4. Entre la ortodoxia y la heterodoxia eclesial. Una reflexión a partir de mi trabajo sacerdotal

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4. Entre la ortodoxia y la heterodoxia eclesial

Una reflexión a partir de mi trabajo sacerdotal

A partir del inicio de éste año 2014 he comenzado mis actividades como profesor e investigador en la Universidad Anáhuac Norte, y en un par de días más comienzo mis cursos de posgrado en Estudios latinoamericanos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Dos universos distintos en un mismo país: los ricos y los pobres. La clase alta y el pueblo. Y en medio de todo esto yo –sacerdote y filósofo–.

Tengo que precisar que personalmente vengo de orígenes no sólo modestos sino pobres. Mis papás, como muchas familias de provincia, emigraron a la ciudad de México cuando yo tenía aproximadamente 3 años de edad. Llegamos a una vecindad en la zona de Tlalnepantla, Estado de México, sin nada o casi nada en las manos. Mis papás siempre se preocuparon por darme la mejor educación que ellos pudieron a pesar de su pobreza. Recuerdo que los días sábados mi papá me llevaba a trabajar a las obras como carpintero. Y ya desde entonces, estudiando los primeros años de primaria (y sin haber leído los análisis de Marx o las denuncias sociales de los profetas Bíblicos), no entendía yo bien la sociedad en que vivía. ¿Cómo era posible que hubiera tan poca gente que tuviera tanto y la mayoría que no tuviéramos casi nada?

El tema de la justicia siempre ha estado presente en mi vida. En mi ordenación sacerdotal escribí en lo alto del kiosco público en que fui ordenado (no al interior de una Iglesia sino en una plaza pública del Valle de Chalco para que cupiera la gente, tal vez ya era un símbolo premonitorio de situarme a los márgenes), la siguiente frase: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todo los demás les será dado por añadidura”; la canción que elegí para la comunión fue “Sólo le pido a Dios” de León Gieco; y posteriormente mi tesis de Doctorado en Francia fue sobre “La verdad y la justicia en el pensamiento de Emmanuel Levinas.

Ahora me encuentro trabajando en una Universidad para ricos. ¿He traicionado mis principios? No lo creo, no lo espero. Hace algunos años, cuando era joven seminarista, creo que yo era más radical, tirando casi a la extrema izquierda. Sin embargo no sé por qué siempre Dios me jala un poco a lugares de ortodoxia cristiana (la catedral Notre-Dame de Paris, la Basílica de Guadalupe, o ahora la Anáhuac). Considero que uno de los grandes males que nos aquejan como sociedad es la indiferencia ante el otro, la falta de comunicación entre ricos y pobres.

He trabajado en zonas pobres, incluso demasiado pobres, como el Valle de Chalco durante mis primeros años de sacerdocio acompañando a Chavos banda. Pero también –a causa de mis estudios– he trabajado en zonas privilegiadas económicamente. Con sinceridad me siento mejor en medio de los pobres, con más confianza, más naturalidad. Ahora para mis cursos en la Anáhuac doy mis clases con algunos trajecitos que alguien me regaló (y que me han quedado bien después de algunos ajustes). Sin embargo –y como dice la canción de Evita– “Soy del pueblo y jamás lo podré olvidar. Debéis creerme, mis lujos son solamente un disfraz, un juego burgués nada más, las reglas del ceremonial.”

Es una vida algo extraña la que llevaré en los próximos años. Moviéndome entre dos universos distintos. Entre niños “fresas” a los que les daré algunos cursos de formación humana (“Responsabilidad Social” y “Persona y Trascendencia”) y jóvenes del pueblo a quienes daré en la UNAM el curso: “La búsqueda de justicia en las Teologías y Filosofías de la Liberación”. Además estoy muy contento porque de la Comunidad Teológica de México, que es la Universidad Protestante más grande del país (Luteranos, anglicanos, metodistas y presbiteranos) participará un grupito de alumnos a mis clases. En la Anáhuac me han contratado por tres años para coordinar un Proyecto de Investigación sobre Ética solidaria con el tema: “¿Cómo los pobres visualizan y enfrentan su pobreza?”. Mi vida transcurrirá entre la Anáhuac y la UNAM, entre la zona residencial de Huixquilucan y una colonia pobre y popular de Nezahualcóyotl. Moviéndome entre la ortodoxia y la heterodoxia eclesial. Tratando de “ser puente” entre dos realidades distintas en un mismo país.

Señor ayúdame a ser fiel a tu Palabra y me encomiendo a sus oraciones

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México, 26 de Enero 2014

7 comentarios sobre “4. Entre la ortodoxia y la heterodoxia eclesial. Una reflexión a partir de mi trabajo sacerdotal

    Tony Kruz escribió:
    27 enero, 2014 en 16:29

    ¡¡¡Felicidades Paquito¡¡¡ Que Dios te bendiga en todo lo que emprendas.

    Santa escribió:
    27 enero, 2014 en 20:22

    Gracias padre Francisco, por compartirnos su experiencia de vida y sobre todo por no olvidar a la gente del Valle de Chalco. Un abrazo.

      franciscoxaviersanchez respondido:
      27 enero, 2014 en 22:18

      Gracias Hna. Santa. Igualmente que Dios bendiga tu vocación religiosa en la que al igual que yo te dedicas a la educación de nuestros hermanos.

    Onefan escribió:
    28 enero, 2014 en 20:07

    Hola. felicidades por su testimonio, trabajo constante y coherencia!!!

    Mildred escribió:
    29 enero, 2014 en 21:04

    Hola, Padre, felicitaciones por tu Nuevo reto, Me gustaria que me escribiera a mi correo electronico para hacerle una consulta. Que dios lo bendiga

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