13). El dios de los filósofos y el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Una reflexión a partir de Pascal y de Levinas

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13). El dios de los filósofos y el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. 

Una reflexión a partir de Pascal y de Levinas

 

Comparto la conferencia que pronuncié en el XVII Congreso Internacional de Filosofía, organizado por la Asociación Filosófica de México (AFM) celebrado en Morelia, Michoacán del 7 al 11 de Abril de 2014. Yo participé en una mesa sobre filosofía de la religión con el tema: “El dios de los filósofos y el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Una reflexión a partir de Blaise Pascal y de Emmanuel Levinas.”

 Introducción

En este estudio analizaremos el tema de la búsqueda de Dios en filosofía a través de dos pensadores franceses: Blaise Pascal (1623-1662) y Emmanuel Levinas (1906-1995). El primero un pensador católico del siglo XVII y el segundo judío del siglo XX. En ambos autores encontramos modalidades particulares no para “pensar”, o reflexionar, sobre Dios; sino para vivir la experiencia humana del “encuentro” con Él. Pascal decía: “Es el corazón quien siente a Dios, y no la razón. Esto es lo que es la fe: Dios sensible al corazón, no a la razón.”[1]y Levinas por su parte afirmaba, que sólo el encuentro ético con el rostro del otro me abre el camino que lleva a Dios. En nuestro estudio analizaremos la crítica que ellos hacen al dios de los filósofos, oponiéndolo al Dios del judeo-cristianismo, es decir al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Pascal dirige su crítica particularmente a Descartes (padre de la subjetividad y del pensamiento racionalista de la modernidad), y Levinas a Heidegger (el filósofo del Ser que ha influido considerablemente en la filosofía contemporánea). En los dos casos no se tratará de abolir la razón y el pensamiento para buscar a Dios, sino de mostrar que la vivencia, o experiencia religiosa, supera con mucho lo “poco” que podamos decir filosófica, o incluso teológicamente sobre Él. La finalidad de la presente reflexión es indagar cuál debe ser para estos dos pensadores, la correcta relación, llamémosle así, –respetuosa y fructífera– que se debe establecer entre la fe y la razón, la vivencia espiritual y la reflexión teórica, en torno a nuestra relación con Dios.

Dividiremos nuestro estudio de la siguiente manera. En un primer momento presentaremos de manera general la propuesta de cada uno de estos dos pensadores con respecto a Dios. Posteriormente analizaremos algunos elementos que ellos critican a sus contemporáneos: Descartes para Pascal, y Heidegger para Levinas, que para ellos respectivamente impiden una relación personal y vivencial con Dios. Terminaremos presentando algunas reflexiones conclusivas con respecto a la relación fe–razón a partir de los dos pensadores franceses analizados.

 

I. En Dios el sentimiento es anterior a la reflexión

A). Blaise Pascal: La diferencia entre el dios de los filósofos y el Dios de la fe

Blaise Pascal es un pensador francés autodidacta, que recibió la mayor parte de su formación científica y humanista gracias a la educación que le brindó su padre, Étienne Pascal, quien era magistrado y trabajaba como recaudador de impuestos para el rey. Nació en 1623 en Clermont-Ferrand, Francia, y pocos años después de la muerte de su madre (1626), su padre se trasladó a Paris (1631) por razones laborales.

Blaise Pascal manifestó desde pequeño una extraordinaria inteligencia en el ámbito de las ciencias y de las matemáticas. En 1639 a la edad de 16 años, por citar algunas de sus aportaciones, escribió un ensayo sobre las secciones cónicas, que fue publicado al año siguiente.[2] Un años después inventó lo que se podría considerar como la primera calculadora en el mundo, una maquina de sumar con el fin de ayudar a su padre en su trabajo como contador de impuestos (llamada “Pascalina”). Todo esto sin dejar de mencionar posteriormente sus aportes en la física, como el descubrimiento de la ley de los vasos comunicantes; sus importantes experimentos sobre el vacío y sobre la hidrostática. Así mismo en matemáticas puso los cimientos para el cálculo infinitesimal, el cálculo integral y el calculo de probabilidades. Por último antes de morir, muy joven a los 39 años de edad en 1662, puso en marcha el primer sistema público de Paris: “la carroza de 5 centavos.”

Pascal uno de los grandes, y tal vez de los últimos genios enciclopedistas. Sin embargo lo que hace aún más grande a Pascal es la unidad que para él debemos buscar en el ser humano. El ser humano es uno y no podemos desarrollar solamente un área de nuestra vida, por ejemplo el intelecto, descuidando la dimensión espiritual de nuestro ser. En resumen podemos decir que para Pascal la finalidad del ser humano es encontrarse con Dios. Es en esta tensión entre la vanidad del mundo por una parte y el deseo de Dios por la otra, que se juega el drama de la existencia humana. Pascal fue gran admirador, y podríamos llamar discípulo, de otro grande del pensamiento cristiano, que fue San Agustín. El obispo de Hipona, que antes de su conversión buscaba darle sentido a su existencia a través de la búsqueda de la sabiduría humana, principalmente a través del estudio de Platón, de la oratoria, e incluso de los placeres carnales, hasta que se encontró con Dios. Es entonces que escribe Las Confesiones (397 aproximadamente) para darnos a entender que después de su encuentro personal con Dios, su inteligencia y su vida misma adquieren otro sentido. ¡Tarde te ame!, escribe San Agustín en su texto autobiográfico, “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te ame! Y he aquí que estabas dentro y yo fuera, y fuera te buscaba yo, y sobre esas cosas que tú has hecho, me precipitaba carente de hermosura. Estabas tú conmigo y no estaba yo contigo. Lejos de ti me retenían esas cosas, que si no existiesen en ti, no existirían.”[3]

Pascal por su parte no llevó una vida depravada e inmoral (como tampoco en general fue el caso de Agustín), sin embargo hubo un momento en su existencia que dividió su vida en dos, en el antes y el después, que algunos llaman “su conversión”. La noche del 23 de Noviembre de 1654, Pascal tuvo un accidente grave en el carruaje en el cual viajaba que pudo haberle costado la vida. Al llegar a su casa se puso a orar y tuvo una experiencia espiritual que le marcará toda la vida. Vivencia espiritual profunda llamada “Memorial”, que Pascal escribirá en un papel el cual coserá en el forro de su chamarra. Ese papel fue encontrado algunos días después de la muerte de Pascal en su vestimenta. Pascal describe la vivencia tan fuerte que tuvo en aquellos momentos con estas palabras: “El año de gracias de 1654, lunes 23 de Noviembre (…) desde las diez y media de la noche hasta las doce y media de la noche. FUEGO. Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, no el de los filósofos y sabios. Certeza. Sentimientos. Alegría. Paz. Dios de Jesucristo. (…) Olvido del mundo y de todo. Sólo Dios.”[4] Para Pascal a Dios no lo encontramos a través de la arrogancia de la razón sino a través de la humildad del sentimiento. No mediante el cerebro sino a través del corazón. Antes de encontrarse con Dios el hombre lleva una vida centrada en el mismo, sin embargo no es feliz. El deseo de Dios nos constituye, sin embargo Dios respeta nuestra libertad.

Después de su “conversión” Pascal va a intentar escribir lo que se consideraría una apología de la religión cristiana, con la finalidad de convencer a los librepensadores y escépticos de su tiempo, así como a los católicos que no vivían de acuerdo a los preceptos de Cristo; sin embargo su frágil salud no le permitió terminar su obra, dejando reflexiones y frases sueltas, que son lo que constituye ahora su famosa obra póstuma: Pensamientos[5].

Pasemos ahora a la búsqueda de Dios en la obra de Emmanuel Levinas.

B) Emmanuel Levinas: En el rostro del Otro escuchamos la voz de Dios. 

Emmanuel Levinas es un filósofo, judío francés, nacido en 1906 en Kovno, Lituania y muerto en Paris en 1995. Algo importante que se tiene que precisar desde el inicio, es que para Levinas no buscamos a Dios por Él mismo. La idea de Dios nos llega un día a nuestra existencia si nos decidimos escuchar, es decir relacionarnos con el ser humano que encontramos en nuestro camino. Para Levinas el hombre nace ateo y puede morir ateo. El ateísmo en pocas palabras se reduce al egoísmo existencial. Es el hecho de pensar y de vivir como si todo dependiera de mí mismo, vivimos al lado de los otros pero los ignoramos. “En el gozo, yo soy absolutamente para mí. Egoísta y sin referencia al otro –estoy sólo sin soledad, inocentemente egoísta y sólo. No en contra de los otros, sino “en cuanto a mí”– pero enteramente sordo al otro, exterior a toda comunicación y rechazando comunicar, sin oídos, como vientre hambriento.”[6]

Para Levinas esta primera forma de existencia llamémosle egoísta y ontológica, ya que sólo se preocupa por el yo que busca apropiarse del ser (es decir de todo lo que Hay), comporta un vacío existencial que Levinas llama “deseo”. El hombre se puede, e incluso debe, alimentar de todo, porque tiene necesidad del ser; sin embargo hay un momento en su existencia en que el hombre “experimenta algo nuevo” que no había vivido antes y que Levinas llama la escucha del otro. Una escucha ética o religiosa, que el ser humano experimenta cuando se encuentra frente al rostro del otro, de aquella persona que en esos momentos se encuentra frente a él/ella: “El rostro, todavía cosa entre las cosas, perfora la forma que lo delimita. Lo que quiere decir concretamente: El rostro me habla y por lo mismo me invita a una relación sin medida con un poder que se ejerce, ya sea como gozo o como conocimiento.”[7]

Para Levinas, al igual que para Pascal, el conocimiento humano es deficiente para acercarse a Dios. Nadie por muy inteligente que sea, puede buscar establecer una relación personal con Dios a través de su sola inteligencia. ¿Por qué? Porque la inteligencia tiene que ver con el “Yo”, con el yo que busca apropiarse del mundo para poder dominarlo, quitarle su misterio, conquistarlo. Sin embargo Dios es del orden de la alteridad, del misterio, del infinito que nos sobrepasa, y el acceso a Él es una experiencia personal que empieza con la sensibilidad, para demostrarnos la “ruina de la inteligencia soberbia”, o más bien el nacimiento de una “nueva inteligencia” que ha sido despertada, o motivada, por Dios. “El sí mismo, deserción o derrota de la identidad del Yo. He aquí llevada hasta el límite la sensibilidad. Así la sensibilidad es la subjetividad del sujeto. Substitución al otro –uno en lugar del otro–, expiación”[8]

Para Levinas, como para Pascal, el encuentro con Dios es sensible y no inteligible. Es decir que para los dos pensadores, la base –es decir la esencia– humana no es la razón y el entendimiento como lo habían pensado la mayor parte de filósofos, siguiendo la definición dada por Aristóteles: “El hombre es un animal de razón” [zoon logon échon][9], sino que anterior a la razón está la relación con Dios. Una vez que el hombre ha logrado relacionarse (a través de su sensibilidad) con Dios, su razón se ilumina y se entiende a él mismo, a los otros, y al mundo, de otra manera. Es por tal razón que tanto uno como el otro criticarán a pensadores que, siendo contemporáneos a ellos, exaltarán la razón como base de lo humano. Descartes para Pascal y Heidegger para Levinas.

II. El dios de Descartes y el Ser de Heidegger nos impiden un encuentro personal con el Dios del judeo-cristianismo

 

A). El dios filosófico de Descartes y el Dios de la fe de Pascal.

A lo largo de su vida Pascal va a combatir al gran pensador francés del siglo XVII, y contemporáneo suyo, René Descartes (1596-1650). ¿Por qué? Porque Pascal ve en Descartes el prototipo del hombre sabio que olvida que el ser humano no es sólo razón y pensamiento, sino ante todo sentimiento y relación[10]. Pascal escribe en sus memorias lo siguiente: “No puedo perdonar a Descartes, él hubiera querido, en toda su filosofía, haber prescindido de Dios, pero no pudo evitar haber recurrido a Él, para poner al mundo en movimiento; después de esto no le quedo más remedio que recurrir a Dios.” Y más adelante añade: “Descartes inútil e incierto”[11]

No hay que olvidar que tanto Pascal como Descartes son matemáticos, católicos, y genios enciclopedistas de su tiempo. Sin embargo hay diferentes maneras de entender al hombre en cada uno de ellos. Descartes, en sus Meditaciones metafísicas (1641), sienta las bases de la modernidad basado en la idea de la subjetividad humana ligada a la razón. En su segunda meditación metafísica, y después de haber puesto en duda todo, es decir la sensibilidad, los argumentos de razón, e incluso la posibilidad de que Dios exista (mediante la hipótesis del geniecillo maligno que ha empleado toda su astucia en engañarlo), Descartes llega a la conclusión de la primera certeza absoluta: la del pensamiento ligado a su yo más profundo. La frase “Si dudo pienso y si pienso existo” [cogito ergo sum], puede ser considerada como el acta de nacimiento de la racionalidad moderna. “El pensamiento es un atributo que me pertenece. No puede ser separado de mí. Yo soy yo existo.”[12]Para Pascal por su parte, existir realmente es ponerse en relación con Dios. Una relación que se establece no a través de la búsqueda intelectual que realiza el sabio, sino de la recepción de la fe que Dios da a quienes lo buscan. Descartes busca a Dios en su estudio, Pascal lo hace en la oración. Escribe Pascal: “Si este discurso les gusta y les parece fuerte, sepan que fue hecho por un hombre que antes y después se puso de rodillas, para rezar a este Ser infinito y sin partes, al cual le somete todo lo suyo, sométanse ustedes también por su propio bien y para gloria suya.”[13]

¿Entendió bien Pascal a Descartes? No hay que olvidar que al término de su tercera meditación metafísica, Descartes parece interrumpir su reflexión intelectual y teórica para ponerse de rodillas antes el Dios, que él acaba de descubrir dentro de él a través de la idea del Infinito: “Pero antes de que yo examine esto más detalladamente, y que pase a la consideración de otras verdades que se pueden tomar, me parece oportuno detenerme por algún tiempo para contemplar a este Dios perfecto, de considerarlo, admirarlo y adorar la incomparable belleza de esta inmensa luz”.[14] Descartes “necesita” de Dios para asegurar la exterioridad de la Verdad y salir del solipsismo en el cual él mismo se había metido con su duda metódica. ¿Se trata de un Dios puramente racional como lo pretende Pascal? En todo caso el Dios de Descartes es un Dios majestuoso e infinito que parece no estar involucrado en su vida moral; en cambio para Pascal el acceso a Dios está condicionado por el conocimiento de las propias miserias y debilidades de quien lo busca. Para Pascal un conocimiento de Dios puramente filosófico no implica el conocimiento de saberse necesitado de Él. El conocimiento intelectual de Dios puede implicar orgullo y arrogancia; la experiencia de Dios mediante la fe, comporta alegría, humildad, agradecimiento.

Analicemos ahora la crítica que Levinas hace al “Dios” propuesto por Heidegger.

B). La onto-teo-logía de Martin Heidegger y la crítica de Emmanuel Levinas. 

A diferencia de Pascal, de Descartes y de Levinas, la cuestión de Dios no ocupa un lugar central en el pensamiento de Heidegger. ¿Por qué? Tal vez porque el Ser que buscó Heidegger durante toda su vida tiene mucha relación –no confesada explícitamente– con el Dios bíblico. ¿Qué queremos decir? No debemos olvidar que Heidegger tenía un buen conocimiento del judeo-cristianismo. Su padre fue sacristán católico de la iglesia de su pueblo, y él mismo ingresó al seminario de los jesuitas para ser sacerdote católico. Sin embargo por cuestiones de salud, algunos años más tarde tuvo que abandonar el seminario y se centró en estudios de teología y posteriormente de filosofía. Heidegger comienza sus estudios fenomenológicos dirigido por Husserl, preocupándose por la fenomenología de la religión, pero posteriormente deja la religión como objeto de estudio –y aparentemente también como practica de vida– para centrarse en cuestiones ontológicas. La búsqueda del ser será la obsesión principal de todas las investigaciones de Martin Heidegger.[15]

Heidegger es el pensador de las diferencias. Hay en su pensamiento cuatro elementos que no debemos de mezclar o confundir, bajo riesgo de vivir en la dispersión y en la inautenticidad. Estos elementos son: el Dasein, el Ser, el ente y Dios. Heidegger en su libro Ser y tiempo (1927) anuncia lo que será su famosa diferencia ontológica: el Ser es distinto del ente. Algunos años después, en su conferencia: “La constitución onto-teo-lógica de la metafísica” (1957) Heidegger anunciará una segunda diferencia: el Ser es distinto de Dios. Si Heidegger elige preocuparse por el Ser más que por Dios, no es porque niegue la existencia de Dios, sino que para él la preocupación [sörge] por el Ser [Sein] es prioritaria existencialmente para el Dasein. Heidegger critica a la ontología occidental por haber confundido a Dios con el ser, y esto desde la metafísica griega. El pensamiento filosófico queriendo buscar al ser lo ha divinizado (la idea del Bien en Platón, por ejemplo; o el motor inmóvil de Aristóteles) y no ha logrado acceder correctamente ni uno (Ser) ni al otro (Dios). Por lo tanto sacar a Dios de la ontología es buscar purificar la búsqueda tanto ontológica como teológica. Escribe Heidegger: “Causa sui. Este es el nombre que conviene a Dios en filosofía. A este Dios, el hombre no puede ni rezarle ni hacerle sacrificios. Ante la causa sui el hombre no puede caer temeroso de rodillas, así como tampoco puede tocar instrumentos ni bailar ante este Dios.”[16]En esta búsqueda de “purificación de conceptos”, podemos ver la influencia en particular del judaísmo, ya que en el judaísmo se hace una clara distinción entre Dios y sus criaturas. Sin embargo, como hemos mencionado anteriormente, es una “deuda” que Heidegger no reconoce en sus textos.

La crítica de Levinas a Heidegger es doble: primero por su compromiso con el nacismo, y segundo por la perversidad que Levinas ve en su filosofía. En primer lugar Levinas no se puede explicar cómo fue posible que uno de los más grandes pensadores alemanes del siglo XX –y para algunos el más grande– haya podido participar con aquel sistema tan bestial e inhumano. La dedicatoria del libro De otro modo que ser o más allá de la esencia, de Emmanuel Levinas, está dedicada: “A la memoria de los seres más próximos entre los seis millones de asesinados por los nacional-socialistas, al lado de los millones y millones de humanos de todas las confesiones y de todas las naciones, víctimas del mismo odio del otro hombre, del mismo antisemitismo.”[17] En segundo lugar Levinas critica la filosofía heideggeriana por considerarla una “egología”, es decir un encierro en el yo. Efectivamente para Heidegger al ser debemos buscarlo dentro de nosotros mismos, en el ser-para-la-muerte o en la angustia por ejemplo. Sin embargo mientras el gran pensador del ser nos invita a entrar en nosotros mismos y realizar una analítica existencial para poder ser cuidadores y pastores del Ser, afuera de nosotros mismos el ser humano concreto sufre y muere. Para Levinas la pregunta principal y urgente a la que hay que responder, no es una pregunta ontológica: “¿Por qué hay Ser en vez de nada?”, sino una pregunta ética: “¿Dónde está tu hermano?” Levinas escribe en Totalidad e infinito: “El egoísmo de la ontología se conserva incluso cuando denunciando la filosofía socrática, por haber olvidado al ser y en busca de la noción de sujeto (…) Heidegger encuentra en el pre-socratismo, el pensamiento como obediencia a la verdad del ser”, y más adelante añade: “Filosofía del poder, la ontología, como filosofía primera que no pone en cuestión al Mismo, es una filosofía de la injusticia.”[18] La filosofía de Heidegger por lo tanto, desde la perspectiva de Levinas, no nos ayuda a relacionarnos con Dios y con los seres humanos, ya que nos mantiene cautivos en el imperio del Ser.

Conclusión

Comunicar la fe, la labor del testigo y del profeta

Después de haber realizado un recorrido en paralelo en los pensamiento de Pascal y de Levinas, hemos remarcado algunas semejanzas y diferencias en estos dos autores.

  1. Tanto para el pensador católico como para el judío la relación del hombre con Dios es prioritaria y fundamental en la existencia. Podemos hablar en los dos casos de una antropología antes y otra después de la “experiencia religiosa”. Sin embargo si para Pascal[19] se trata de una experiencia que el hombre vive en su interior, tal vez como fruto de su sincera oración, para Levinas es una experiencia que sólo se da en las relaciones humanas cuando respondemos éticamente al llamado del otro.
  1. En los dos pensadores encontramos igualmente una fuerte crítica a la razón que, para Pascal representada por Descartes y para Levinas por Heidegger, olvida que el hombre no ha venido al mundo primordialmente para saber sino para responder al llamado Dios. La crítica que ambos dirigen a la filosofía es la soberbia de querer hablar de Dios sin haberlo antes escuchado.
  1. Tanto para Pascal como para Levinas no se trata de promover la ignorancia. La fe adulta necesita de una razón adulta. Es decir que para los dos pensadores cualquier ser humano, por muy inteligente que sea, sin la relación previa con Dios, carece de un sentido profundo que motive y dirija tanto su vida como sus investigaciones.
  1. En ambos casos igualmente se concede gran importancia a la sensibilidad. “El corazón tiene razones que la razón no entiende”[20], escribía Pascal la noche misma de su experiencia mística; y para Levinas el “Decir es anterior al Dicho”, es decir la escucha del rostro comienza por la sensibilidad, por el cara-a-cara del encuentro ético.

Para concluir podemos decir que tanto Pascal como Levinas realizan con sus obras un testimonio del Dios vivo que no tiene nada que ver, o muy poco, con el dios de la razón. Uno es el Dios de la oración y del encuentro ético, y otro el dios hecho a la medida de la mente humana. El Dios por quien se vive, al que se le reza, el que nos pide justicia en el rostro de nuestros hermanos, es el mismo Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Loma Bonita, Nezahualcóyotl, Domingo de Ramos, 13 de Abril de 2014.

[1] Blaise PASCAL, Pensamientos, Ed. Alianza Editorial, Madrid, 2009, Pensamiento Núm. 278, p. 80. La versión en francés se encuentra en: PASCAL, Pensées, Ed. Le livre de Poche, Paris, 1972, Núm. 278, p. 134. Nota: En adelante la segunda paginación puesta entre paréntesis corresponderá a la edición francesa.

[2] Para un estudio amplio sobre la vida y obra de Pascal, se puede ver con interés: Thomas MORE HARRINGTON, Pascal philosophe, Ed. Sedes, Paris, 1982.

[3] AGUSTIN, Confesiones, Ed. Porrúa, Colección Sepan Cuantos Núm. 142, México, 1986. Libro X, cap. 27, p. 170. La admiración de Pascal por Agustín fue tan grande que llegó a pertenecer al grupo de los jansenistas en Francia.

[4] Anne D´EUGNY (Textes réunis par), Pascal en prière, Ed. Labergerie, Paris, 1962, p. 17.

[5] Debido precisamente a que se trata de una obra inconclusa y escrita en hojas sueltas y con frases muchas veces incompletas, existen diferentes recopilaciones de sus pensamientos. Nosotros seguimos una de las recopilaciones más difundidas que es la de Leon Brunschvieg (de 1914), en: PASCAL, Pensamientos, Ed. Le livre de Poche, Paris, 1972. Texto seguido igualmente por Xavier Zubiri en la traducción del texto al español, en: PASCAL, Pensamientos, Selección de Xavier Zubiri, Ed. Alianza Editorial, Madrid, 2009.

[6] Emmanuel LEVINAS, Totalité e infini, ed. Le Livre de Poche, Paris, 1194, p. 142. En español, Emmanuel LEVINAS, Totalidad e infinito, Ed. Sígueme, Salamanca, 1997. En adelante la segunda paginación puesta entre paréntesis corresponderá a la traducción en español [p. 153].

[7] Op. cit. P. 216 [p. 211].

[8] Emmanuel LEVINAS, Autrement qu´être ou au-délà de l´essence, Ed. Le Livre de Poche, Paris, 1996, p. 31. En español, Emmanuel Levinas, De otro modo que ser, o más allá de la esencia, Ed. Sígueme, Salamanca, 1995. La segunda paginación puesta entre paréntesis corresponde a la traducción en español [p. 59-60]. Más adelante escribe:

[9] ARISTOTELES, Política I 2, 1253a 10.

[10] Con respecto a la relación Pascal – Descartes, ver el interesante libro de Henri Petit, Descartes et Pascal, Ed. L´Harmattan, Les introuvables, Paris, 1995.

[11] PASCAL, Pensées, 77 y 78, p. 40 [77 y 78, p. 35].

[12] DESCARTES, Les méditations métaphysiques, Ed. Bordas, Paris, 1987, Segunda meditación, p. 21.

[13] PASCAL, Pensamientos, 233, p. 117 [233, p. 73].

[14] DESCARTES, Méditations Métaphisiques, III, p. 49-50.

[15] Cfr. Francisco Xavier Sánchez Hernández, “De la muerte de Dios y de la onto-teo-logía, a la vida de Dios en el rostro del otro. Una reflexión a partir de Nietzsche, de Heidegger y de Levinas, en: Gerardo MARTÍNEZ CRISTERNA (Compilador), ¿Es verdad que Dios ha muerto?, Ed. Hombre y mundo, México, 2010, p. 567-602.

[16] Martin HEIDEGGER, Identidad y diferencia, p.

[17] LEVINAS, Autrement qu´être, p. 5 [p. 7]

[18] LEVINAS, Totalité e infini, p. 38-39 [p. 70].

[19] Es recomendable leer el interesante análisis que el Cardenal Joseph Ratzinger hace de la frase de Pascal: “El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob y el dios de los filósofos” en la lección inaugural que dio para tomar la cátedra de Teología fundamental en la Facultad católica de Teología de la Universidad de Bonn, el 24 de Junio de 1959.

Publicada en http://biblio3.url.edu.gt/Libros/Dios_de_la_fe.pdf

[20] PASCAL, Pensées,

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