38). Nació de Santa María Virgen (Reflexión en el año de la fe)

38). Nació de Santa María Virgen 

Creo en un Dios que “nace”, es decir que no está hecho sino que se va formando, que va evolucionando con el paso del tiempo. La gestación de Jesús en el seno de María y los nueve meses de crecimiento pasados en su vientre, nos deben invitar a pensar seriamente en el Dios “Humano, demasiado humano” como diría Nietzsche, en el que creemos; pero a la vez tan divino, que nos escapa.

La “idea” de Dios ha necesitado de cientos, e incluso de miles de años para irse formando en la conciencia de la humanidad; y también necesita de tiempo para ir madurando en cada conciencia individual. De religiones politeístas, presentes prácticamente en todas las culturas, se pasó, con el pueblo judío a partir de Abraham (aproximadamente a partir de siglo XIX a XVIII a. de C. en Ur de los Caldeos, actual Irak) a una creencia monoteísta. “Dios-es-Uno” es la certeza con la que inicia una nueva clase de hombres movidos por la fe de los patriarcas judíos (Abraham, Isaac y Jacob). Un Dios-Uno, pero hasta cierto punto lejano, inaccesible, impenetrable, inconmensurable (y todos los atributos de la así llamada Teología negativa). Tuvieron que pasar muchos siglos para que llegara otra novedad en nuestra manera de concebir a Dios, en la persona de Jesús de Nazaret.

A partir del nacimiento de Cristo se realiza un nuevo parte-aguas en la búsqueda de Dios por parte de los hombres. Ya no hay que buscarlo arriba porque se encuentra abajo, o afuera porque está adentro. Nos dice el Evangelio de San Juan en su hermoso y profundo Prologo: “Y el Verbo se hizo carne” (ó Logos sarx egéneto). “Verbo” en griego encierra una carga semántica muy fuerte, que se puede entender como: Palabra, racionalidad y divinidad fundamentalmente. Ahora bien es importante remarcar que el evangelista, buen conocedor del griego, para indicar que Dios elige hacerse humano no utiliza la palabra ántropos (hombre) sino sarx (carne). La palabra carne en griego denota una situación humana limitada, negativa y presa del pecado. Por eso algunos traductores en ocasiones han traducido “Y el Verbo se hizo hombre” en vez de “Y el Verbo se hizo carne”, que es la traducción correcta. Esto de la traducción es algo muy importante ya que decir que “Dios (el Verbo) se hizo carne” es indicar que quiso asumir nuestra realidad humana, nuestra flaqueza y fragilidad. ¡Es algo increíble! El Verbo se hizo pecado (carne) para enseñarnos que desde nuestra debilidad podemos alcanzar y encontrar a Dios. Ya San Pablo lo dice: “A quien no conoció pecado, Dios lo hizo pecado, para condenar el pecado en la carne” (Rom 8,3).

Jesús poco a poco va tomando carne de María y se va haciendo hombre. Dice un hermoso poema de Pedro Casaldáliga: “En el vientre de María Dios se hizo carne y  en el taller de José, Dios se hizo clase”. La encarnación de Jesús en la historia tiene connotaciones políticas, sociales y económicas precisas. Aunque parezca vergonzoso decirlo, sin embargo al igual que en las carnicerías hay “carne de primera” y carne de segunda, o hasta de tercera; también en los seres humanos no toda la carne (“corporeidad”) es la misma (aunque debería serlo). Jesús eligió hacerse carne humilde, sencilla, pobre, para enseñarnos que finalmente no hemos nacido para nosotros mismo sino para los demás. Creemos en un Dios que primero se hace carne para posteriormente dejarse comer por sus seguidores. Para alimentarnos de él. “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna” , dice el Señor (Jn 6, 53).

No hemos nacido para nosotros mismos (cuidar nuestra carne) sino para los demás (dejarnos comer por los demás). Extraño “canibalismo espiritual” (por utilizar un nombre) que nos permite llegar a Dios (ser santos) cuando nos preocupamos, e incluso nos gastamos (somos comidos), por los demás.

Oración: “Gracias amado Señor por haberte hecho carne en el seno de María y por venir a mí en la Eucaristía y en el hambre y sed de justicia, que es otra manera de comerte. Dame fortaleza y valor para no buscar perseverar en mí, sino para dejar ser comido por mis hermanos de camino.” Amén

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México, 29 de Septiembre de 2013

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