9. Creo en la resurrección de la carne (Comentario al Credo)

Posted on Actualizado enn

9. Creo en la resurrección de la carne

(Comentario al Credo) 

¿Qué queremos expresar al decir: “creo en la resurrección de la carne”? La palabra carne (sarx) bíblicamente expresa: humanidad y debilidad; por su parte la de resurrección evoca divinidad y grandeza. Decir por tanto “creo en la resurrección de la carne” es manifestar que creemos que el ser humano está llamado a “metamorfosearse”. Es decir pasar de una condición de debilidad a otra de grandeza, de una mortal a otra eterna.

La expresión “resurrección de la carne” en vez de expresar un dualismo alma-cuerpo –como si fueran dos cosas contrarias– nos da a entender que el ser humano es una unidad que debe ser salvada en su totalidad. El cristianismo le da gran importancia al cuerpo, a nuestra carne con todo lo que ésta implica: comida, vestido, educación, cultura, salud, descanso, etc. El juicio final de Mateo 25 tiene que ver con la carne humana: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber”. El riesgo de vivir un cristianismo muy espiritualizado, idealista y desligado de la carne, es evadir nuestra responsabilidad ante el mundo.

“La Palabra de Dios se hizo carne” (Juan 1, 14), nos dice San Juan en el prólogo de su Evangelio. Es decir que Jesús asumió nuestra condición humana con todo lo que ésta comporta de fragilidad (cansancio, dolores, sudores, enfermedades, muerte), pero también con todo lo que ella implica como relación (saludar, sonreír, abrazar, amar, vivir).

Creer en la resurrección de la carne es comprometernos en buscar la promoción integral del ser humano. Después de XX siglos de cristianismo todavía hay muchos ciegos, leprosos, paralíticos, desnudos, hambrientos, etc., es decir personas que sufren en su propia carne la injusticia humana. Todavía en muchas partes del mundo existen personas que han sido golpeadas por el neoliberalismo, la prostitución, la guerra, el hambre, etc. y que yacen en el camino que va de Jerusalén a Jericó (de la capital a la periferia), en espera de algún buen samaritano que diga “creo en la resurrección de la carne” (Lc. 10, 25-37). Es decir yo no puedo ocuparme únicamente de mi propia carne y seguir mi camino en la vida mientras haya seres humanos que no cuenten con lo mínimo indispensable para poder vivir dignamente.

Nadie tiene derecho a la resurrección de su carne mientras antes no la haya gastado, consumido, al servicio de los demás. Vivimos en una sociedad que da culto al cuerpo propio, lo idolatra, pero se vuelve ciega al sufrimiento de la carne de nuestros semejantes.

Creer en la resurrección de la carne es creer que todo ser humano está llamado a vivir en plenitud su existencia corpórea, terrena, carnal. Es en la búsqueda de la justicia donde encontramos a Cristo quién nos dio su propia carne para que nosotros tengamos vida en plenitud.

Oración: “Señor ayúdame a gastar mi vida, mi cuerpo, mi carne, al servicio de mis hermanos más necesitados. Sólo así podré merecer la alegría y la gloria de la resurrección. Que comienza en éste mundo cuando amo y me gasto por los demás, y se prolonga en la eternidad cuando tú me llames a tu lado.”  Amén.

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México, 10 de Marzo de 2014

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s