Prefacio

Para aproximar el Evangelio

Vicente Leñero

Entre los múltiples intentos que se han realizado en México y en el mundo –y en distintas épocas de la historia– para traducir el Evangelio a lenguajes y realidades que se desean próximas, se agrega hoy este libro, Episodios del Evangelio con sabor a banda, firmado por Gaspar Loza y Paco Sánchez.

Aunque la obra ya ha circulado en seis ediciones anteriores, no sé si clandestinas o modestas pero nunca expuestas en librerías, esta nueva versión reafirma el éxito alcanzado entre los lectores a quienes se dirige y busca ampliar su acceso a todos los que quisieran –o no quisieran porque no se hallan suficientemente motivados– oír hablar y saber de Jesús en un lenguaje cercano, coyuntural.

Es, desde luego un libro audaz que sitúa al Nazareno en el entorno de los llamados “chavos banda”, un poco a la manera de la comedia musical Godspell. En ese entorno nace. De él surge este “Jesús banda” que los autores hacen transitar, en su vida, en su prédica, en su actitud de servicio, siguiendo algunos de los pasajes relatados por los evangelistas.

La audacia de tal traducción no rompe con la ortodoxia literaria y cristiana de la versión original. No trata de contrariarla ni mucho menos de alterar textos perennes que por cierto no fueron escritos como una biografía de Jesús, sino como un testimonio de su existencia formulado en términos apologéticos.

La finalidad apologética se mantiene aquí con un propósito eminentemente pastoral. Se quiere aproximar a Jesús como él se aproximó, en su tiempo, a los desheredados de la tierra. Más precisamente: a los jóvenes que integran nuestras comunidades marginales. A quienes sufren de violencia y olvido, a quienes han quedado atrás de todo intento formativo, a quienes integran en grupos, pandillas, bandas, para hacer el bien o para hacer el mal.

El Jesús de este libro es precisamente un jefe banda que alude a un otro: a un Jefe de Jefes en cuyo nombre anuncia el advenimiento de una banda mayor, definitiva.

El lenguaje de él, como el de chavos que lo siguen, como el que impregna y establece su régimen en todas las situaciones, no recurre a concesiones del buen decir. Es directo, brutal a veces, siempre realista y siempre apegado al argot del entorno en que funciona. Esta audacia es, quizás, el mayor mérito literario del libro. Su mejor manera de demostrar, en su encarnación del hablar popular, que el mensaje del Evangelio continúa vigente y puede rendir sus frutos, con claridad, en cualquier ambiente de cualquier época que se elija para verterlo sin tapujos.

Rigor evangélico en los episodios elegidos, y rigor realista para expresarlos  dentro de un sector social sediento de trascendencia, son garantía de que el mensaje propuesto en este libro –grandioso en su modestia– caerá en buena tierra, como cae la buena semilla en el corazón de quien desea y sabe recibirla.

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