12. Reyna, sobreviviendo a un cáncer terminal

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  1. Reyna, sobreviviendo a un cáncer terminal

El sábado pasado estaba yo terminando la misa de 6:00 pm cuando se acercó a mi una señora demasiado débil y demacrada, llevaba una caja de paletas y me preguntó si las podía vender con la gente que iba saliendo de esa misa (de XV años). Me dijo que estaba desahuciada de cáncer y que con eso se ayudaba para poder vivir. Le dije que sí y yo mismo anuncié por micrófono que a la entrada de la Iglesia estaba una señora vendiendo paletas para ayudarse porque estaba enferma de cáncer.

Fui a verla a la salida de la Iglesia cuando prácticamente se cayó frente a mí sin que yo pudiera detenerla. Se descalabró y quedó algo inconsciente por algunos momentos. Afortunadamente entre las personas había una enfermera que fue a auxiliarnos. Nos dijo que llamáramos una ambulancia porque la señora estaba muy mal. En cierto momento pensé que moriría allí a la entrada de la Iglesia. Sin embargo la Señora poco a poco fue reaccionando y nos dijo que no quería ser llevada al Hospital, que de hecho acababa de salir de uno porque la habían desahuciado, y ya sólo le habían dado medicina para el dolor pero que costaba muy cara. Le pedimos la receta pero en esos momentos no la tenía.

Le dije que me esperara y al terminar la última misa, de 7:00 pm, le puse el sacramento de la unción de los enfermos, rezamos en silencio y le di la comunión. Reyna tenía una cara de paz y una sonrisa tan hermosa –a pesar de su enfermedad y de su descalabrada– que se lo dije. Ella sólo me respondió:

–“Es porque Tata Dios ha sido muy bueno conmigo”.

Después la llevé a su casa con dos buenas samaritanas que nos acompañaron. En el breve trayecto a su casa nos fue contando todo el calvario que ha sido su vida. De 52 años de edad pero con la apariencia de una anciana de 70 y con 34 kgs. de peso. 4 hijos pero no cuenta con ninguno. Su esposo igualmente enfermo de gravedad. Vendiendo paletas de dulce para sobrevivir. Al terminar le di una pequeña ayuda y quedé de ir a visitarla nuevamente (¡ahora tengo que cumplirlo!)

Reyna, gracias por enseñarme a confiar cada día en Dios y hacerlo en todo momento a pesar de las dificultades, y vaya que tu bien que las conoces.

Gracias por enseñarme a sonreír sin saber si es la última sonrisa del día o de nuestra vida.

Gracias por enseñarme a trabajar honradamente a pesar del cansancio y la vejez.

Gracias por haberte cruzado en mi camino y haberme forzado a salir de mi egoísmo.

Reyna como tu Padre que es Rey. Yo te bendigo donde quiera que te encuentres. Amén.

Vista Hermosa, Tlalnepantla, Estado de México, 7 de Junio de 2016.

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