39). Padeció bajo el poder de Poncio Pilato (Reflexión en el Año de la Fe)

39). Padeció bajo el poder de Poncio Pilato

 La vida, pasión y muerte de Jesús, está situada en el tiempo y en la historia. Los evangelistas, en varios momentos de sus narraciones, citan nombres de algunos personajes históricos concretos como: sacerdotes (Anás y Caifás); reyes (Pilato y Herodes); y emperadores (Augusto), que tuvieron que ver con Jesús. Esto para indicarnos que la vida de Jesús tuvo implicaciones no sólo religiosas (modificación en la manera de entender la Ley judía), sino también sociales (las relaciones humanas), económicas (la actitud ante el dinero) y políticas (la actitud ante el poder).

Jesús muere como líder espiritual pero ante todo político. La frase clavada en la cruz: “Este es Jesús, el rey de los judíos”, escrita en tres idiomas (hebreo, latín y griego) señala bien la causa principal de su muerte: la inauguración de un nuevo “Reino”. Por lo tanto se desvirtúa la fuerza del evangelio cuando se hace una lectura puramente espiritualista de la vida de Cristo, como si Jesús no se hubiera comprometido social, económica y políticamente, con la sociedad de su tiempo. Jesús fue un hombre que vivió el tiempo histórico de su época pero desde una perspectiva distinta, novedosa, e incluso escandalosa para algunos. ¿Por qué? No hay que olvidar que la búsqueda de la justicia hace parte esencial del Antiguo Testamento. Basta con  leer la predicación de los profetas para recordar lo que Dios quiere: “Ya se te ha dicho, oh hombre, lo que es bueno y lo que el Señor te exige: Tan sólo que practiques la justicia, que quieras con ternura y te portes humildemente con tu Dios.” (Miqueas 6, 8). Ahora bien, con la predicación y vida misma de Cristo, esta búsqueda de Justicia se vuelve realidad con el anuncio del Reino: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura.” (Lc 6, 33).

¿En qué consiste el Reino de Dios? ¿Y lo podemos identificar con la Iglesia? El Reino de Dios constituyó el objetivo central en la vida y predicación de Cristo. Es la lucha por un orden social, económico, político y religioso más justo. Se trata de crear las condiciones para que el mundo sea más equilibrado y fraterno. Un lugar real –no se trata de una evasión u opio para el pueblo– en donde los pobres puedan comer tres veces al día, donde todos los niños puedan ir a la escuela y reciban atención medica, en donde sea el bienestar del otro y no la búsqueda del dinero la preocupación principal de nuestra existencia. ¿Será esto mucho pedir? Pareciera ser que sí, en aquel tiempo y en el nuestro también. Por eso mataron a Cristo, por “idealista” y por “revolucionario”. Ahora bien Cristo va aún más lejos que los profetas porque ellos no hicieron sino anunciar ese “sueño” de Dios en donde de las espadas se forjarían arados y de las lanzas podaderas. En la persona de Cristo ese proyecto utópico se concretiza cuando salimos de nuestro egoísmo: “El Reino de Dios está aquí y ahora en medio de ustedes”, decía Jesús.

Por eso cada vez que salimos del egoísmo de la posesión, al que nos conduce la sociedad consumista y neoliberal en la que vivimos, y tratamos al otro como hermano o hermana estamos construyendo el Reino de Dios aquí en la tierra. Tan fácil y tan difícil a la vez como decir: “Señor en qué puedo ayudarlo”. Realizando gestos revolucionarios y utópicos como el preocuparnos más por el hambre y por la desnudes del otro, que por mis propias necesidades.

Por último, es importante remarcar que la Iglesia y el Reino de Dios son realidades distintas (afortunadamente). La Iglesia debe estar al servicio del Reino, es tan sólo un medio, un instrumento, (al igual que otras confesiones religiosas y hombres ateos pero de buena voluntad) para la construcción del Reino de Dios inaugurado por Cristo.

Oración. “Señor ayúdame a comprometerme históricamente en el tiempo que me ha tocado vivir. Ayúdame a buscarte en mis hermanos que sufren a causa de los nuevos Pilatos de la humanidad. Dame un corazón generoso para saber morir a mi egoísmo para resucitar en ti.” Amén.

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México, 6 de Octubre de 2013

 

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