11. Religiones por la justicia y la fraternidad

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El día de hoy (23-Marzo-2015) he participado a una mesa de dialogo interreligioso organizada por la Universidad Anáhuac Norte. Hemos participado: Como representante del judaísmo el Dr. Daniel Fainstein, Rector de la Universidad Hebraica de México; del islamismo el Mtro. Mudar Dadah, imán y estudioso del Islam, y del cristianismo yo mismo. Hablamos cada uno durante unos 20 minutos aproximadamente y luego se dejó un espacio para preguntas. El auditorio de posgrado estuvo lleno y hubo interés y participación. Comparto con Uds. mi ponencia.

Hace apenas unas semanas estuve en algunos países de Europa, principalmente en Francia, y pude constatar el clima de fuerte tensión que se vive allá a causa del fundamentalismo religioso. El reciente acontecimiento de once personas asesinadas, de la revista francesa “Charlie Hebdo”, por integristas musulmanes, ha puesto el dedo en la llaga a un problema que se vive muy fuertemente en Europa, en particular en Francia, y que es una especie de guerra de religiones en el seno mismo del país de la igualdad, la fraternidad y la libertad. Pareciera ser que los problemas vividos en medio oriente, por la ocupación de la tierra de Israel entre judíos y palestinos han trascendido las fronteras geográficas y han llegado a Europa. El conflicto árabe-israelí no se encuentra situado sólo en medio oriente, sino que también se ha extendido a otras partes del mundo. Nadie está a salvo en Europa, en los Estados Unidos, y en otras partes del mundo, de sufrir un atentado por parte de fundamentalistas religiosos. La prueba es todas las medidas de seguridad que se toman en escuelas, sinagogas, aeropuertos, etc. Esto sin contar el odio a cristianos, por parte de ciertos musulmanes en Irak y Siria, que ha derivado en masacres masivas de las que hemos visto algunas imágenes en los medios de comunicación. Ante tal escenario de guerra y de violencia nos podemos preguntar: ¿Qué hemos hecho los seguidores del Dios-Uno matándonos unos a otros y fomentando el anti-semitismo, el anti-islamismo y el anti-cristianismo?

Me parece que si lo que se vive en Europa, particularmente en Francia, es un problema de intolerancia religiosa, lo que vivimos ahora en México es un problema de justicia. Dos caras del mismo mal: el egoísmo humano. Un egoísmo que nos impide reconocer en el otro ser humano a un hermano o hermana nuestra, aunque hable distinta lengua que nosotros; a un semejante nuestro, aunque el color de su piel y sus costumbres sean distintas a las nuestras; a un hijo del mismo Dios en el que creemos y rezamos, aunque ellos lo llamen de manera distinta.

El objetivo de la presente reflexión es mostrar que tanto el actual odio religioso que se vive sobre todo en Europa, como la falta de justicia que padecemos en México, son síntomas de un problema muy serio que debe ser tomado en cuenta por lideres religiosos de todo el mundo: rabinos, imanes, sacerdotes y pastores, a saber: que en muchos casos no hemos sabido formar en la fraternidad y en la justicia a las personas que acuden a nuestros templos, sinagogas y mezquitas, y que es necesario promover ahora más que nunca el dialogo interreligioso en nuestras distintitas comunidades.

 

  1. Las religiones deben ser formadoras de valores universales.

Las guerras y conflictos por motivos religiosos no son nuevos. Podemos decir que desde los orígenes mismos de la humanidad, y una vez que los seres humanos fueron asumiendo diferentes creencias religiosas, empezaron los conflictos. ¿Por qué? Porque en muchas ocasiones las religiones fueron tan sólo el pretexto para conquistar al otro política, social y económicamente. ¿De quien es la culpa, si se puede hablar de culpables? ¿De la religión, que en su esencia misma comporta la negación del otro en beneficio de la propia creencia? ¿O más bien de la manera cómo algunos lideres religiosos han manipulado y distorsionado la esencia misma de su propia religión, para ponerla al servicio de intereses personales y/o sociales? No abordaré aquí la perversión que se ha hecho de diferentes religiones en general, sino que me limitaré a mostrar, en primer lugar, como en la esencia misma de las religiones monoteístas, es decir del judaísmo del cristianismo y del islam, se encuentra la búsqueda de la justicia, de la paz y de la fraternidad universal. Y en segundo lugar tomaré un ejemplo de la manipulación y perversión, para fines económicos y políticos, que se puede hacer de una religión, tomando como modelo un caso de mi propia religión: católica, y la evangelización que se llevó a cabo en el México del siglo XVI y la así llamada controversia de Valladolid.

1.1. La esencia de las religiones monoteístas es la búsqueda de la fraternidad.

 El padre del monoteísmo y de las tres grandes religiones del Dios-Uno es Abraham. Abraham es reconocido y venerado tanto por judíos, cristianos y musulmanes no por su raza o cultura particular, sino por habernos legado la idea extraordinaria de que Dios es Uno. Abraham es el padre de la fe. Con él empieza la semilla del monoteísmo que algunos años después se convertirá en tronco de árbol del cual surgirán tres grandes ramas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Ramas que tendrán a su vez muchas variantes. Nuevas y pequeñas ramas en cada una de las tres grandes religiones monoteístas: Judaísmo conservador, jasídico, ortodoxo, etc.; cristianismo católico, luterano, anglicano, metodísta, etc.; islamismo sunita, chiita, etc. Diferentes matices en las formas de vivir la práctica religiosa, pero que tienen un común denominador: Dios es uno. El precepto religioso de Deuteronomio 6, 4: “Escucha Israel, el Señor nuestro Dios es solamente Uno, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu alma y todas tus fuerzas” está en el centro de las tres grandes religiones del libro: La Torá, la Biblia y el Corán.

Es decir que si ahora escuchamos hablar de asesinatos por parte de fanáticos religiosos, de la religión que sea, esto no hace parte de la esencia de las religiones monoteístas. Al contrario, en las tres grandes religiones surgidas de Abraham se hace un llamado a respetar e incluso amar a los extranjeros, aunque estos tengan otros tipos de creencias. Veamos.

En el judaísmo el libro del Levítico 19, 33, podemos leer: “Cuando un forastero viva junto a ti, en tu tierra, no lo molestes. Al forastero que viva con ustedes lo mirarán como a uno de ustedes y lo amarás como a ti mismo, pues ustedes también fueron forasteros en Egipto: ¡Yo soy Yahvé su Dios!”. Lo mismo remarcan Éxodo 23, 9 y Levítico 25, 35-36 entre otros. Por lo tanto la creencia en el Dios-Uno, para el pueblo de Israel, va acompañada necesariamente de la idea de una Humanidad-una. Herman Cohen, filósofo judío contemporáneo, escribió algunos textos muy hermosos en torno al amor al prójimo, sin importar que éste sea judío, musulmán o cristiano. Textos que fueron recopilados por Martin Buber, en la obra El prójimo (1935). Para Hermann Cohen, el amor al prójimo no surgió de la tolerancia política, esta a lo sumo facilitó intercambios comerciales, y mucho menos del patriotismo que separa a los hombres; sino de la idea de un Dios único padre de todos los hombres. “Para los griegos, el forastero es a los sumo el inmigrante que busca ayuda. En el Pentateuco, constituye el suelo y cimiento. Por esta razón, a menudo es asociado con el pobre, el huérfano y la viuda.”[1] (p. 10). Para darnos a entender esta fraternidad humana la Biblia no comienza narrando la historia de Abraham, padre de todos los que tienen fe; sino la de Adán, padre de todos los hombres.

En el cristianismo podemos ver que las barreras raciales y lingüísticas se rompen en nombre del amor por todos los seres humanos. La palabra católico significa precisamente universal. Pentecostés anuncia una nueva creación que habla una misma lengua basada en el amor. “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban, y aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas (…). Estaban de paso en Jerusalén judíos piadosos, llegados de todas las naciones que hay bajo el cielo. Y entre el gentío que acudió al oír aquel ruido, cada uno los oía hablar en su propia lengua. (…) Hay forasteros que vienen de Roma, unos judíos y otros extranjeros, que aceptaron sus creencias, cretenses y árabes. Y todos los oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios.” Hechos, 2, 1-6.10-11.

Finalmente en el Islam, es muy diferente lo que leemos en el Corán a la caricatura que han hecho de su religión integristas religiosos. Cito por ejemplo un pasaje del Corán a propósito de la tolerancia religiosa: “No entabléis controversias con los hombres del las Escrituras, a no ser de la manera más honesta, a menos que se trate de hombres malvados. Decid: Creemos en los libros que nos han sido enviados a nosotros, así como en aquellos que les han sido enviados a ustedes. Nuestro Dios y el suyo es el mismo, y nos resignamos por completo a su voluntad.” Sura XXIX, 45. Por otra parte, no hay que olvidar como nos lo recuerda el filósofo y humanista judío Marek Halter, que “el Talmud y el Corán, a una misma voz, nos recuerdan igualmente lo esencial: “Aquel que mate a un hombre será culpable de la sangre de todo el género humano; y aquel que salve la vida de un solo hombre será recompensado como si hubiera salvado a todo el genero humano.”[2]

Por lo tanto, si las religiones del Libro promueven la fraternidad entre sus fieles, ¿por qué hay diferentes interpretaciones de los mismos textos religiosos? A causa de la manipulación y perversión que se hace de una religión por motivos económicos o políticos. Pasamos ahora a analizar muy brevemente un caso concreto, de la evangelización en México por parte de la Iglesia católica en el siglo XVI.

1.2. La religión puede promover o enajenar al hombre. México en el siglo XVI

Pocos años después de la llegada de Cristóbal Colón a nuestro continente, se va a llevar a cabo, en Valladolid, España, un histórico debate entre dos sacerdotes y teólogos católicos de aquel tiempo: Fray Bartolomé de las Casas y Fray Juan Ginés de Sepúlveda. Lo que nos interesa para nuestra exposición es mostrar como dos personas, aún siendo de la misma religión, pueden llegar a argumentos muy distintos y hasta opuestos en lo referente a la interpretación de la filosofía, de la teología y de la comprensión misma del ser humano.

Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1572) era el filósofo, cronista, y teólogo oficial del emperador Carlos V. Y sin haber estado nunca en el continente americano, redacta en 1547 un pequeño tratado, en forma de dialogo, intitulado: Democrates alter o Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios.[3] En dicho texto Sepúlveda defiende la guerra y el sometimiento de los indios por parte de los españoles, basándose en el pensamiento de Aristóteles y de Sto. Tomás de Aquino. Sepúlveda se convierte así en el ideólogo y defensor de la guerra contra los indios fundamentándose en la idea central de que los indios son barbaros y merecen ser sometidos a la fuerza. Sepúlveda basándose en lo que él considera la Ley natural sostiene: “La ley divina y natural manda que lo más perfecto y poderoso domine sobre lo imperfecto y desigual. (…) Por eso las fieras se amansan y se sujetan al imperio del hombre. Por eso el varón impera sobre la mujer, el hombre adulto sobre el niño, el padre sobre sus hijos, es decir, los más poderosos y más perfectos sobre los más débiles e imperfectos.”[4] Para Sepúlveda los indios nunca cambiarán sus creencias voluntariamente y por lo tanto habrá que dominarlos. En el fondo Sepúlveda no puede aceptar que haya personas distintas a él, a su lengua, cultura y religión. Es la imposición de la mismidad sobre la diferencia del otro.

Bartolomé, sabiendo de la enorme influencia que Sepúlveda tenía sobre la corona española y sobre la Iglesia, viaja a Valladolid para sostener un debate intelectual y defender a los indios. Entre 1550 y 1551[5] se da la así llamada “Controversia de Valladolid” entre dos teólogos, uno que defiende los intereses de la corona y el otro la dignidad de los indios.

Bartolomé de las Casas propone una evangelización integral y profética. Es decir que anuncie pero también denuncie las injusticias sociales. Para Las Casas el anuncio del Evangelio debe estar unido al respeto del otro. La idea central en Las casas, a diferencia de la visión de Sepúlveda, es la idea de alteridad. Para Las Casas más valía un indio pagano pero vivo, que uno cristiano pero muerto. El otro es distinto de mí y yo no tengo por qué hacerlo entrar en mis esquemas culturales, políticos o religiosos. La fe se propone pero no se impone. No se puede hacer cristianos a la fuerza ya que el fin no justifica los medios[6]. En aquel histórico debate los teólogos dieron la razón a Las Casas, sin embargo en la práctica siguió prevaleciendo la violencia y la negación del otro.

  1. Un país religioso con problemas de justicia. México en el siglo XXI

La manipulación que se puede hacer de una religión, por cuestiones políticas y económicas, no es sólo cuestión del pasado. Y si como comentaba al inicio de ésta exposición, en Europa se tienen problemas de violencia a causa del fanatismo de grupos religiosos, en México los tenemos a causa principalmente del narcotráfico y de la corrupción.

México está considerado como uno de los países más católicos del mundo, la devoción a la Virgen de Guadalupe es fuente de nuestra identidad nacional. Y sin embargo… Vivimos ahora una situación de violencia sin precedentes. ¿Cuántos de los narcos y policías que asesinan ahora a estudiantes fueron bautizados? ¿Cuántos de nuestros dirigentes políticos y empresarios corruptos, fueron formados en escuelas y universidades católicas o de otra denominación confesional? ¿Cuántas lideres sociales y comunicólogos, que ahora nos mienten y trastornan la información, no son de extracción católica o pertenecen a alguna otra religión particular?

Es decir que no basta con tener una religión específica e ir a la mezquita, a la sinagoga o al tempo, ya sean los viernes, los sábados o los domingos, respectivamente, si no ponemos en practica los preceptos mayores de nuestras religiones que coinciden en buscar un sociedad más justa y fraterna.

 

 

Conclusión

Las religiones deben promover el dialogo interreligioso.

 

Con lo dicho hasta ahora podemos darnos cuenta de varias tareas pendientes que tenemos los lideres religiosos, profesores de teología, y practicantes de cualquier religión específica. Señalo por lo pronto tres.

  1. Enseñar y practicar los valores esenciales propios a las grandes religiones monoteístas, que consisten en el respeto de la vida, la búsqueda de la fraternidad universal y la lucha por una sociedad cada vez más justa.
  1. Promover en las nuevas generaciones el encuentro con el otro, que aunque no comparta nuestras mismas creencias, tiene mucho que aportarnos[7]. Como decía el filósofo judío Emmanuel Levinas: “El en rostro del otro nos llama Dios para servirlo.”
  1. Y finalmente impulsar el dialogo interreligioso a todos los niveles. No sólo entre profesores y especialistas en la materia, sino a nivel de la población en general. Por lo tanto encuentros como éste nos hace vislumbrar una sociedad más justa y fraterna que, utilizando diferentes ritos y lenguajes, busque acercar a los seres humanos al mismo Dios, Padre de todos. Shalom, Salam, Paz. “¡Paz al lejano y al cercano!” como nos lo recuerda el profetas Isaías, 57, 19.

[1] Hermann COHEN, El prójimo, Trad. de Andrés Ancona, Ed. Anthropos, Barcelona, 2004, p. 10.

[2] Marek HALTER, Réconciliez-vous!, Ed. Robert Laffont, Paris, 2015, p. 25.

[3] Juan Ginés de Sepúlveda, Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios, Ed. FCE, México, 1996.

[4] Op. cit., p. 83-85.

[5] Hubo una primera serie de encuentros entre los dos teólogos de agosto a septiembre de 1550, teniendo como jueces a los famosos teólogos Domingo de Soto, Melchor Cano y Bartolomé de Carranza. La discusión continuó en 1551.

[6] Ya en 1537 Las Casas había publicado su texto: Del único modo de atraer a los pueblos a la verdadera religión, Ed. FCE, México, 1972. En el cual propone una evangelización pacifica que sea propositiva y no impositiva, y que parta del testimonio de vida de los evangelizadores.

[7] Cfr. A este respecto, el interesante libro de Daryush SHAYEGAN, La luz viene de occidente, Ed. Ensayo TusQuets, Barcelona, 2008, en que el autor aborda la importancia del dialogo, particularmente entre Oriente y Occidente.

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