18. La pastoral juvenil en las periferias humanas

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  1. La pastoral juvenil en las periferias humanas

Próximamente saldrá publicado mi artículo: “La pastoral juvenil en las periferias humanas”, en la Revista “Vida Pastoral” que publican las Ediciones Paulinas, comparto con ustedes mi texto.

El Papa Francisco, sensible a la importancia de buscar una nueva forma de evangelizar, más acorde a las exigencias del Evangelio, nos ha propuesto su primera Exhortación Pastoral con el título: La alegría del Evangelio (Evangelii Gaudium, 2013). En dicha exhortación el Papa concede gran importancia a los pobres y excluidos de la sociedad como sujetos privilegiados del anuncio evangélico. “La belleza misma del Evangelio no siempre puede ser adecuadamente manifestada por nosotros, pero hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha.” (Núm. 195). Atender a los seres humanos que viven en las así llamadas “periferias humanas”, no debe ser un trabajo opcional en la practica pastoral de nuestras parroquias, sino que debe estar al centro de nuestra preocupación como evangelizadores. Más aún, preocuparnos por los excluidos de la sociedad constituye el centro mismo del anuncio del evangelio. Los rituales, sacramentos y oraciones, deben sensibilizarnos para servir a aquel ser humano que sufre al borde del camino.

La Parábola del buen samaritano se actualiza cada vez que nos inclinamos a servir a un hermano herido en el camino. A la pregunta centrada en el yo: “Maestro ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna? Jesús responde con un caso muy concreto de exclusión: “Bajó un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de bandidos, que después de haberlo despojado de todo y de haberlo molido a golpes, se fueron dejándolo medio muerto. Por casualidad bajaba por ese camino un sacerdote, quién al verlo pasó por otro lado de la carretera y siguió de largo. Lo mismo hizo un levita (…). Pero llegó cerca de él un samaritano que iba de viaje. Lo vio y se compadeció. Se le acercó y curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó (…)” Jesús deja a sus interlocutores desconcertados. La vida eterna no está basada en la preocupación por mi “yo”, sino en la preocupación por el “tú”. Entre más yo me olvide de mí mismo y piense en las necesidades de los otros, en particular de los excluidos, consigo, “sin darme cuenta” y sin buscarlo, la vida eterna. “Vete y haz tú lo mismo”. Concluye Jesucristo la enseñanza de esta parábola (Lc. 10, 30-35).

 En la sociedad actual, post-moderna y neo-liberal, los excluidos de la sociedad son mayoría. Los habitantes del “centro” son muy pocos estadísticamente. Por centro nos referimos a las personas que pueden comer lo que ellos gusten tres veces al día, tener todos los servicios sociales asegurados, vacaciones, y que pueden cerrar su puerta cómodamente con la seguridad que les proporcionan sus guardaespaldas, aislándose en sus nuevos guetos urbanos de los otros, de la masa, de la prole, de los pobres. La periferia, como lo indica el filósofo Enrique Dussel, constituye la exclusión del otro, su negación. “El centro es; la periferia no es.”[1]

En el mundo hay diferentes tipos de exclusión, siendo la más visible y preocupante la económica. La diferencia cada vez más abismal entre ricos y pobres. Exclusión que tiene diferentes matices. Es decir “lugares” marginados donde viven seres humanos que no son incluidos en las mesas de los que tienen el poder. Podemos hablar por ejemplo de emigrantes que dejan sus países de origen para vivir clandestinamente alrededor de las grandes ciudades, de campesinos, indígenas, gentes de color, homosexuales, mujeres, niños de la calle, etcétera, etcétera. Y este etcétera parece no tener fin, ya que mientras una partecita del mundo prospera, la gran mayoría de los habitantes del planeta se descubren marginados por nuevos mecanismos de exclusión. Por citar un ejemplo reciente podemos hablar de la así llamada “brecha digital”. Que en la educación se manifiesta por el avance de algunos en tecnología educativa (internet, computadoras, pizarrones inteligentes, etc.) mientras otros no tienen ni una silla donde sentarse y papel para escribir.[2]

 De los diferentes tipos de exclusión, en la presente reflexión nos detendremos a analizar brevemente la situación de jóvenes que viven en la periferia humana. A quienes antes se les conocía como “pandillas” o “chavos banda”, y ahora tal vez como “tribus urbanas”. Haciéndonos dos preguntas primordiales: ¿Quiénes son? y ¿Cómo tratar de integrarlos al proyecto evangelizador de nuestras parroquias? Buscando proponer algunas líneas concretas de acción, que puedan servir a las personas que tengan interés por “hacer algo” en favor de nuestros hermanos excluidos. Para ésta reflexión me basaré principalmente en mi experiencia de trabajo con “Chavos banda”, que realicé durante mis primeros años de sacerdocio.

  1. ¿Quiénes son los jóvenes que viven en las periferias humanas?

 Me parece que en el contexto político y socio-económico que vivimos ahora en México, ser joven es situarse ya en la periferia de nuestro país. Claro está que hay un pequeño grupo de jóvenes que viven en el centro y que hacen parte de la élite del poder, sin embargo la gran mayoría de jóvenes en México son excluidos por el hecho mismo de ser jóvenes. En lo que va del sexenio presidencial los jóvenes de nuestro país han sufrido directa o indirectamente agresiones importantes. Modificaciones en sus programas de estudios, represiones en las manifestaciones que han realizado, e incluso algunos han encontrado la muerte. Como es el caso de los 43 jóvenes normalistas “desaparecidos” en Ayotzinapa, Guerrero. Todo esto sin contar la violencia que sufren al no tener acceso a centros de educación superior, no encontrar empleo, y agresiones mediáticas por parte de los principales medios de comunicación que promueven una pseudo-cultura de narco-corridos, alcoholismo, sexo y libertinaje.

 ¿Qué hacer por ellos? ¿Cómo ayudarlos a encontrar un sentido a sus vidas a partir del Evangelio? El censo de población del 2010, indica que en México habitan 36.2 millones de jóvenes entre 12 y 29 años de edad. Los jóvenes (desde niños, adolescentes y jóvenes) son mayoría, sin embargo su presencia no siempre se constata en nuestras iglesias. ¿Por qué? Tal vez porque nos falta adaptar más el mensaje del Evangelio a sus necesidades concretas. En muchas parroquias se siguen repitiendo esquemas de evangelización rancios que ya no dicen nada, o muy poco, a los jóvenes de hoy. “Uno de los problemas más graves de nuestra Pastoral es justamente el temor a romper ataduras para actualizarse y renovarse continuamente. Lo suyo es hacer lo que siempre se ha hecho, creyendo que si usa la imaginación creadora comete una falta de fidelidad al pasado. Prefiere la comodidad, la pereza mental y el envejecimiento.”[3] Es necesario buscar formas nuevas de evangelización que respondan a los desafíos que presenta la sociedad mexicana a los jóvenes de nuestros días: desempleo, corrupción, formación política, sexualidad responsable, drogadicción, etc.

 De las diferentes problemáticas que viven los jóvenes de nuestros país, abordaré el tema de los “Chavos banda”, con los cuales trabajé durante los primeros 5 años de mi sacerdocio, por los años noventas.

 

Pocos días después de haberme ordenado sacerdote (24 de Noviembre de 1991), le dije a mi obispo de la Diócesis de Nezahualcóyotl, Estado de México, que cuando él quisiera destinarme a alguna parroquia, mi deseo era ir a una de las parroquias más pobres de la Diócesis. En muy poco tiempo me tomó la palabra y menos de dos meses después fui nombrado “cuasi-párroco” (término ambiguo que aún ahora no termino de entender), al lugar mismo en que había llegado el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari a iniciar su programa “Solidaridad”, como combate a la pobreza; y el Papa Juan Pablo II, poco tiempo después en Mayo de 1990, para visitar a los pobres durante su visita a México.

 

El templo consistía en un cuarto de ladrillo con laminas de cartón y a un lado el árbol que el Papa había plantado como recuerdo y símbolo de esperanza. Comencé a trabajar en la parroquia y muy pronto me di cuenta de la presencia de “Chavos banda” en las 4 colonias que formaban el entorno parroquial. Jóvenes, adolescentes, e incluso niños, que deambulaban por las calles reunidos en grupos: Rockers, Arkanzas, Calacos, etc. Camisetas negras estampadas, cabello largo o no, con o sin tatuajes, varios consumiendo drogas, pero todos con un elemento común: el gusto por reunirse, estar juntos, y tal vez olvidar por algunos momentos (sea por medio de drogas, cascaritas de fut, o tocadas) los problemas de la vida.

 

   Quería hacer algo por ellos –sin saber que al final fueron ellos los que hicieron mucho por mí, desinstalandome de algunos esquemas eclesiásticos y de prejuicios– pero no sabía cómo. Fue así que me puse a escucharlos, y a tratar de entrar en su mundo: lenguaje, hogares, broncas, tocadas, etc. Con ellos era como volver a nacer, y a entender de manera nueva y diferente la Palabra del Señor, desde los pobres; más rica, más real, más profética.

 

Considero que en todas las parroquias, sobre todo en las zonas populares, hay grupos de jóvenes marginales, periféricos. Basta con salir de la comodidad de nuestras Iglesias y caminar por la calles para verlos y escucharlos. Generalmente no se acercan a la Iglesia, nos toca a nosotros salir a buscarlos. La pregunta: ¿Quiénes son los jóvenes que viven en las periferías humanas? debe ser contestada de manera personal. Para mí son mis hermanos y hermanas que sufren algún tipo de marginación y que me llaman a su servicio.

 

 

  1. Sugerencias pastorales para trabajar con “Chavos banda”

 

Desafortunadamente, o afortunadamente, no hay “recetas a la carta” para el trabajo con chavos banda. Pienso en particular en tres aspectos que nos pueden ayudar para trabajar con ellos: Caridad, Humildad y Creatividad.

 

Caridad. Es lo primero que debe movernos al acercarnos al excluido del camino. En la parábola del buen samaritano, nos dice Jesús que varios “vieron” al hombre que sufría en el camino pero sólo uno, el samaritano, se “compadeció” de él. Compadecernos de nuestros hermanos es “ponernos en sus zapatos”, es padecer/sufrir con ellos y ellas. ¿Cuántas veces cruzamos a jóvenes marginados en nuestras parroquias pero tal vez les damos la vuelta por temor? Y se puede comprender debido a la violencia que vivimos en México, pero esto no es normal. Es triste que debido a la inseguridad que sufrimos ahora en México tengamos que desconfiar de cualquier ser humano que encontremos en nuestro camino. Por lo tanto debemos de vencer el miedo al otro, sobre todo al que es muy diferente de mí, y movidos por el amor acercarnos a hablarle. –¡Hola, buenos días! Me llamo Francisco y te he visto varias veces en mi camino y hoy he querido saludarte.

El trabajo de acercamiento con el otro, con los chavos banda en mi caso, no fue fácil. Recuerdo que algo que me ayudó mucho para tratar de entrar en su mundo fue ayudarme de “personas intermediarias”. Personas que participan, aunque sea poco en la Iglesia, pero que los conocen. Recuerdo que algunas muchachas del grupo juvenil de mi parroquia, tenían conocidos entre los chavos banda. Fue así como al principio intenté hacer reuniones mixtas, entre jóvenes no-banda y chavos banda. Pero pronto me di cuenta de que eso no funcionaba. Eran situaciones distintas que requerían temáticas distintas. Además de que algunos padres de familia no estaban de acuerdo en que sus hijos e hijas convivieran con chavos banda a quienes calificaban de lo peor[4].

Considero que el primer motor para trabajar con los excluidos es el corazón. Es el amor, cariño, simpatía, compasión –o como se le quiera llamar– por ellos. Ya después habrá qué ver cómo, cuando, métodos, etc.

Humildad. No podemos intentar ayudar al otro desde la arrogancia. Hay debilidades que son visibles, por ejemplo inhalar cemento en las calles o estar en la esquina prostituyéndose, pero todos de alguna u otra manera somos “manchados” ante Dios. Nadie puede arrojar la primer piedra al caído del camino. La humildad significa ponerme de rodillas para servirlos, para lavarles los pies. ¿Cómo se traduce esto concretamente? En un nacer de nuevo para ellos y con ellos. Hay que “entrar” en su mundo, en sus broncas en sus esperanzas. En mi caso por ejemplo, yo no había escuchado antes el rock (TRI, Haragán, Banda Bostik, etc.), no entendía su propio lenguaje (argot, albures, chistes, etc.), no sabía lo que significa vivir sin trabajo y con un padre alcohólico, por ejemplo, así es que tuve que aprender a nacer de nuevo a partir de ellos.

Es necesaria la humildad para avanzar a su ritmo y al ritmo que Dios quiere. Hay veces que se desanima uno y parece que se pierde el tiempo, porque ellos no avanzan como uno quisiera, siguen drogándose, peleándose o robando, por ejemplo. Pero hay momentos extraordinarios de “conversión”, o de “encuentros con Dios”, que marcan sus vidas y la vida de evangelizador para siempre.

Creatividad.

 Se necesita ser muy dinámicos para trabajar con ellos. Pero si se tiene amor, las ideas creativas: partidos de futbol, conciertos de rock, peregrinaciones, películas, juramentos (con la frase: “Fui desapenjedado un mes”), reconciliaciones con entrega de armas, testimonios, etc., van saliendo poco a poco. En este contexto surgió una lectura de los Evangelios, desde abajo, a partir de su propio lenguaje. Recuerdo que un día uno de ellos me dijo: “Háblame de Cristo pero que yo le entienda valedor.” Entonces tuve la idea de ir traduciendo textos de los Evangelios con el lenguaje de la Banda[5].

Ya para terminar recomiendo también: 1). trabajar con ellos en dos niveles: colectiva e individualmente. Hay que hacer reuniones de grupo pero también visitarlos y conocerlos individualmente. Creo que es en el dialogo interpersonal (en el cara-a-cara como diría Emmanuel Levinas) que más logros se pueden obtener a largo plazo. 2). Pedir ayuda a profesionales para trabajar con ellos ciertos temas. Doctores para temas de sexualidad, Abogados para que conozcan sus derechos, Psicólogos, Matrimonios estables, etc. En este aspecto siempre hay gente capacitada profesionalmente y que está deseosa de participar también en el aliviane de la banda. 3). La oración. Para recordarnos que la obra de evangelización no es nuestra sino que viene de Dios. Nosotros no somos sino simples instrumentos en las manos de Dios. Nosotros sembramos, quien hace crecer la semilla es Él. Ánimo, no hay mejor trabajo que poner nuestros dones al servicio de nuestros hermanos.

[1] Enrique DUSSEL, Filosofía de la liberación, Ed. Contraste, México,1989 [1977], p. 15.

[2] Cfr. Fco. Xavier Sánchez Hdez., “Redes sociales y responsabilidad social”, en Rogelio del Prado Flores (Coordinador), Ética y redes sociales, Ed. Tirant Humanidades, México, 2014, p. 229-250.

[3] Francisco MERLOS A., Pastoral del futuro. Tensiones y esperanzas, Palabra Ediciones, México, 2011, p. 105

[4] Los elementos que aquí señalo me parece que son comunes a cualquier tipo de trabajo con personas excluidas. Cfr. Benjamín BRAVO (Coord.), ¿Cómo hacer pastoral urbana?, Ed. San Pablo, México, 2013, en particular “Cómo acercarse a una pandilla como madre sustituta”, p. 53-72; Francisco CASTELLANOS y Tere LANZAGORTA, Pastoral de jóvenes en situaciones críticas, SERAJ, México, 1993.

[5] Ver: Francisco Xavier Sánchez y Federico Loos, Evangelio pa´la Banda, Prefacio de Vicente Leñero, Ed. San Pablo, México, 2014.

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