domingo de adviento de 1511, el P. Antonio de Montesinos pronunció un sermón que está considerado por muchos como el primer gran discurso en defensa de los indios del nuevo continente. Cito solamente algunas de sus palabras, dirigiéndose en la misa a los españoles: “Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas?”. Este sermón, entre otros elementos, contribuirán para la conversión de Bartolomé de las Casas, pionero de los Derechos humanos en América Latina. Para las Casas más valía un indio pagano pero vivo, que hacerlo cristiano para matarlo. Y sabiendo que en España se encontraba el teólogo oficial de la corona, Juan Ginés de Sepúlveda, viajó a Valladolid para realizar un histórico debate en torno a la evangelización en el nuevo continente (encuentro realizado entre 1550 y 1551). Texto que debería –a mi parecer– ser estudiado con mucho cuidado en la formación sacerdotal, ya que constituye una joya de lo que significa poner el evangelio al servicio de nuestros hermanos. En aquella ocasión la corona española y Roma concedieron la razón a Las Casas, sin embargo en la práctica siguió triunfando la violencia y el sometimiento del otro, el indio, en beneficio del europeo.

 

A manera de conclusión

La afirmación de la identidad comporta el reconocimiento del otro. Para poder decir “yo soy” primero debo ser capaz de decir “tú eres”. Acto de humildad por medio del cual para poder afirmar mi existencia y mi razón de estar en el mundo, primero debo preocuparme por la existencia y por el bienestar del otro en el mundo. Bartolomé de las Casas tiene gran vigencia en nuestros días ya que su vida y obra proponen una alternativa a tres grandes corrientes contemporáneas que deshumanizan al hombre: la posmodernidad, el neoliberalismo y la globalización.

La posmodernidad. Las Casas es uno de los principales críticos de lo que se conocería algunos años más tarde como “modernidad”. Una modernidad que toma como punto de partida la racionalidad y el individualismo, en detrimento de la relación con el otro, y que nos ha conducido al vacío de lo que hoy se conoce como posmodernidad.

El neoliberalismo. El poner al oro, los bienes materiales, por encima del hombre, fue denunciado en su tiempo por el pensador sevillano. La política y la economía se pervierten cuando ya no se busca la promoción del ser humano sino que se le trata como cosa, como instrumento, en beneficio de los más privilegiados.

La globalización. A la hegemonía de una cultura, religión, política, o economía, particular, Las Casas propone la riqueza del dialogo intercultural e interreligioso.

 

En una sociedad en que la afirmación de la propia identidad tiende a imponerse sobre la aceptación de la diferencia del otro, su alteridad, el pensamiento de Bartolomé de las Casas tiene aún mucho que aportarnos.

 

Pesaro, Italia, 28 de Julio de 2013

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