37. Religión católica y crisis de civilización en México

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37. Religión católica y crisis de civilización en México

Comparto con ustedes un artículo que será publicado próximamente en la Revista Vida Pastoral de los Paulinos. Me pidieron un artículo sobre religión y política y he analizado lo que vivimos ahora en México. 

Hay quienes consideran que la religión católica no debe meterse en política, porque son dos cosas distintas. Pensar así es desconocer tanto la esencia del cristianismo como la de la política. El mensaje central de Cristo tiene como base la construcción de un mundo más justo y fraterno. “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás les será dado por añadidura” (Mt. 6, 33). Por otra parte la política debe buscar el bien común y dentro de estos bienes está la libertad de creencia. Cuando Karl Marx a mediados del siglo XIX afirmaba que “la religión es el opio del pueblo”, es porque seguramente desconocía la esencia misa de la religión –en todo caso del cristianismo– que consiste en ser levadura, fermento, para una sociedad más justa. De hecho las primeras comunidades cristianas vivieron lo que algunos consideran una primera forma de sociedad colectiva, muchos siglos antes de Marx. Después de los cuatro evangelios, que narran la vida y el mensaje de Jesucristo, el quinto libro del Nuevo Testamento se llama “Hechos de los Apóstoles” (praxis en griego) y nos dice lo siguiente: “Todos los que habían creído estaban juntos y tenían en común todas las cosas: vendían sus propiedades y sus bienes y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Perseveraban unánimes cada día en el Templo, y partiendo el pan en las casas comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hechos 2, 44-46). A continuación, y tomando como base esta preocupación bíblica por la justicia, presento una reflexión sobre la religión católica y la crisis de civilización en México.”

Religión. La religión en un sentido amplio, debe ser entendida como un medio de comunicación, ligación, de unión, entre los hombres y Dios. Etimológicamente, en una de sus acepciones más conocida, la palabra religión viene del latín religare, es decir re-ligar, unir o más bien relacionar a los hombres con Dios.[1] La religión hace parte de la historia misma de la humanidad y es prácticamente tan antigua como el hombre mismo. Podemos decir que el ser humano tiene necesidad de creer. ¿Por qué? El historiador de religiones Mircea Eliade responde que el hombre en su busqueda de un sentido por la vida y por el cosmos no se conforma con una explicación profana, busca un fundamento trans-humano, o trascendente, que de fundamento a la realidad que él vive. No se trata por lo tanto de una evasión de la realidad, sino al contrario, de una explicación de la realidad a partir de otra “realidad superior” difícilmente conocida por la razón humana. Explicación que sólo se consigue “medianamente y de forma imperfecta” a través de la imaginación y en forma de poesía, a través de los mitos fundadores de las grandes civilizaciones. “Ningún dios, ningún héroe civilizador ha revelado nunca un acto profano. Todo lo que los dioses o los antepasados han hecho, es decir, todo lo que los mitos refieren de su actividad creadora, pertenece a la esfera de lo sagrado y, por consiguiente participa en el Ser. Por el contrario, lo que los hombres hacen por su propia iniciativa, lo que hacen, sin modelo mítico, pertenece a la esfera de lo profano: por tanto, es una actividad vana e ilusoria; a fin de cuentas, irreal.”[2] Las religiones en la historia de la humanidad han ido evolucionando, y esto es algo muy importante que no debemos olvidar; pasando de “religiones míticas” a religiones más basadas en la razón, o también llamadas “religiones naturales”, y finalmente a “religiones reveladas”, que tienen como fundamento la exterioridad de Dios que se dirige al hombre para revelarle su Palabra. Por lo tanto podemos decir que si la esencia de toda religión es buscar unir –relacionar– al hombre con Dios, y si el hombre mismo va evolucionando en la comprensión que tiene de él mismo y de Dios; por lo tanto las religiones están llamadas a evolucionar para saber adaptar su mensaje y la mediación que ellas buscan establecer entre los seres humanos y Dios. En esta reflexión me centraré en particular la religión católica, porque es la más difundida en nuestro país México y en la que yo mismo participo.

Crisis. ¿Qué debemos entender por la palabra crisis? Esta palabra viene del griego krisis (del verbo krinein), que significa “separar” o “decidir”. Crisis es algo que se rompe y que necesita ser analizado. La crisis nos obliga a pensar, a analizar y decidir. Esta palabra griega encierra también la idea de un cambio brusco, para bien o para mal, que se produce en una enfermedad, o en procesos físicos, históricos o espirituales, por ejemplo. Por lo tanto esta palabra, “crisis”, encierra la idea de tomar una decisión ante cambios importantes que se están produciendo. Se ha roto una cierta continuidad que se venía dando y es necesario analizar estos cambios para tomar una decisión, de lo cual puede resultar algo bueno y favorable o malo y perjudicial. Por lo tanto atravesar una crisis no es necesariamente una mala noticia, ya que de la decisión que tomemos puede resultar algo mejor (o de lo contrario peor) a la situación actual. Se puede hablar en este caso de crisis vocacional, matrimonial, política, etc., diferentes situaciones que piden ser analizadas para tomar una decisión y un cambio de rumbo. El padre de la fenomenología Edmund Husserl (1859-1938) en su último libro La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental (1937)[3] analiza la crisis de la cultura europea en los primeros treinta años del siglo XX, en pleno auge del nacismo y de la división europea. Para Husserl la sociedad europea se encontraba enferma por haber descuidado la dimensión espiritual, trascendental del ser humano. Se había confiado mucho en las ciencias positivas (ciencias naturales) y se había descuidado la capacidad creadora del ser humano (ciencias del espíritu). Husserl sugería una revisión de la cultura europea a través del método fenomenológico que él proponía. Sin embargo el objetivo de nuestra reflexión es analizar la relación que existe entre la religión católica, y la crisis de civilización en México. ¿Qué debemos entender por civilización?

Civilización[4]. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define civilización como el «conjunto de ideas, creencias religiosas, ciencias, artes y costumbres que forman y caracterizan el estado social de un pueblo.»[5] Ciertamente, la civilización no hace referencia a un individuo, sino a una colectividad, bien sea un pueblo (civilización eslava), una nación (civilización española), un grupo religioso (civilización cristiana), un grupo lingüístico (civilización árabe), una serie de pueblos de una determinada área geográfica (civilización europea). ¿De qué tipo de civilización hablamos aquí? Hablamos de la civilización mexicana. Vivimos en un mundo cada vez más globalizado que, principalmente a causa de la economía y de los medios de comunicación, poco a poco ha ido tomando forma de una gran “civilización mundial”, que es dirigida hegemónicamente por los interés de unos cuantos. En este caso si hablamos de una crisis de la civilización mexicana, es importante buscar los orígenes de esta crisis en elementos endógenos (internos) pero también exógenos (externos) que han contribuido para agravar esta crisis. ¿Y por qué hablamos de crisis de la civilización mexicana? Basta con leer las noticias, escucharlas por la radio, verlas en la televisión, o salir simplemente a la calle, para darnos cuenta de que “no estamos bien”. Nuestra sociedad mexicana está enferma. Pasamos por una crisis de civilización que es necesario analizar para detectar el mal, o los males que nos aquejan, y proponer alguna alternativa. Algunos elementos que nos muestran la crisis que como mexicanos estamos viviendo tanto a nivel político, económico, cultural, moral y religioso, son los siguientes.

  • Políticamente. Una buena parte de nuestros dirigentes políticos, por no decir la gran mayoría, no buscan llegar a los cargos políticos para ayudar a la población sino por intereses personales. La política en nuestro país se ha prostituido, los cargos los obtiene el mejor postor, no siempre el más honesto o el más preparado. Lo peor de todo es que esta crisis política ha contagiado también a una buena parte de la población; en las pasadas elecciones presidenciales se ha comprobado que mucha gente cambió su voto por una tarjeta de despensa o por distintos beneficios personales. En esta crisis política, prácticamente todos los partidos están implicados de una o de otra manera. Sin embargo también detectamos elementos positivos en todo esto, como lo muestran por ejemplo el movimiento juvenil “#yo soy 132” surgido en las pasadas elecciones presidenciales y que ha exigido justicia y transparencia política, y sobre todo el movimiento de resistencia encabezado por los padres de los 43 estudiantes normalistas de la Escuela rural de Ayotzinapa, que a más de 1 año de la desaparición de sus hijos, no han dejado de exigir justicia.
  • Económicamente. Vivimos en un país marcadamente desigual desde el punto de vista económico. Un país donde reside uno de los hombres más ricos del mundo así empresarios que han creado grandes emporios comerciales; pero también una gran mayoría de la población que carece de lo mínimo indispensable para poder vivir dignamente. Como lo indica la Conferencia del Episcopado Mexicano: “El 35.8 por ciento (equivalente a 40.3 millones de personas) de la población mexicana vive en condiciones de pobreza, mientras que el 10.4 por ciento (equivalente a 7 millones de personas) vive en pobreza extrema. Así las cosas, más de 47 millones de mexicanos no tienen acceso a los bienes mínimos para poder vivir de acuerdo a las exigencias elementales de su dignidad.”[6] Por otra parte algunos de los principales lideres sindicales de nuestro país son conocidos por su opulencia y el nivel de corrupción al que han llegado. ¿Cómo ha afectado todo esto a la población? Ha incrementado el comercio informal, familias desunidas a causa del trabajo, así como también robos, secuestros, y otros delitos de menor o mayor grado cometidos por una parte de la población.
  • Si Marx decía a mediados del siglos XIX que “la religión es el opio del pueblo”, es porque no conocía la programación de nuestras dos grandes televisoras mexicanas (Televisa y TV Azteca). Vivimos en un país heredero de grandes civilizaciones precolombinas que poco a poco ha ido desvirtuando el legado de nuestros antepasados. Es verdad que tenemos grandes talentos en México, sin embargo a nivel de la población en general, la cultura parece un elemento de lujo e inaccesible. Lo que está al alcance de la población es una pseudo-cultura que, bajo el amparo y protección de intereses económicos y políticos, busca enajenar a la gente distrayéndola de la verdadera cultura que es fuente de crecimiento y de promoción humana.
  • Podemos decir brevemente que la moral (del latín mores, “costumbres”) es el conjunto de reglas o normas que rigen la conducta de un ser humano en relación a la sociedad. En México pareciera ser que la búsqueda por la sobrevivencia diaria en el trabajo, en la familia, en el tráfico, etc. es más importante que las normas o principios morales. Vivimos en una sociedad que de cierta manera ha llegado a banalizar el mal. En 1961 la filosofa alemana de origen judío Hannah Arendt (1906-1975) publicaba un libro con el título: Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal. Esta frase nos hace pensar en la violencia y el desprecio por la vida que vivimos ahora en México. El tema del mal se está convirtiendo en un elemento común y banal en nuestras vidas, y esto es algo terrible. ¿Qué cosa es lo banal? Lo banal es lo ordinario, lo común, lo frecuente, lo que ya no causa asombro. Nos estamos acostumbrando al mal y estamos acostumbrando a los niños y a los adolescentes a vivir en una sociedad llena de odio, violencia, crímenes, muerte, en donde no importa el bien del otro sino el egoísmo.
  • La religión es uno de los elementos esenciales que conforman una civilización. México desde sus orígenes prehispánicos tiene raíces profundamente religiosas. Las apariciones de la Virgen de Guadalupe en 1531, diez años después de la caída de México-Tenochtitlan, van a consolidar a la religión católica como la religión de la gran mayoría de los mexicanos.[7] Sin embargo observamos que si bien una parte de la Iglesia católica ha acompañado a la población en su búsqueda de dignidad y de justicia, a través de una evangelización liberadora (podemos citar entre otros los casos de Fray Bartolomé de las Casas, del cura Miguel Hidalgo, o recientemente de los obispos Samuel Ruíz y Raúl Vera y de los padres. Alejandro Solalinde y Miguel Concha), otra parte de la Iglesia jerárquica se ha aliado al poder o ha permanecido silenciosa y no han sabido o querido acompañar a sus files en los momentos de crisis por los que atraviesan.  

[1] Cfr. Jean Greisch, Le buisson ardent. La naissance de la philosophie de la religión, Ed. Cerf, Paris, 2000.

[2] Mircea ELIADE, Lo sagrado y lo profano, Ed. Paidós, Barcelona, 1998, p. 73.

[3] Edmund HUSSERL, La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, Ed. Prometeo, México, 2010.

[4] Etimológicamente, la palabra “civilización” deriva indirectamente del latín civis (ciudadano) a través de civil y civilizar. Y la palabra “cultura” proviene del latín cultus que a su vez deriva de la voz colere que significa cuidado del campo o del ganado. En este sentido, y en contraste con el término más colectivo de civilización, la cultura se refiere más directa y propiamente al individuo.

[5] Diccionario de la Real Academia Española de la lengua

[6] Conferencia del Episcopado Mexicano, Educar para una nueva sociedad. Reflexiones y orientaciones sobre la educación en México, CEM, México, 2012, p. 33. Se cita como fuente de las estadísticas a: Pobreza en México y en las Entidades Federativas 2008-2010, Julio de 2011.

[7] Cfr. Francisco Xavier SÁNCHEZ HERNÁDEZ, “El ícono de la Virgen de Guadalupe: una reflexión sobre la conformación de la identidad nacional”, en Dora Elvira GARCIA, Ivón CEPEDA, Shannon Anne SHEA (Coordinadores), Visiones de México 1810-2010. Devenires de una identidad cultural, Ed. Tec de Monterrey y Ed. Porrúa, México, 2010, p. 21-41.

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