48. En la santa Iglesia católica (Reflexión en el Año de la Fe)

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48. En la santa Iglesia católica

Creo en la Iglesia católica que es santa pero también pecadora. Me parece que afirmar en el Credo que la Iglesia es solamente santa, olvidando añadir (por lo menos en la mente) que también es débil y pecadora, es una falta importante que nos puede llevar a una especie de arrogancia eclesial.

Estoy convencido de que la Iglesia católica es santa porque es un proyecto divino y es inspirada por Dios. Pero también es pecadora porque está formada por hombres y mujeres débiles, como yo que escribo estas líneas. No hay que olvidar que la Iglesia no son las construcciones de piedra (Iglesias, basílicas y catedrales), que hoy son y mañana ya no; sino que la Iglesia es el conjunto de creyentes (niños, jóvenes, adultos y ancianos) que por el bautismo compartimos la misma fe en Cristo.

Sé muy bien que la Iglesia católica no es el único camino –medio– para llegar a Dios, ya que hay varias formas de vivir la experiencia divina (para creyentes o no creyentes) que tienen como intención la búsqueda del Bien. Sin embargo la iglesia es como una barca en la que yo me encuentro y en la que el Señor me pide que llegue a Él. Una barca que busca a Dios en el oleaje del tiempo. En ocasiones navegando en aguas calmadas y tranquilas; otras en aguas agitadas y turbulentas, en medio de grandes tempestades y huracanes que han parecido derribarla; pero no se ha hundido porque el Señor está en ella. A veces parece que duerme, pero luego se despierta, increpa al viento y nos dice como a sus primeros apóstoles: “Hombres de poca fe” ¿Por qué tuvieron miedo si yo viajaba con ustedes? (Mt. 8, 23-27).

La Iglesia también es mi madre espiritual. Y es gracias a ella que yo soy lo que ahora soy: un cristiano que intenta seguir a Cristo. La Iglesia nos ha dado a grandes santos como Agustín, Francisco de Asís o Monseñor Romero; pero también nos ha dado a pecadores, que sin mencionar nombres, han denigrado la imagen de la Iglesia. Todo esto porque la Iglesia es una gran familia y en una familia hay de todo: buenos y malos, justos y pecadores. Sentimos orgullo por los santos que ha producido la iglesia, pero también vergüenza por los que la han manchado. Y si los primeros deben ser para nosotros modelos en la fe, por los segundos hay que rezar –porque también son nuestros hermanos– y evitar seguir sus pasos.

Amo a la Iglesia católica porque finalmente se parece mucho a mí, porque yo también soy un tabique en la construcción de la Iglesia; a veces con momentos de santidad (que pueden enorgullecer a mis cohermanos en la fe) y a veces con caídas (que ponen en mal la imagen de mi religión). La Iglesia católica es mi madre y no la quiero ni la puedo dejar. Ella me trajo a la vida por el bautismo, ella ha nutrido de ideales mi juventud y ella necesita de mí como yo necesito de ella.

Oración: “Señor aumenta mi amor por la Iglesia, porque es el medio, la barca, que tú me has dado para llegar a ti. Ayúdame a amarla cada día más, a limpiarla, purificarla, y hacer de ella la casa de oración, justicia y santidad, que tú esperas que ella sea.” Amén.

Loma Bonita, Nezahualcóyotl, Estado de México, 23 de Noviembre de 2013

 

 

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