1. Carta para Dios

Posted on

1. Carta para Dios

Aunque en este blog hasta ahora he publicado textos sólo míos, en esta ocasión comparto un texto intitulado “Carta para Dios” que me ha enviado un conocido/a mío/a. Aprovecho para desearles una Feliz Año 2016, es decir un año gastado al servicio de nuestros hermanos.

Querido Dios; te escribo esta carta porque me he dado cuenta de que te he tenido olvidado, no ayer, no estos últimos años, si no prácticamente toda mi vida. Eso no quiere decir que no haga oración, que no te mencione frente a otros, y que no acuda a la Iglesia, por el contrario, todas esas obras las hago o he hecho de manera regular. Sin embargo, me he puesto a reflexionar en cómo las hacía. Sintiéndome feliz porque normalmente me iba bien. Pero ahora que me ha ido mal, es que me he puesto a reflexionar en que quizá estaba viviendo mi Religión con tibieza, y no con gratitud.

Tú bien sabes lo que he vivido recientemente, y aquellas experiencias que han marcado mi vida hasta el día de hoy. Y es que hoy me he dado cuenta de que no he sido justo/a contigo. Las tribulaciones y angustias que he vivido en los últimos días, me han hecho pensar en cómo estoy viviendo mi Fe. Nadie mejor que Tú sabe que he actuado mal y que me extravíe de aquel camino del bien, que me llevaba hacia Ti. Nadie mejor que Tú, sabe la angustia y el sufrimiento que el haber fallado me ha traído.

Y es que me cuesta mucho reconocer que fallé, no es fácil aceptar mi error, especialmente cuando uno mismo creé que no comete errores. Sin embargo esa falla, ese pecado cometido me ha hecho alejarme tanto de Ti, hasta llegar a acercarme como nunca antes lo había hecho.

Contradictorio..? Así es la dualidad humana, esa lucha interna entre el bien y el mal. Así fue la batalla que recientemente viví, en la que por cierto; tristemente perdí. Me duele tanto reconocer que yo actué tan mal, creyéndome tan inteligente, me equivoqué con todo y en todo lo que pude. Y fue curioso cómo al verme caído, vencido por el enemigo, fue cuando abrí los ojos y supliqué entonces Tu perdón, Tu ayuda, Tu misericordia. Porque me di cuenta de que esa batalla no la podía ganar yo solo. Me di cuenta de que todo lo que humana y terrenalmente pudiera hacer, no me iba a salvar de mis enemigos, ni de todo lo que yo mismo me busqué.  

Por eso es que creo que no he sido justo contigo. El dolor y el temor que surgieron de mi falla, me llevaron incluso a preguntarte: ¿Cómo fue posible que me hubieras abandonado? ¿Cómo era posible que habiendo tantos Santos, Ángeles, y tantos seres que se supone que cuidan de mí, me hayan dejado caer tan bajo, me hayan dejado tan solo cuando necesitaba su ayuda? ¿Cómo fue posible que Tu Madre, que también es mía, me haya dejado sin su protección? ¿Cómo si yo les oro y les pido, aún así me dejaron equivocarme y me dejaron solo contra ese enemigo que me engañó, contra las personas que me quisieron hacer daño. En ese momento sólo sentimientos de angustia y soledad me invadían. ¿Por qué nadie en el cielo me detuvo para que yo no pecara? Y no solo me atreví a culpar a las Divinidades, sino que además culpé también a los seres malignos, porque ellos me tentaron, porque por culpa de ellos yo caí.

Me avergüenza reconocer que no fui capaz de aceptar que fui yo, y solo yo, quien se equivocó, porque para ello nos diste libre albedrío, para decidir la manera en la que hemos de actuar. Para elegir entre el camino del bien, o del mal. Y es que aquel camino del mal, se veía tan normal, tan fácil, tan bueno, tan… ¿qué podía pasar? Pero como todo lo que empieza mal, aquella experiencia terminó mal, y fue entonces cuando al verme tan solo, comencé a llamarte desesperadamente, lleno de angustia y temor. Pidiendo a todos los Santos que me ayudarán, pidiendo a los Ángeles y a Tu Santa Madre que intercedieran por mí. Fue cuando te dije: ¡Señor ven en mi auxilio, date prisa en socorrerme! Y así con esa prisa, te pedía desesperadamente que Tú resolvieras lo que yo hice mal. ¿Qué no acaso, para eso eres Dios? Tú puedes resolver todo. Tú me puedes rescatar. Porque me amas.Y entonces empecé a prometerte tantas cosas, tantos sacrificios, y comencé a ofrecerte mi angustia y mis lágrimas, y comencé a pedirte que vieras mi pena, que tomarás en cuenta todo ese sufrimiento que yo solo acarreé con mi falta. Y entonces me invadió la culpa, y creí que estaba bien todo ese dolor que estaba viviendo, al fin que yo me lo merecía, y que con eso, Tú me ibas a perdonar, Tú te ibas a apiadar de mi al ver cuánto sufría.

Fue entonces cuando esa voz sabia de la persona que pusiste en mi camino, me dijo: “Que no ves que Dios no te salva porque seas bueno? Así como tampoco te castiga cuando no lo eres. Él no es un Dios castigador, es un Dios de amor. Es un Dios lleno de bondad y misericordia. Él te salva porque te ama, y en su infinita misericordia te perdona. No te perdona porque seas la víctima, ni te pide que te sientas así, no te pide que le ofrezcas sacrificios ni te pide promesas. No te rescata de tu dolor, porque estés sufriendo mucho, Él lo hace porque Él ya sufrió por ti, Él ya entregó su vida en la Cruz por ti, por tus pecados. Dios es justo, pero su corazón misericordioso es más grande que todo lo que tú creas que te puedes merecer. No es por mérito tuyo que Él ya te salvó, que Él ya te perdonó. Así que perdónate tú, no te victimices, en cambio; procura cambiar, ser justo y vivir santamente. Si Dios es misericordioso contigo que eres pecador, tú sé misericordioso con tu prójimo, que esas son las obras que le son agradables al Señor”.

Al escuchar estas palabras me di cuenta de que debía orar, orar y orar, que debía hablarle a Dios desde mi corazón lleno de temor a causa de mi culpa, y entregarme a Él. Confiar en su infinita misericordia y poner mi vida, mi problema en sus manos. Esta ya no era mi lucha, era la de mi Dios, y a pesar de que yo me equivoqué, Él me ha dado otra oportunidad y me rescata con su victoria. Fue allí cuando me di cuenta de que nunca reconocí realmente las obras de Dios en mi vida, porque como dije antes; cuando todo estaba bien, yo estaba bien, y creía que era por mi mérito. “Oh… he obtenido este premio porque he obrado bien, esta recompensa me ha llegado porque trabajé duro por ella”. Y me di cuenta de cuan equivocado estaba; de cómo llegué a pensar en que cuando todo va bien, es porque me lo merezco. Y al escuchar que Dios me salva no porque yo sea bueno, comprendí que todo lo que tengo es porque Dios así lo ha querido, que todas las cosas buenas que han ocurrido en mi vida, es porque han sido obsequio de Dios para su hijo que no ha sabido agradecerlo. Y es cuando pienso; que debemos ser siempre agradecidos con el Señor por todo lo bueno que ha hecho en nuestra vida y por todas las bendiciones que derrama constantemente en nuestras vidas. En los momentos de angustia es cuando añoramos lo que teníamos en momentos de paz, y no sabíamos valorarlo ni mostrarle gratitud al Padre.

Gracias Señor porque escuchaste mi súplica, porque me miraste con ojos piadosos y porque me rescataste de aquello que me oprimía. Gracias porque me amas como soy. Gracias porque antes de que yo pecara, Tú ya me habías perdonado. ¿Cómo no voy a perdonarme yo mismo? Cómo no voy a dejar de inmolarme y ofrecerte promesas “a cambio” de que me ayudes. Me pongo a pensar: No debemos “regatearle” a Dios, ni jugar a hacer trueques con Él… “Si Tú me das esto, entonces yo te doy esto”. “Y gracias porque ya me diste esto, ¿y no podrías también darme esto otro?”, “Si me diste lo primero es porque seguramente me lo merezco, entonces puedes darme un poquito más”. En ese “regateo” ¿queremos poner a Dios a prueba? ¿Qué acaso no confiamos en todo lo que Él en su bondad puede hacer por nosotros?. Lo que pasa es que creemos que lo merecemos, y nos damos el lujo de pedir siempre más y más. Y entonces, cuando “no nos da, cuando no nos sale todo bien”, es cuando volteamos a decirle: “¿Por qué me haces esto a mí, por qué no me quieres ayudar? ¿Por qué no me escuchas? ¿Por qué me dejaste solo? Por qué me dejaste pecar? ¿Por qué si me amas…no resuelves mi problema pronto? ¿Por qué me dejas sufrir?.

Pero si nos sentimos tan solos y angustiados, es porque realmente sabemos que la culpa es solo nuestra, no es de Dios. Fallamos porque somos humanos, porque somos imperfectos, fallamos porque nuestro libre albedrío nos lleva al libertinaje de creer que somos libres de hacer lo que queramos, de tomar las decisiones que queremos, porque podemos, porque somos libres. Pero eso sí, cuando nos equivocamos y nos vemos acorralados, sin salida, corremos como hijos asustados al regazo del Padre a suplicarle que Él que todo lo puede, resuelva lo que ya hicimos mal. Al fin Él nos ama, y Él puede resolver todo. Y es entonces cuando agradecemos porque lo resolvió, pero esa gratitud la olvidamos en los tiempos de alegrías y bendiciones.

Hoy quise escribirte Señor para pedirte perdón, para reconocer todas las veces que me olvido de agradecerte. Para agradecerte porque con mi pecado, he vuelto a mirar cuánto me amas, así como soy, imperfecto, temeroso y errante. Perdóname Dios mío porque al fallar solo me preocupaban las consecuencias humanas, las consecuencias terrenales, porque soy frágil, porque no soy humilde. Enséñame a sentir temor de Ti, y solo de Ti cuando he fallado, enséñame a no culparte por mi falla, a asumir mi responsabilidad, y sobre todo; enséñame, ilumíname para nunca más pecar, porque pecando te fallo a Ti, te lastimo a Ti que eres todo amor. Le pido al Espíritu Santo que me ilumine para tomar decisiones correctas, para actuar acertadamente. Que me guíe en el camino de la justicia y la santidad. Que me permita hacer las obras de misericordia que muestren mi amor por los demás. Así como el Padre me ama, así yo debo entregarme y servir a los demás. Así sea.

                                                                      Atentamente: tu hijo que te ama.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s