Prefacio

Homilías para el hombre de hoy


140 Reflexiones homiléticas


Francisco Xavier Sánchez Hernández

Prefacio de Francisco Merlos A.

Para Cailita, mi madre,

porque ha sido ella la primera

que me ha enseñado a amar

y estudiar la Palabra del Señor.”

Prefacio

La colección de homilías que tienes en tus manos, han sido proclamadas en diferentes escenarios, circunstancias y países por Francisco Xavier Sánchez Hernández, sacerdote de la diócesis de Nezahualcóyotl, Estado de México. Su intención, como él mismo lo señala, ha sido exponer en un lenguaje actual y para el hombre de hoy, los grandes misterios del cristianismo, que se celebran en la asamblea litúrgica y en un contexto sociocultural continuamente cambiante.

El ministerio de la homilía es una de las tareas más arduas y delicadas del quehacer pastoral, no sólo por las circunstancias externas que lo rodean, sino por los ricos componentes bíblicos, teológicos y litúrgicos que contiene, además de las exigencias prácticas que conlleva. Hoy existe el hecho de que tanto los pastores como los oyentes de homilías experimentan inconformidad, perplejidad, insatisfacción y cuestionamientos a los cuales no acaban de responder. Muchos piensan que la homilía está en crisis por razones de índole diversa. Probablemente es así. Sin embargo ella sigue siendo una antigua y rica herencia cristiana. Es una práctica cotidiana, particularmente en los países de vieja tradición católica, donde se realiza a menudo en forma multitudinaria. En todo caso es un momento privilegiado en que comunidad y pastores están llamados a establecer un diálogo de fe entre ellos, con el Señor que no cesa de salvar a su pueblo, y con la cultura contemporánea que no deja de plantear interrogantes nuevos.

Sobre el predicador recae la mayor responsabilidad del éxito o del fracaso de la homilía. Está llamado a armonizar los diversos elementos que la integran y a poner en juego las distintas facetas de su personalidad de pastor. Es indispensable, por tanto, mirarlo desde perspectivas diferentes a fin de valorar con justicia la complejidad y la riqueza de su ministerio homilético.

En efecto, el predicador es un oyente y discípulo de la Palabra de Dios, formador y educador de la conciencia del pueblo. Alguien con una profunda experiencia de Dios para dar testimonio de su fe como profeta del Reino. Lector e intérprete de la realidad y de la historia a la luz de la Palabra. Hombre de su tiempo e hijo de su cultura, inspirador del compromiso cristiano y mediador entre la asamblea celebrante y el misterio de Dios. Persona de probada vida teologal, servidor a la manera de Jesús, en cuyo nombre preside y estimula a la comunidad que celebra las maravillas del Dios liberador.

Cabe señalar, por otra parte, los componentes esenciales que configuran la homilía cristiana y que el autor de estas homilías ha querido poner de relieve. Son claves indispensables para valorar tanto las homilías ya pronunciadas –como en el caso de la presente obra– como aquellas que serán proclamadas en el futuro.

1. La realidad histórica y sociocultural. La homilía tiene allí algunas de sus raíces más hondas, pues dicha realidad constituye la materia prima y el espacio primero donde se hace un itinerario de fe, que escudriña los signos de la presencia o de la ausencia de Dios. San Agustín decía: “el primer libro que Dios ha escrito no es el libro de la Biblia sino el libro de la vida, pero el libro de la Biblia se nos da para entender mejor en el libro de la vida.”

2. La Palabra de Dios. Especialmente contenida en la Escritura, la Palabra santa viene a ser el elemento primordial de la homilía. Es su columna vertebral. Es la que verdaderamente preside una asamblea litúrgica. Su presencia en la homilía es por un lado, el reconocimiento de su capacidad transformadora, de su poder iluminador y de su aptitud para ser regla de vida práctica. Por el otro, ella requiere de una interpretación, que vincule al mismo tiempo la fidelidad al plan de Dios, con la fidelidad a las circunstancias concretas que vive cada comunidad celebrante.

3. La teología La reflexión teológica es otro factor que da sustento a la homilía. En la homilía se profesan los puntos cardinales de nuestra manera de creer. Han de tener un tono de Buena Nueva más que de doctrina o de especulación, pues no se trata solo de ilustrar las mentes, sino de revelar el don de Dios para animar a todos en el seguimiento de Jesús. Los elementos teológicos que se exponen en la homilía, han de resaltar lo medular del cristianismo. Los temas fundamentales de la fe cristiana son los indicadores teológicos que encuadran y guían la vida entera de la comunidad. “Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos en profesar”. Los antiguos decían: “nuestra forma de orar refleja nuestra forma de creer” (lex orandi lex credendi).

4. La celebración. Es el marco natural de la homilía. Por lo mismo es necesario tener bien claros los componentes de toda celebración como son las personas, acciones, lugares, palabras, objetos, actitudes, tiempos. Todo ello se verá expresado en el culto y en sus diversos vínculos vitales, a saber: con el acontecimiento pascual de Cristo resucitado, con el Espíritu que habita a la comunidad celebrante, con el sentido de fiesta y con la vida teologal, de donde nacen las actitudes celebrativas (adoración, alabanza, expiación, petición, acción de gracias), que generan compromisos cristianos ante los hermanos (fraternidad, verdad, justicia…). Lo que caracteriza a una homilía es que muestre cómo la acción liberadora de Dios, es lo mismo que han proclamado previamente las lecturas y los demás gestos y símbolos que acompañan al culto que se celebra.

5. La comunicación La homilía es un acto que comunica la fe. Y el predicador es un comunicador público. Es indispensable, por tanto, aprender actitudes que reflejen la relación vital que une al predicador con la comunidad. Superar posturas de prepotencia o superioridad, de intelectualismo, desahogo o afán de lucimiento, ya que todo eso lo incapacita para ser un comunicador honesto de la Buena Nueva. Como oyente de la Palabra y a partir de su disponibilidad humilde, busca establecer una relación fraterna, en la cual el pueblo advierte que cuando se le habla de veras se le ama.

Un lenguaje homilético pide que sea actual e inteligible, vital y claro, persuasivo, significativo y auténtico para que sea creíble. Y eso sólo se consigue cuando se está en profundo contacto con la comunidad creyente y con la cultura en que ella vive. La cultura es la matriz principal de un lenguaje. Una homilía puede fracasar o tener éxito si el lenguaje tiene o no calidad y fuerza comunicadora. “Sé breve para que te escuchen, sé claro para que te entiendan y sé auténtico para que te crean” es el lema de un excelente predicador de nuestro tiempo.

Las homilías contenidas en esta obra quieren ajustarse a los anteriores requerimientos. Tienen la virtud de tocar temas neurálgicos de la fe en un mundo que la cuestiona permanentemente. Están expresadas en un lenguaje que entienda nuestra generación. Son una manera de mostrar que el Evangelio nunca pasa de moda, pues tiene capacidad inagotable para seguir dando sentido a la existencia cristiana. Naturalmente que cada predicador tiene su estilo personal. Sin embargo la propuesta de estas homilías, pronunciadas por su autor ante auditorios tan diversos, es un esfuerzo meritorio que puede inspirar a muchos, para lograr que la fe de los creyentes se nutra del auténtico Mensaje de Jesús, que tiene una palabra de esperanza para los hombres y mujeres de todo tiempo.

P. Francisco Merlos A.
Profesor de Teología Pastoral
Universidad Pontificia de México.

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