17). Y en la vida eterna. Amén (frase final del Credo)

Posted on Actualizado enn

17). Y en la vida eterna. Amén 

(frase final del Credo)

 

Con esta frase concluimos el Credo de los apóstoles, que he venido comentando desde hace ya varios meses. Una corta frase que indica nuestra esperanza cristiana en la eternidad de la vida. Pero ante todo: ¿qué significa decir que creemos en la vida eterna? ¿Y esta creencia en la vida eterna implica una falta de compromiso con la vida temporal y perecedera?

Hace algunos años el filósofo ateo Fernando Savater publicó un libro con el título de La vida eterna (2007). En dicho libro el autor critica y se burla prácticamente de los que creemos en una vida más allá de la muerte. Para él, la vida se acaba con la muerte y no hay que buscar un más allá descuidando el más acá. El problema es que muchos ateos no han entendido las exigencias de la vida que nosotros llamamos eterna, y la han pensado como una especie de refugio, utopía, o evasión del mundo en que vivimos.

Me parece que ante todo no debemos pensar la eternidad en relación con la temporalidad, a la cual estamos acostumbrados, como si fuera un mundo dual: eterno-efímero; bueno-malo; perfecto-imperfecto, al estilo de la caverna de Platón. La vida eterna no es una idea, sino la prolongación de la vida que cada persona inicia desde el momento de su concepción, no se trata por lo tanto de “ruptura” sino de “continuidad”. De la misma manera que el que ama, ama para siempre, el que vive en el amor no puede morir.

Para aquel que no cree en la vida eterna cualquier perspectiva personal de futuro termina para él/ella el día de su muerte. Es solamente a partir de él y de su propio esfuerzo personal que se puede, o no, asegurar un lugar contra el olvido de la historia, e incluso tal vez hasta de su misma familia y amigos. Algunos buscan por lo tanto asegurar su “inmortalidad” teniendo hijos, plantando árboles, escribiendo libros, volviéndose celebres por algo, etc., es decir a través de medios que de cierta manera les aseguren que no serán olvidados por la historia. Al contrario, aquel que cree en la resurrección y en la vida eterna se siente liberado de toda búsqueda personal de inmortalidad, su actuar es más libre y desinteresado. Esto no quiere decir que no se interese ni busque comprometerse en el mundo, al contrario; él sabe que hay que comprometerse en las cuestiones del mundo pero sabiendo que no pertenece al mundo. No es la contingencia del mundo ni la voluntad efímera de los hombres, que hoy me felicitan y mañana pueden olvidarme, lo que debe dirigir mi vida y mi actuar, sino la voluntad de Dios. Se vive un “olvido de sí”, de buscar gloria, fama, honores e inmortalidad, para servir a Dios y a los hombres en total libertad. Esta libertad interior que no busca ningún provecho personal es la mejor manera de atestiguar nuestra creencia en la vida eterna.

Es solamente cumpliendo gestos de amor, en ocasiones simples, y que no buscan ningún provecho personal (es decir sin firma), que podemos ya desde ahora experimentar la eternidad de la que nos habla el Señor.

Oración: “Señor dame fuerzas para comprometerme con la vida de mis hermanos, en gastarme para ellos, en dejarme consumir para que mis hermanos tengan vida plena y digna. Y es seguramente en ese morir por los demás, que tú me asegurarás en la inmortalidad de tu presencia”. Amén

 

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México, 25 de Mayo de 2014

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s