34. Doctorado a Don Miguel León-Portilla en la UPM

Posted on

34. Doctorado a Don Miguel León-Portilla en la UPM

 

El día de hoy (jueves 25 de Sept. de 2014) Don Miguel León-Portilla recibió el Doctorado Honoris Causa, de manos del Sr. Cardenal Don Norberto Rivera, por parte de la Universidad Pontificia de México (UPM). Ha sido para mi una gran satisfacción haber sido el gestor de ese reconocimiento de la Iglesia católica que el día de hoy se ha concretizado.

Hace aproximadamente cuatro años, y siendo yo Director del Departamento de Difusión Cultural de la UPM, propuse al Consejo de la Universidad que se le otorgara un Doctorado a Don Miguel por su amplia trayectoria académica. Lamentablemente en aquel tiempo no todos apoyaron esa idea. Incluso en aquel tiempo alguien me llegó a preguntar: – “¿Y qué es lo que ha hecho Don Miguel León-Portilla por la Iglesia católica y por esta universidad para darle ese reconocimiento?” Como si “hacer” algo por la Iglesia tuviera que ver con escribir un catecismo o dar un donativo económico (creo que para algunos eso del donativo $ es un buen pretexto para otorgar doctorados e incluso canonizar a cualquiera).

 

Afortunadamente con el tiempo (e incluso ya no siendo yo parte de los profesores de la UPM) llegaron personas con mentalidad más abierta, que cuando supieron que había yo comenzado los trámites para otorgarle ese reconocimiento, me animaron a seguir con el proceso.

 

Es un placer escuchar a Don Miguel, tiene 78 años de edad, gran lucidez y un sentido del humor extraordinario. “No estoy viejo” dice de él mismo “sólo tengo juventud acumulada”. Las veces que he podido esta con él (comer, tomar vino -sobre todo whisky-), entrevistarlo y charlar de muchas cosas, siempre me he ido con una gran alegría y motivación para seguir estudiando.

 

El reconocimiento es de la Iglesia católica mexicana. Agradezco a Dios haber sido un pequeño instrumento para que se lograra tal fin.

 

 

Loma Bonita, Nezahualcóyotl, Edo. de México, 25 de Septiembre de 2014

 

2 comentarios sobre “34. Doctorado a Don Miguel León-Portilla en la UPM

    jose fco. altamirano henaro escribió:
    25 septiembre, 2014 en 21:58

    Xavier un reconocimiento mas que digno,
    Miguel de Leon Portilla siempre reconoce la importancia e influencia que tuvo del Padre Angel Maria Garibay K al enseñarle náhuatl y transmitirle toda su cultura.

    bien hecho Xavier.

    “Mientras permanezca el mundo, jamás perecerá la gloria y la fama de México- Tenochtitlan”
    lo que en nahuatl sería:
    In quexquichcauh maniz cemanahuatl, ayc pollihuiz yn itenyo yn itauhcain Mexico-Tenochtitlan

    “Sólo venimos a dormir, sólo venimos a soñar.

    no es verdad; no es verdad que venimos a vivir en la tierra.

    En hierba de primavera venimos a convertirnos;

    llegan a reverdecer, llegan a abrir sus corolas nuestros corazones;

    es una flor nuestro cuerpo; da algunas flores y se seca”.

    Así, otro poeta azteca canta:

    “¿Acaso es verdad que se vive en la tierra?

    ¿Acaso para siempre es la tierra?

    ¡Sólo un breve instante (estaremos) aquí !

    Hasta las piedras finas se resquebrajan,

    hasta el oro se destroza, hasta las plumas preciosas se desgarran.

    ¿Acaso para siempre es la tierra?

    ¡Sólo un breve instante (estaremos) aquí !

    De todas las traducciones de la cultura Mexica ,no hay una mas impactante que el Dialogo de los 12 primeros Franciscanos con los Tlamatinime(hombres sabios).
    Dicho por el mismo Miguel de Leon Portilla en una entrevista.

    Coloquio de los doce. Dialogos de los Tlamatinime con los doce franciscanos en 1524.

    Capitulo VII

    Donce se dice qué respondieron,

    contestaron, los sacerdotes.[1]

    Señores nuestros, señores, estimados señores,

    habéis padecido trabajos,

    así os habéis venido a acercar a esta tierra.

    Aquí, delante de vosotros, ante vosotros,

    os contemplamos, nosotros macehuales,[2]

    […]

    ¿De dónde, cómo,

    os habéis dirigido hacia acá

    del lugar de vuestros señores, de la casa de los dioses?

    Porque en medio de nubes, en medio de nieblas,

    del interior del agua inmensa habéis venido a salir.

    […]

    Aquí nosotros, de algún modo, vemos en forma humana,

    aquí como a un humano hablamos,

    al Dador de la vida,

    al que es noche, viento,

    porque vosotros sois su imagen, su representante.

    Por esto recogemos, tomamos,

    su aliento, su palabra, del Señor Nuestro,

    del Dueño del cerca y del junto,

    el que habéis venido a traer,

    del que en el mundo, en la tierra, es señor,

    el que os envió por razón de nosotros.

    Por eso aquí nosotros estamos admirados,

    en verdad habéis venido a traer,

    su libro, su pintura,

    la palabra celestial, la palabra divina.[3]

    Y, ahora, ¿de que modo,

    que será lo que diremos,

    elevaremos a vuestros oídos?

    ¿Somos acaso algo?

    Porque sólo somos macehualuchos,[4]

    somos terrosos, somos lodosos,

    raidos, miserables,

    enfermos, afligidos.

    Porque sólo nos dio en préstamo el Señor, el Señor Nuestro,

    la punta de su estera, la punta de su sitial,[5]

    [donde] nos colocó.

    Con un labio, dos labios respondemos,

    devolvemos el aliento, la palabra,

    del Dueño del cerca y el junto.

    […]

    Tal vez solo [vamos] a nuestra perdición, a nuestra destrucción,

    ¿O acaso hemos obrado con pereza?

    ¿Adónde en verdad iremos?

    Porque somos macehuales,

    somos perecederos, somos mortales.

    Que no muramos,

    que no perezcamos,

    aunque nuestros dioses hayan muerto.[6]

    Pero tranquilícense vuestros corazones, vuestra carne,

    señores nuestros,

    porque ahora romperemos un poquito,

    ahora abriremos, el cofre, la petaca del señor Nuestro.[7]

    Vosotros dijisteis

    que no conocíamos al Dueño del cerca y del junto,

    a aquel de quien son el cielo, la tierra.

    Habéis dicho que nos son verdaderos dioses los nuestros.

    Nueva palabra es esta,

    la que habláis

    y por ella estamos perturbados,

    por ella estamos espantados.[8]

    Porque nuestros progenitores,

    los que vinieron a ser, a vivir en la tierra,

    no hablaban así.

    En verdad ellos nos dieron

    su norma de vida,

    tenían por verdaderos,

    servían,

    reverenciaban a los dioses.

    Ellos nos enseñaron,

    todas las formas de culto,

    sus modos de reverenciar [a los dioses].

    Así, ante ellos acercamos tierra a la boca, [9]

    así nos sangramos,

    pagamos nuestras deudas,

    quemamos copal,

    ofrecemos sacrificios.

    Decían [nuestros progenitores]:

    que ellos, los dioses, son por quien se vive,

    que ellos nos merecieron.[10]

    ¿Cómo, dónde? Cuando aún era de noche.[11]

    Y decían [nuestros ancestros]:

    que ellos [los dioses] nos dan

    nuestro sustento, nuestro alimento,

    todo cuanto se bebe, se come,

    lo que es nuestra carne,[12] el maíz, el frijol,

    los bledos, la chía.

    Ellos son a quienes pedimos

    el agua, la lluvia,

    por las que se producen las cosas en la tierra.

    Ellos mismos son ricos,

    son felices,

    poseen las cosas, son dueños de ellas,

    de tal suerte que siempre, por siempre,

    hay germinación, hay verdear

    en su casa.

    ¿Dónde, cómo? En Tlalocan,

    nunca hay allí hambre,

    no hay enfermedad

    ni pobreza.[13]

    También ellos dan a la gente

    el valor, el mando,

    el hacer cautivos en la guerra, el adorno para los labios,

    aquello que se ata, los bragueros, las capas,

    las flores, el tabaco,

    los jades, las plumas finas,

    los metales preciosos.[14]

    ¿Y cuándo, dónde, fueron invocados,

    fueron suplicados, fueron tenidos por dioses,

    fueron reverenciados?

    De esto hace ya mucho tiempo,[15]

    fue alla en Tula,

    fue allá en Huapalcalco,

    fue allá en Xuchatlalpan,

    fue allá en Tlamohuanchan.

    Ya fue allá en Yohualinchan.

    Fue allá en Teotihuacan.

    Porque ellos, por todas partes, en el mundo,

    les dieron el fundamento

    de su estera, de su sitial.

    Ellos dieron

    el señorío, el mando,

    la gloria, la fama.

    Y ahora, nosotros,

    ¿destruiremos

    la antigua regla de vida?[16]

    ¿la regla de vida de los chichimecas?

    ¿la regla de vida de los toltecas?

    ¿la regla de vida de los colhuacas?

    ¿la regla de vida de los tepanecas?

    Porque así en nuestro corazón [entendemos][17]

    a quien se debe la vida,

    a quien se debe el nacer,

    a quien se debe el crecer,

    a quien se debe el desarrollarse.

    Por esto [los dioses] son invocados,

    son suplicados.

    Señores nuestros,

    no hagáis algo

    a vuestra cola, a vuestra ala,[18]

    que le acarree desgracia,

    que la haga perecer.

    Así también de los ancianos, de las ancianas, era su educación,

    su formación.

    Que los dioses no se enojen con nosotros,

    no sea que en su furia,

    en su enojo incurramos.

    Y no sea que, por esto, ante nosotros,

    se levante la cola, el ala [el pueblo],

    no sea que, por ello, nos alborotemos,

    no sea que desatinemos,

    si así les dijéramos: -Ya no hay que invocar [a los dioses],

    ya no hay que hacerles suplicas.

    Tranquila, pacíficamente,

    considerad, señores nuestros,

    lo que es necesario.

    No podemos estar tranquilos,

    y ciertamente no lo seguimos,

    eso no lo tenemos por verdad,

    aun cuando os ofendamos.

    Aquí están

    los que tienen a su cargo la ciudad,

    los señores, los que gobiernan,

    los que llevan, tienen a cuestas,[19]

    al mundo.

    Es ya bastante que hayamos dejado,

    que hayamos perdido, que se nos haya quitado,

    que se nos haya impedido,

    la estera, el sitial [el mando].[20]

    ——————————————————————————–

    [1] Un comentario a lo expresado en este capitulo -la dramática respuesta de los sacerdotes- en León Portilla. La filosofía náhuatl. P.p. 129-136.

    [2] Los sacerdotes, humillándose, se refieren a sí mismos como macehuales, gente del pueblo.

    [3] Todas estas expresiones, puestas en labios de los sacerdotes nahuas, dan la impresión de que hubieran ya aceptado la predicación de los frailes. Lo que a continuación manifiestan muestra que en realidad no aceptan tales predicas y han hablado así con su característica cortesía.

    [4] Can timaceualtotonti(n), es forma despectiva o diminituva, de macehualli, entendido aquí como “pobre gente del pueblo”.

    [5] “La punta de su estera, la punta de su sitial”, es este empleo del conocido difrasismo que denota la idea de autoridad. Los sacerdotes proclaman su autoridad es pequeña.

    [6] Tras insistir que, al hablar, están en verdad exponiéndose, manifiestan con dolor cuál es su situación: no les queda ya sino morir puesto que -según se les ha dicho y en su abandono parecen palparlo- “ya nuestros dioses han muerto”.

    [7] “El cofre, la petaca”, difrasismo para decir el secreto, las cosas ocultas.

    [8] Inician aquí los sacerdotes nahuas el rechazo de lo manifestado por los frailes.

    [9] Hacemos juramento

    [10] “Nos merecieron” techmaceuhqueh, cuando con su sacrificio de sangre nos dieron la vida. Véase: León Portilla, op. cit., pp. 183-188.

    [11] “Cuando aun era de noche” in oc yohuaya, expresión que denota la idea de “en el principio, en los orígenes del mundo.

    [12] Nuestra carne, nuestro sustento, es por excelencia el maíz, el frijol, los bledos, la chía.

    [13] Es ésta una breve pero atina da descripción del llamado “paraíso de Tlaloc”.

    [14] Enumera algunos de los objetos mas apreciados por los mexicas.

    [15] Se mencionan a continuación algunos de los lugares sagrados que se tienen como muy importantes. La arqueología confirma que en todos ellos existieron grandes edificaciones religiosas, algunas provenientes del periodo clásico.

    [16] Se mencionan ahora aquellos pueblos que se consideran merecedores de respeto y que asimismo mantuvieron “la antigua regla de vida”.

    [17] Las palabras que siguen son afirmación decidida de quien se sabe conocedor de los misterios de la divinidad.

    [18] “A vuestra cola, a vuestra ala”, es decir, “a vuestro pueblo”.

    [19] In quitqui, in quimama: “los que la llevan, la tienen a cuestas”. Es este otro difrasismo, aplicado, como resulta obvio, a los que gobiernan.

    [20] Si se ha perdido ya el mando y el poder, ¡que pueda preservarse al menos la antigua norma de vida, el camino de acercarse a los dioses!

      franciscoxaviersanchez respondido:
      26 septiembre, 2014 en 13:30

      Hola José Francisco, muchas gracias por recordarnos esos textos tan importantes, que nos muestran nuestras raices teológicas aún antes de la llegada de los españoles. Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s