26. La Encíclica Laudato Si y su aplicación en nuestras familias

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26. La Encíclica Laudato Si

y su aplicación en nuestras familias

En estos días el Papa Francisco acaba de publicar su Encíclica Laudato Si. El título y el contenido hacen referencia al Cantico de las Creaturas de San Francisco de Asís: ¡Alabado seas mi Señor! Se trata de la primera Encíclica, en la historia de la Iglesia, que trata totalmente sobre el tema de la ecología. El texto es tan rico y tan denso que en este breve comentario sólo analizaremos sus implicaciones concretas para nuestras familias.

El Papa nos recuerda que la ecología tiene que ver con el mundo que es nuestra casa común. Y si bien el Papa hace una dura crítica al deterioro ecológico a nivel “mundial” (calentamiento global, extinción de especies, devastación de recursos naturales, consumismo salvaje, técnica sin ética, etc.), también indica que necesitamos comenzar por cambiar los hábitos a nivel “personal” y “familiar”. Indico al respecto 12 puntos concretos.

  1. Necesidad de conversación y de conversión. Mientras el problema del medio ambiente sea dejado sólo a políticos y ecologistas el mundo no cambiará. El cuidado de nuestra casa común, el mundo, implica el compromiso de TODOS: “Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces hu­manas, nos interesan y nos impactan a todos”. (14). Y ya para terminar la Encíclica, el Papa habla sobre la importancia de convertirnos al cuidado del medio ambiente: hace falta enton­ces una conversión ecológica, que implica dejar bro­tar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea.” (217).
  1. Cuidado del agua. El Papa concede gran importancia al tema del agua. El incremento de la población mundial y la contaminación del agua por parte de grandes industrias quimicas, hacen más difícil su acceso sobre todo a las personas pobres.Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el de­recho a la vida radicado en su dignidad inalienable”. (30). Aquí nos podemos preguntar: ¿Cuidamos responsablemente el agua en nuestras familias? ¿Estamos atentos para reportar fugas de agua en nuestra colonia? ¿Educamos a los niños responsablemente en el manejo del agua?
  1. Protección de la flora y de la fauna. La destrucción de las selvas y de los bosques en el mundo, así como la desaparición de especies animales, comienzan en nuestros hogares. La Amazonas queda muy lejos de México pero las plantitas y las mascotas de nuestras casas están muy cerca de nosotros. “Cada año desaparecen miles de especies vegetales y ani­males que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre. La inmensa mayoría se extinguen por razones que tie­nen que ver con alguna acción humana”. (33). La sensibilidad contra la violencia que padecemos mucho ahora en México comienza con el cuidado, el cariño y la protección, de los seres vivos vegetales y animales que comparten nuestro entorno. Es importante enseñar a los niños la cultura de la protección hacia plantas y animales. Tener una maseta, un árbol en la banqueta, o una mascota en el hogar, implican responsabilidad y compromiso.
  1. Buscar alternativas urbanas. Hay grandes ciudades en México donde se ha vuelto prácticamente inhumano vivir. Hoy advertimos, por ejemplo, el crecimien­to desmedido y desordenado de muchas ciudades que se han hecho insalubres para vivir, debido no solamente a la contaminación originada por las emisiones tóxicas, sino también al caos urbano, a los problemas del transporte y a la contamina­ción visual y acústica. Muchas ciudades son gran­des estructuras ineficientes que gastan energía y agua en exceso.” (44) Ante la seducción de grandes constructoras que buscan atraer personas a sus viviendas, ocasionando un hacinamiento humano, es necesario –en la medida de lo posible– buscar otras alternativas de vivienda. Para la elección de una casa debemos tomar en cuenta la dimensión ética y ecológica de nuestra decisión.
  1. Fomentar una espiritualidad ecológica. En nuestra lectura de la Biblia debemos tener presente el cuidado de la naturaleza al que estamos llamados. El Papa en el Número 68 de su Encíclica nos recuerda por ejemplo (entre muchas otras citas más), un pasaje bíblico que dice: «Si ves caído en el camino el asno o el buey de tu hermano, no te desentenderás de ellos […] Cuando encuentres en el camino un nido de ave en un árbol o sobre la tierra, y esté la madre echada sobre los picho­nes o sobre los huevos, no tomarás a la madre con los hijos.» (Dt. 22,4.6). También el Papa Francisco nos recuerda ser agradecidos con Dios por sus maravillas, y nos dice ya casi para terminar su Encíclica: “Una expresión de esta actitud es detenerse a dar gracias a Dios antes y después de las co­midas. Propongo a los creyentes que retomen este valioso hábito y lo vivan con profundidad.” (227)
  1. Amar nuestras raíces geográficas y culturales. En México tenemos una biodiversidad extraordinaria así como una gran riqueza cultural. No tenemos dificultad para vivir lo que el Papa nos pide: “El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios. La historia de la propia amistad con Dios siempre se desa­rrolla en un espacio geográfico que se convierte en un signo personalísimo, y cada uno de noso­tros guarda en la memoria lugares cuyo recuerdo le hace mucho bien. Quien ha crecido entre los montes, o quien de niño se sentaba junto al arro­yo a beber, o quien jugaba en una plaza de su barrio, cuando vuelve a esos lugares, se siente lla­mado a recuperar su propia identidad.” (84).
  1. La deshumanización a causa de una técnica sin ética. Vivimos en una sociedad cada vez más avanzada tecnológicamente pero a la vez más inhumana. «el hombre que posee la técnica sabe que, en el fondo, esta no se dirige ni a la uti­lidad ni al bienestar, sino al dominio; el dominio, en el sentido más extremo de la palabra». (87). Es importante que en los hogares se enseña que la técnica debe estar al servicio del hombre y no la inversa. ¿De qué sirve tener un teléfono de última generación, o cientos de amigos en las redes sociales, si no somos capaces de comunicarnos con quien está a nuestro lado? La técnica separada de la ética difícilmente será capaz de autolimitar su poder”. (136).
  1. El consumismo hace del mundo un basurero. Una buena parte de la Encíclica denuncia los estragos de una sociedad de consumo –del compra y tira– que ha hecho del mundo un inmenso basurero. Lógica del « usa y tira », que genera tantos residuos sólo por el deseo des­ordenado de consumir más de lo que realmente se necesita.” (123). El comprar sólo lo que necesitamos es un acto ético y religioso en el cual rechazamos ser titeres de intereses económicos que deshumanizan al hombre y destruyen al mundo. «Comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico» (206).
  1. Limpieza y dignidad en el hogar. El respeto y cuidado del medio ambiente comienzan con la limpieza y orden en nuestro hogar. En algu­nos lugares, donde las fachadas de los edificios están muy deterioradas, hay personas que cuidan con mucha dignidad el interior de sus vivien­das, o se sienten cómodas por la cordialidad y la amistad de la gente.” (148). El cuidado de nuestro entorno comienza en nuestro propio hábitat: la casa, recamara, taller, oficina, etc. donde vivimos y nos desarrollamos día a día. Para limpiar, transformar, y hacer más hermoso nuestro planeta, debemos comenzar en nuestro propio espacio geográfico.
  1. Exigir a nuestros políticos el cuidado del medio ambiente. Finalmente el Papa lanza una severa crítica a una política que ha descuidado la dimensión ética por cuestiones económicas y de poder. La política y la economía tienden a culpar­se mutuamente por lo que se refiere a la pobreza y a la degradación del ambiente.” (198). En México todavía tenemos mucho por hacer en lo referente al tema de la justicia social y de la ecológica. No tenemos ningún partido que haya tomado con seriedad la preocupación por el medio ambiente. Por lo tanto todos somos responsables de exigir a nuestros gobernantes el cuidado y la protección del entorno en el cual vivimos.
  1. Educar en la responsabilidad ambiental. Es necesario que en las escuelas y en los hogares eduquemos al compromiso que tenemos, como habitantes de la tierra, a buscar un mejor planeta: La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia di­recta e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá co­mer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias.” (211).
  1. Importancia de la familia para la transformación social. La familia es el hogar pequeño donde aprendemos a relacionarnos con nuestros hermanos y con el mundo (nuestro gran Hogar). “En la familia se cultivan los primeros hábitos de amor y cuidado de la vida, como por ejemplo el uso correcto de las cosas, el orden y la limpieza, el respeto al ecosistema local y la protección de todos los seres creados. (…) En la familia se aprende a pedir permiso sin avasallar, a de­cir «gracias» como expresión de una sentida va­loración de las cosas que recibimos, a dominar la agresividad o la voracidad, y a pedir perdón cuando hacemos algún daño.” (213).

“Laudato Si”, una Encíclica hermosa y profunda que invito a leer, reflexionar en familia y ponerl en practica

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México, a 5 de Julio de 2015

 

 

 

 

 

 

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