51. Vencer al mal con el Bien (Reflexión sobre la extorsión y la impunidad en México)

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51. Vencer al mal con el Bien

(Reflexión sobre la extorsión y la impunidad en México)

En estos días de Diciembre de 2013, he vivido una experiencia dolorosa de extorsión y de impunidad al tratar de vender mi auto. Una experiencia para mí hasta ahora única, pero que se inscribe en una in-finidad (sin número) cotidiana de casos de atropello, de robo y de injusticia, que vivimos los habitantes de la República Mexicana.

 Un señor que me ha estado ayudando a vender mi auto me dijo que lo habían contactado de un Lote de autos (Av. Juárez # 51, Cd. López Mateos, Atizapán de Zaragoza, Estado de México), y que estaban interesados en comprar mi vehículo.

 Desde que llegamos a ese lugar me dio mala impresión. Sin embargo entré a la oficina para hablar con los encargados. Un señor de unos 30 años y tatuado (aunque eso para mí no era causa de no tenerle confianza). Él de inmediato me preguntó cuanto pedía yo por mi coche. Le dije que $95,000 y él de inmediato escribió la cantidad en un documento. Me dijo que cómo quería yo que me pagaran. Le dije que de preferencia de contado. Él me dijo que no había problema. Todo esto me sorprendió porque yo me esperaba que se me comenzara a “regatear” el precio del carro. Creo que debí salirme desde ese momento. Sin embargo el señor (amistad que me acompañaba) me insistió que nos quedáramos. Me dijo: –“Es una agencia establecida padre, y se lo van a pagar rápido”. En la oficina el comprador me dijo que le firmara yo un papel para autorizar que revisaran mi auto para comprobar que no fuera robado. Yo le dije que no era necesario firmar nada porque yo estaba allí y autorizaba que lo revisaran. Pero él insistió que era un tramite necesario. Yo no llevaba mis lentes y no podía leer bien las 15 clausulas del documento, que eran demasiado ambiguas e imprecisas. Había una que decía que yo debía pagar una comisión del 20%. Le dije que eso qué significaba, y el Señor me dijo que eso quería decir que si después de haber revisado ellos mi coche, yo no aceptaba vendérselos, yo tenía que pagarles el 20% de comisión. Les dije que eso no era necesario porque yo estaba allí precisamente para venderlo. Tenían una Virgen de Guadalupe en su oficina, el Señor me dijo que no me preocupara que todo estaba en orden, y la persona que me acompañaba (igual de inocentona que yo) me dijo que le parecía que todo estaba bien. Leí las clausulas en voz alta y el Señor de la oficina me las fue explicando “a su manera”. Después de haber firmado, y de haber puesto mi huella digital (porque me dijo que era necesario), salí a hablarle a un amigo y compadre abogado. Mi amigo Licenciado me dijo que estuvo mal en haberles firmado y que si yo podía mejor me fuera de allí con mi auto.

Como había llevado doble juego de llaves, a ellos les había dado unas para que lo revisaran y yo tenía las otras, pues entonces el señor que me acompañaba y yo nos subimos para darnos a la “fuga” de ese lugar. Sin embargo había mucho tráfico, no alcancé a ponerle el seguro a las puertas, y apenas estaba yo saliendo del Lote cuando llegaron corriendo 3 personas, abrieron el carro, me quitaron las llaves y me dijeron que fuera yo a hablar con su Jefe, porque estaba molesto. Yo no quise entrar a hablar con el Señor y le dije a mi acompañante que fuera a buscar a la policía.

 Llegaron 3 patrullas unos minutos después, y antes de que terminara yo de explicarles lo sucedido me dijeron: –“No sabe usted a dónde se vino a meter. Este lugar tiene ya muchas demandas de extorsión. Y nosotros no podemos hacer nada.” Les pregunté que entonces qué podría yo hacer, y ellos me dijeron que tratara de arreglarlo con los del Lote porque yo ya les había firmado un documento. En eso llegó mi amigo el Licenciado, le comenté lo sucedido y los dos entramos a hablar con el Mafioso (desde ahora lo llamaré así) que me había atendido.

 Mi amigo el Licenciado comenzó a hablar diciendo que era mi representante legal, y que me devolvieran mi auto porque ellos llevaban la de perder. Entonces comenzó a enumerarles una serie de elementos que los hacían estar en fraude. Tenía poco de haber comenzado a hablar cuando el “Mafioso” lo calló groseramente:  “–Cállate licenciadito… porque si no te corro. Ustedes no saben quién es el Jefe de este lugar”. Mi amigo quería seguir hablando para defenderme, pero el “Mafioso” se enojó e hizo señas de levantarse. Entonces yo le apreté la rodilla a mi amigo para que ya no siguiera hablando y empecé a hablar yo de la manera más respetuosa y prudente que pude (yo le hablaba de usted y él nos tuteaba). Le dije al “Mafioso” que yo quería recuperar mi auto, que cómo le podría yo hacer. Él sacó una calculadora y me dijo que si el precio del auto estaba en $95,000 yo tenía que darles en ese momento $19,000 para poder llevármelo.

 Además me dijo que según las clausulas del contrato (que él me volvió a leer pero ya dándoles otro sentido totalmente contrario a lo que me había dicho al principio), mi auto ellos lo podían vender en lo que ellos quisieran para bien de su empresa. Que ellos lo podían dar a crédito o llevárselo a vender a otro lugar. Yo les dije que no tenía dinero y que les podía dar $2,000 para que me lo dieran. Él se rió y me dijo que no era posible pero que iba a hablar con su Jefe para ver si me hacían algún descuento. En cuanto salió mi amigo el licenciado me dijo que lo mejor era negociar con ellos y llevarme ese mismo día mi auto porque si no ya no lo volvería yo a ver.

 Para no hacer esta historia larga, fui subiendo la cantidad que yo les ofrecía por llevarme mi propia coche hasta que llegué a $10,000 que ellos aceptaron como muestra de su “buena voluntad”. En todo esto (que duró como 3 horas) llegó mi cuñado que también entró a la oficina. En cierto momento mi cuñado dijo: –“no se si sepan con quién están hablando. El Señor es sacerdote y nos dice que al principio le leyeron las clausulas de otra manera”.  El Mafioso se me quedó viendo, se rió y dijo: -“Si es sacerdote entonces es rico y podrá pagarnos aún más.” Yo le dije que no tenía dinero y que por eso estaba vendiendo mi coche.

 Entre todas las cosas que hablamos el Mafioso y yo, hay algunas frases que se me quedaron grabadas. A un cierto momento, cuando yo le estaba “regateando” para que me rebajara el precio de su “robo”, él me dijo. “-Las clausulas son claras yo pensé que eras un adulto y no un niño.” Yo le respondí: “-Yo me considero adulto y soy fiel a mi palabra. Pero usted ni a niño llega, por la doble cara que ha mostrado hace un rato y ahora.” El me dijo también. “Cada quien hace su trabajo Señor sacerdote, yo hago el mío y tú haces el tuyo”. Yo le dije –“Parte de mi trabajo consiste en ayudar a las personas que se han equivocado a rectificar su vida.” Pero a él sólo le daba risa. En esos momentos parecía que no estaba yo ante un ser humano, sino ante una bestia sorda y cegada por la ambición. Era algo terrible. En cierto momento le dije que él me había engañado, y que él lo sabía bien. El me respondió: “En el Estado de México, nadie hace las cosas bien.” Yo le dije que no estaba de acuerdo con él, y quería seguir hablando para tratar de hacerlo entender, tal vez, pero él quería “su” dinero. Finalmente me dijo que ya iban a cerrar y que querían el dinero. Fui al banco a sacar “prestado” lo que pude y también llegó alguien de mi familia para facilitarme lo que me faltaba. Entramos los que me acompañaban (ya éramos 6 en ese momento) para “pagarle” al mafioso y él tuviera la amabilidad de devolverme mi auto.

 Le di el dinero, que él contó con calma, y por un momento tuve la idea de que tal vez con el dinero en las manos ya no me regresaría las llaves de mi auto. Con ese Señor-Mafioso, en esos momentos yo me podría esperar todo. Lo contó, se me quedó viendo unos segundo y me devolvió las llaves. Pero me dictó unas frases que yo tenía que firmar: “Recibo mi auto en total satisfacción y no presento ninguna denuncia penal, mercantil, o de cualquier índole ante este Lote de autos”. Le pedí que me diera una copia del documento (las clausulas) que yo había firmado, pero él me dijo que no, que yo no necesitaba ningún documento. Antes de retirarme, una de las personas que me acompañaban le pidió que borrara o tachara mi firma del documento, el Mafioso lo comenzó a hacer, mientras mi amistad dijo: “Así es mejor porque ya le robaron una vez y le pueden volver a robar otra”. El mafioso dejó el documento, se levantó y me dijo enojado: “Señor sacerdote calma a tu gente porque si no nos arreglamos de otra manera”. Ya para entonces varios jovencitos (de entre 17 a 20 años) entraron a la ofician y empezaron a repartirse el dinero.

¿Qué pensar de todo esto?

 Salí de ese lugar decepcionado, triste, impotente, no lo sé. Ya en el camino a casa de mis papás fui llorando un poco para desahogarme. Yo he escrito mucho sobre la injusticia en México, toda mi vida como sacerdote ha estado enfocada en la frase del Señor: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás les será dado por añadidura.” Y estaba yo allí ante una situación de injusticia sin haber podido hacer nada. 3 patrullas, un buen licenciado junto a mí, y salir fracasado de ese encuentro. Realmente el dinero no era lo importante. De eso estoy seguro. Era la impunidad y la maldad que había yo vivido en esos momentos. El hombre que me recibió era uno antes y otro después de que yo hubiera firmado el documento. Parecía una bestia del mal, no un ser humano. Lo que me dolió mucho fue ver la cara de los niños que los acompañaban. Al primero que le dio una parte del dinero no tenía cara de gente mala. Se veía un buen muchacho. ¿Por qué se había corrompido? ¿Qué pasó en la mente de esas personas para haberse echado a perder tanto? Tal vez ellos no habían tenido la suerte de tener la educación que yo había recibido. Tal vez la vida (por decir esta frase que no es tan precisa) los había tratado mal y ahora trataban de desquitarse. Tal vez…, habían muchos “tal vez” y pocas respuestas. Cristo murió en la cruz diciendo: “Perdónalos padre porque no saben lo que hacen”. En estos días mi sufrimiento no ha sido por los bienes materiales (con sinceridad me siento libre de lo material), sino por las personas que me robaron. No les deseo ningún mal, sólo espero que logren entender que llevan un Mal dentro, y que lo logren sacar mientras tengan aún vida.

 Estos días ha venido a mi memoria una anécdota del gran poeta y humanista católico Charles Péguy (de quien yo recomiendo vivamente su lectura), que yo escribí en mi página de Facebook el mismo día de este incidente:

 “En cierta ocasión quemaron la casa donde vivía Charles Péguy. Él fue al lugar del incendio y se puso a llorar. Uno de sus amigos llegó a consolarlo y le dijo. –“No te preocupes, poco a poco irás recuperando tus bienes”. Y Charles Peguy respondió: -“No lloro por mi casa, sino por la persona que la incendió. ¿Cuanta maldad debe tener en su corazón?”.” 

México está en una crisis sin precedentes. Una fuerte fuerza llamada el Mal parece destruirnos (extorsiones, secuestros, corrupción, robos, droga, sexo, etc.). Yo sigo creyendo que el Bien es más fuerte que el mal. La fuerza del mal consiste en ganar adeptos a su causa, en descorazonarnos, en volvernos cómplices de la barbarie. Tenemos que responder al mal con el Bien o de otra manera estaremos perdidos.

Propongo algunos puntos muy sencillos y elementales que todos podemos practicar:

 1. Saludar a las personas que encontremos en nuestro camino y si es posible sonreírles. Que no nos importe si no nos devuelven el saludo o nos miran feo.

2. Los que conducimos es importante que respetemos las señales de trafico. Y si alguien nos recuerda a nuestra mamá, no responderles de la misma manera. Aguantarnos las ganas de insultarlos y unos minutos después rezar un Ave María por ellos.

3. No dar mordida para salir del paso. Recibir el ticket de la infracción (y aunque nos hayan parado injustamente) decirle que preferimos arreglar la infracción legalmente.

4. Buscar hacer una acción buena por día. Si se pueden más mejor, pero tratar de no ir a la cama sin haber dado aunque sea una migajita de bondad a los otros. Desde cosas simples como dar algo a los niños de la calle y saludarlos; ofrecer el asiento a alguien, decir un chiste para que los otros rían, en fin.

5. Tener más confianza (en la medida de lo posible) a la palabra oral de los demás que a los textos escritos con tinta.

Si alguien tiene más ideas las puede aportar. Tengo 50 años y me siento impotente ante lo que pasa en México. Soy sacerdote, profesor de universidad y hago lo que puedo para vivir en un país justo, pero cada vez es más difícil mantener la esperanza.

  ¡Ven Señor Jesús! Haz por lo menos que si no podemos cambiar a las personas que existen a nuestro alrededor, y que están contagiadas por el mal, que ellas no nos cambien a nosotros. Prefiero la utopía de saber que el Reino de Dios es posible en la tierra, a la desesperanza de decir que ya nada se puede hacer.

 Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México, 20 de Diciembre de 2013

 

2 comentarios sobre “51. Vencer al mal con el Bien (Reflexión sobre la extorsión y la impunidad en México)

    Alex Perez Carmona escribió:
    27 diciembre, 2013 en 22:54

    Sabe padre Francisco, es una pena todo esto que pasa en México, se siente una impotencia, coraje,da tristeza ver la situación en la que nos encontramos,acciones a las que nos enfrentamos día a día robos, extorsiones, corrupción, abuso de autoridad y del poder, que podemos hacer ante todo esto?. Usted menciona una frase del Señor que dice: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás les será dado por añadidura.”. Pero como tener que soportar todo eso, perdonar a esas personas a pesar de sus malas acciones.Es difícil y cuesta, si todos siguiéramos aquellos puntos que usted menciona el País fuera diferente pero desgraciadamente es todo lo contrario pocas personas lo hacen, pareciera que el mal esta triunfando sobre el bien y es algo que no quisiéramos. Espero equivocarme y no perder la fe de que algún día llegará esa justicia que tantos anhelamos.

    Saludos padre Francisco y a seguir haciendo oración por cada uno de nosotros.

    Juan escribió:
    18 julio, 2014 en 13:03

    Yo también eh caído en el mismo fraude de los lotes de autos,es julio del 2014 y sigue pasando no hay justicia,llevo un mes desde lo ocurrido negociando con esta gente,no eh perdido la fe,se que por la mala solo se convertirá en una pesadilla además de que me esperara sí reto a esta mala gente ,aunque cada día que pasa me invade la desesperación , estoy triste ,no tengo trabajo y necesitaba de ese dinero para no perder mi casa,porque ???porque??? existen estos mafiosos y si pones una denuncia no pasa nada ,amo a mi país pero que esperó de su justicia ,una vez más no existe,por favor quien pueda leer esto, tengan precaución ,que la que tengan es poca y no les pase como a mi un hombre con experiencia a mis 50 años ,fue timado de esta manera.

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