21. Homilía por XXV años sacerdotales

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21. Homilía por XXV años sacerdotales del P. Francisco Xavier

 Mi nombre es Francisco Xavier. Francisco por voluntad de mi madre Micaela, que es devota y enamorada de Francisco de Asís, nuestro santo predilecto. De Francisco amo su libertad, su amor por la ecología, pero sobre todo por habernos enseñado que sin la dama pobreza no podemos con radicalidad seguir a Cristo. Y el Xavier me viene de mi madrina que me dejó como modelo a San Francisco Xavier, otro de los grandes de la Iglesia. Patrono de las misiones y uno de los primeros compañeros de Ignacio de Loyola. Quién iba a decir que con los nombres que llevo –de estos dos grandes santos– ya se prefiguraba en mí la búsqueda de libertad y el amor misionero por la humanidad.

Soy hijo de Benjamín y Micaela, originarios de Acatzingo, Puebla. De mi padre, que tuvo muy pocos estudios y que ejerció el ofició de la carpintería, aprendí su curiosidad y su deseo porque yo me superara. Aún recuerdo aquellos discos de música clásica que con enormes sacrificios me compró un día y me regaló diciéndome: “Esta es la música que escuchan los ricos.” Y su famosa frase: “Colegio, colegio y más colegio”, que me repetía siempre, sobre todo cuando llegaba algo tomado a la casa. De mi madre aprendí amar a Dios por encima de todas las cosas. A tal punto que mi vocación tiene que ver tanto con ella, que varias veces me llegué a preguntar, si mi vocación era realmente mía o era para satisfacer su voluntad. Aún ahora 25 años después sigo sin saberlo. Sin embargo creo que Dios se vale de todo para llamarnos. Y si se valió de Mónica para llamar a su hijo Agustín de Hipona, seguramente se valió de Micaela para llamarme a mí. Y si no, habría que preguntarle al profeta Jeremías que en la primera lectura nos cuenta algo de su vocación. «Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te había consagrado y destinado para que fueras mi profeta entre las naciones.»

Eclesialmente nací en pleno Concilio Vaticano II, que duró de 1962 a 1965. Concilio que por voluntad de Papa bueno, Juan XXIII, buscaba el aggiornamento en la Iglesia, es decir adaptarla a las necesidades del mundo de aquel tiempo. Abrir las ventanas de la Iglesias a los clamores de la gente. Es tal vez por esta razón histórica que aún hay luchas internas en mí. Entre una Iglesia rancia y anquilosada, que quisiera yo dejar, y otra más profética y de vanguardia que siempre he buscado. Culturalmente nací un año después de que Emmanuel Levinas publicara Totalidad e Infinito, que es el libro filosófico que más ha influido en mi vida, al igual que en literatura lo ha hecho El principito de Antoine de Saint Exupery. Socialmente y desde la perspectiva de los derechos humanos, nací un año antes de que el Reverendo Martin Luther King dijera su famoso discurso en Washington “I have a dream” (tengo un sueño). Luther King y Gandhi, han sido dos de mis súper héroes favoritos que –al igual que el hombre araña– acompañaron parte de mi infancia y adolescencia y poblaron mis sueños.

Por azares del destino nací en Tuxtla Gutiérrez Chiapas. Y durante los casi primeros tres años de mi vida fui hijo de una madre soltera hasta que mi padre y ella decidieran juntarse nuevamente. Y digo todo esto no para “balconear” a mis padres, sino porque todo esto ha tenido gran importancia en lo que soy ahora. Y si no, habría que preguntárselo a Freud y a su famoso complejo de Edipo y a su teoría psicoanalítica. Aunque a Freud no le creo todo, sin embargo me ha ayudado algo a entender mis propios complejos.

En definitiva nací en Tuxtla Gutiérrez Chiapas, crecí en el Estado de México y fui educado, en su gran mayoría, en Paris, Francia (durante poco más de 11 años). Un poquito de todo en mi vida.

Llegamos a la ciudad de México los tres: Benjamín, Micaela y yo, con muchos sueños en la cabeza y con muy poco dinero en los bolsillos, o más bien tendría yo que decir, sin dinero. Igual que la mayoría de los migrantes que llegan a las grandes “ciudades-espejismo” para intentar mejorar sus vidas. Es decir que nací pobre y con la añoranza de un futuro mejor, que al principio pensé sólo fuera para mí, pero que después entendí que es necesario que lo sea para todos. Es por tal razón que no me ha costado trabajo convivir, adaptarme y amar a los pobres porque yo así nací y crecí. Lo de mi “falso aburguesamiento” vino después. Como dice la canción de Evita. “Nadie podría imaginar, que a pesar de estar ahora aquí, soy del pueblo y jamás lo podré olvidar, debéis creerme, mis lujos son solamente un disfraz, un juego burgués nada más, las reglas del ceremonial.”

Desde niño nunca acepté el mundo que me tocó vivir. Un puñado de gente que tiene demasiado y la gran mayoría que no tiene lo necesario para poder vivir. Recuerdo que de niño –y aún sin haberlo leído los Manuscritos de 1844 de Karl Marx y sin entender todavía lo que Cristo llama el Reino de Dios– yo sabía que el mundo estaba muy mal administrado. El salario mínimo en México es un insulto y la corrupción e impunidad que sufrimos es un pecado social muy grave que provoca la muerte física, moral y cultural de la mayoría de mexicanos y que ofende a Dios. ¿Y que tiene que ver todo esto con mi sacerdocio? Tiene que ver mucho, ya que la esencia de mi sacerdocio siempre ha estado centrada en la búsqueda de la justicia. Yo nunca he concebido a un Dios distante de las necesidades concretas del hombre y alejado de los problemas del mundo. Pensarlo así sería una herejía. Por eso mi tesis de Doctorado en Filosofía fue sobre: “La verdad y la justicia en el pensamiento de Emmanuel Levinas.

La historia de mi vocación es especial, como lo es la de todos aquellos que hemos sido llamados al servicio del Señor. De chico soñaba con estudiar mucho para ser rico, casarme –de preferencia con una chica linda–, y llevar una vida tranquila y apacible como la minoría de la población. Sin embargo Dios tenía otros planes para mí. Y fue leyendo una revista de los Misioneros Combonianos que el Señor me llamó a su servicio. No contaré aquí todos los detalles de  aquel llamado. Posteriormente por diferentes razones dejé la Congregación de los Misioneros Combonianos, ya siendo diácono, pero nunca he dejado el amor por las misiones.

Fui ordenado un 24 de Noviembre de 1991, en la Colonia El Carmen, de Valle de Chalco, Estado de México. La zona más pobre de la periferia de la Ciudad de México en aquel tiempo. Lugar que el Papa Juan Pablo II visitó (9 de Mayo de 1990), para dirigirse a los más pobres, poco tiempo antes de que yo recibiera el don del sacerdocio. Es la ordenación sacerdotal más lindo en la que he participado (y deseo que todos mis co-hermanos sacerdotes puedan decir lo mismo de suya). Fue una ordenación muy sencilla que se celebró afuera del templo, que era un pequeño jacalón de laminas sin lugar suficiente para tanta gente. Por lo tanto tomamos la decisión de realizar la ceremonia afuera del tempo, en la plaza pública, frente a la Biblioteca recién construida de la Colonia. Creo que con esto ya se profetizaba un poco mi profundo deseo de trabajar sacerdotalmente sobre todo con aquellos que están al “margen”, o incluso totalmente “afuera” de la Iglesia. Y también el hecho de que yo también sería por varios años “un ratón de biblioteca”.

He tenido experiencias pastorales muy variadas que han hecho de mi un hombre universal y aprendiz de humanidad.

  • Con chavos banda en el Valle de Chalco y en Nezahualcóyotl, Edo. de México, con quienes comprobé que las drogas la violencia y el alcohol, tienen mucho que ver con las carencias de oportunidades de desarrollo. Con lo que Amartya Sen llama la imposibilidad de apoderarse de sus propias capacidades. Entre ellos, entre la música del rock y el “aliviane” a la banda, surgió mi libro: Evangelio pa la Banda. Que escribí en coautoría con mi valedor el P. Federico Loos (que es uno de los sacerdotes que más aprecio y admiro por su radicalidad evangélica), y que posteriormente se publicó con un prefacio de Vicente Leñero.
  • Con jóvenes de Síndrome de Down (o trisomía 21) en Paris. En un proyecto por integrar a jóvenes “normales” con jóvenes con trisomía 21, realizamos un trabajo muy hermoso en la Parroquia Saint Hippolyte, en Paris, que dio como resultado la formación del grupo “joie de vie” (alegría de vivir). Uno de mis mejores amigos es Julien Faure (gran pintor con trisomía 21), con quien me hospedo en cada una de mis viajes a Francia.
  • Con divorciados vueltos a casar. Gracias al coraje y valor evangélico del P. Guy de Lacheaux, quien siempre se ha preocupado por integrar a parejas de católicos que por alguna razón fracasaron en su matrimonio por la Iglesia, pero que luego de unirse a otra pareja viven bien y desean estar unidos a la Iglesia, pude colaborar un poco en este ministerio tan hermoso donde nos falta aún mucha comprensión y misericordia. En mi blog recibo aún muchas consultas sobre este tema.
  • Escuchando y confesando a gente de muchas partes del mundo durante los cinco años que fui capellán-confesor en la hermosa Catedral de Notre Dame de Paris, pude escuchar personas de muchas nacionalidades, a veces increyentes, con necesidad de escucha. En Notre Dame abrí mi corazón a la miseria humana y me di cuenta que las lagrimas tienen el mismo color y fluyen de la misma manera en rostros blancos, asiáticos, negros o morenos. Y como dice el filósofo judío Hermann Cohen, no podemos aceptar el monoteísmo si antes no hemos aceptado el mono-antropismo, a la idea de un sólo Dios corresponde la idea de una sola humanidad.
  • Como profesor de escuelas privadas y públicas. Después de tantos años de estudio ahora la mayor parte de mi ministerio sacerdotal lo ejerzo en las aulas universitarias. Con respecto a las universidades privadas y elitistas en las que he dado clases, yo estoy como la Madre Teresa de Calcuta pero al revés. Ella comenzó trabajando con niñas ricas y terminó con los pobres. Yo empecé con los pobres y ahora trabajo con los ricos. Sin embargo en esto de las clases sociales no todo es blanco y negro. Hay personas ricas de buen corazón, como el chaparrito de Zaqueo, que por curiosidad o por lo que sea, están esperando un empujoncito para acercarse al Señor y cambiar sus vidas. Y también hay pobres que se aferran a los tres trapos que tienen. Afortunadamente también colaboro en la UNAM (Posgrado en Estudios Latinoamericanos), impartiendo alguna clase semestral sobre la búsqueda de Justicia en América Latina. Entre Interlomas y Neza-York, así paso ahora la mayor parte de mi vida. Como un “pontífice”, es decir como alguien que busca establecer “puentes” para que nuestra sociedad sea más justa y evangélica.

Ya para terminar esta larga homilía y después de 25 años de sacerdocio, con menos inocencia eclesial pero a la vez con más humildad y amor a la Iglesia que es mi madre, menciono algunos de mis sueños que tengo para la Iglesia que yo deseo.

  • Sueño con una Iglesia que condene menos y que perdone más. Que sea menos jerárquica y más materna. Algo así como las dos manos del padre que abrazan al hijo prodigo que regresa a casa, pintadas por Rembrandt.
  • Una iglesia con menos privilegios materiales y más libertad espiritual.
  • Una Iglesia en que el celibato no sea obligatorio sino opcional. Porque no veo ninguna contradicción entre amar a un ser humano y seguir a Cristo.
  • Una Iglesia en que las mujeres puedan acceder a los ministerios eclesiales, y no solo recojan la limosna en los templos.
  • Una Iglesia que tenga hambre y sed de justicia, como nos dice el Señor en el Evangelio que he elegido para esta celebración (Las bienaventuranzas). Porque sin estos anhelos fundamentales no podemos construir el proyecto de un mundo mejor y que Cristo llamó: El Reino de Dios.

¿Todo esto es mucho pedir? Pareciera ser que sí. Sin embargo hay que buscar vientos nuevos en la Iglesia por el bien de todos. Vivo en un planeta que no me gusta y que estoy llamado a transformar. Tal vez algunos de los aquí presentes (o que me lean) se escandalicen al oír estas palabras. Entonces yo les digo como el Loco, del Aforismo 125 de la Gaya Ciencia de Nietzsche: “Vengo demasiado pronto, todavía no ha llegado mi tiempo”.

La presencia del Papa Francisco me hace vislumbrar tiempos mejores para la Iglesia, que a pesar de todo amo porque se parece mucho a mí después de 25 años de sacerdocio. Con momentos de santidad pero también con grandes flaquezas y debilidades, con caídas y levantos. Como dice San Pablo en la 2ª Lectura: Y precisamente para que no me pusiera orgulloso después de tan extraordinarias revelaciones, me fue clavado en la carne un aguijón, verdadero delegado de Satanás, cuyas bofetadas me guardan de todo orgullo. Tres veces rogué al Señor que lo alejara de mí, pero me dijo: «Te basta mi gracia, mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad”.

Muchas gracias por haber venido y gracias por sus oraciones.

Acatzingo, Puebla, 26 de Noviembre de 2016

 

12 comentarios sobre “21. Homilía por XXV años sacerdotales

    Jesús Ruiz escribió:
    1 diciembre, 2016 en 14:10

    Querido Panchito, Sigo con interés tus comentarios filosófico-religiosos y en este ultimo del XXV aniversario de ordenación me he sentido un poquito parte de tu vida por eso te quiero hacer llegar mi saludo fraterno. Guardo muy buen recuerdo del tiempo en que coincidimos y comulgo con casi todo tu ideal religioso y humano. Felicidades, quizás algún día en otra galaxia tendremos tiempo para compartir lo bonito de esta humanidad que aunque digas que no te gusta está llena de amor y de gestos maravillosos en medio de obscenidades terribles. Un abrazo amigo, Jesús

    Pd: Me imagino que cambiaste de email y no te llaga mi diario. Yo no tengo medios para estar enchufado a una pagina web y sigo con mis comentarios en voz alta que envío por el arcaico método de un email cuando puedo, una vez al mes o a los dos meses.

      franciscoxaviersanchez respondido:
      1 diciembre, 2016 en 17:30

      Gracias amigo Jesús y felicidades a ti por tantos años de servicio en Africa como misionero. Yo sólo escribo, tú lo vives. Un abrazo fraterno.

    Gabino Cervantes martinez escribió:
    1 diciembre, 2016 en 14:33

    muchas felicidades. que Dios le siga dando, fortaleza, humildad, amor y entrega como hasta ahora para que siga mostrándonos el camino hacia Dios. Un abrazo muy fuerte!!!!

    pepe altamirano escribió:
    1 diciembre, 2016 en 14:38

    francisco

    muchas gracias por compartirnos tu vida

    un abrazo

    Sarai escribió:
    1 diciembre, 2016 en 19:48

    Le pido al creador que muestre siempre su amor y bondad con usted, y que se manifieste a cada paso que da, especialmene en los momentos de mayor obscuridad. Felicidades por haber respondido con valor al llamado de seguir a Cristo a lo largo de estos XXV años. Que siga tan enamorado del Señor, como hasta ahora, y que siga ejerciendo su labor de “crear puentes” para guiarnos a los que en usted confiamos.
    Feliz aniversario.

      franciscoxaviersanchez respondido:
      2 diciembre, 2016 en 07:49

      Muchas gracias Sarai, que el Señor te siga bendiciendo a ti y a tu querida familia.

    Vale RaRamrez escribió:
    2 diciembre, 2016 en 10:17

    UN SALUDO CORDIAL EN DIOS DE FELICITACIÓN, POR SU ANIVERSARIO, LE PONGO EN MANOS DE DIOS Y OFREZCO LAS EUCARISTIAS DE HOY POR SU BIENESTAR Y ACCIÓN DE GRACIAS

    DIOS PADRE LE CONCEDA SU FAVOR BIENESTAR SALUD DE SU SER. BENDICIONES UN ABRAZO CORDIAL

    ATT. P. VALENTIN RAMIREZ SANCHEZ

    DIOCESIS DE AUTLÁN, JAL.

    ________________________________

      franciscoxaviersanchez respondido:
      2 diciembre, 2016 en 11:23

      Muchas gracias P. Valentín, y que el Señor te siga bendiciendo en tu ministerio. Un abrazo fraterno.

    acatl escribió:
    2 diciembre, 2016 en 11:33

    Todo mi respeto y cariño, estimado Francisco Xavier. Vuelvo mis oraciones contigo a nuestro Di-s para que siga fortaleciendo a nuestra Iglesia y a nosotrxs, sus miembros, a fin de que nos abramos más a su Amor y demos verdadero Testimonio de ese Amor.

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