De la aceptación al rechazo

Jn. 18, 1-19, 42

[1]). De la aceptación al rechazo

 

Hace apenas cinco días celebramos el Domingo de Ramos y recordamos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, cuando es aclamado por la multitud y reconocido como rey y liberador de su pueblo. Ahora unos días después escuchamos en la lectura del evangelista como la misma multitud lo rechaza y pide su muerte. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Cómo es posible cambiar tan rápido de actitud frente a Cristo?

En el fondo la gente no lo conocía, tan sólo se dejaba guiar por los otros, por la pasión del momento. Cada uno de ellos no era auténtico sino que de dejaba guiar por  su miedo, o por intereses políticos, religiosos, etc. Por ejemplo:

Anás se deja llevar por su suegro Caifás, que había dicho “conviene que muera un solo hombre por el pueblo”.

Pilato, aunque tiene el deseo de liberar a Cristo, se deja llevar por la multitud que le grita: “¡Si lo sueltas no eres amigo del Cesar!”

Pedro se deja llevar por el miedo, y, ante el temor de ser él mismo detenido, responde que no es discípulo de Cristo.

Finalmente la multitud se deja llevar por sus líderes religiosos que buscan la muerte de Cristo, y, ellos que deseaban tener un rey propio y nacional, gritan una frase que antes nunca hubieran imaginado: “¡No tenemos más rey que el César!”

 

Ahora, con muchos años de distancia no debemos juzgar tan fácilmente a los protagonistas del juicio y de la pasión de Cristo porque nosotros en muchos aspectos también nos asemejamos a ellos.

Al igual que Anás también nosotros podemos preferir los juicios equivocados de nuestros familiares en vez de pensar por nosotros mismos, aun a costa de desairar por Cristo a la familia. No le hables a fulano, tienes que abortar, etc.

Al igual que Pilato en ocasiones estamos divididos entre seguir nuestras convicciones más profundas o hacerle caso a la invitación agresiva de los demás: Vámonos  de parranda o ¿qué te pegan en tu casa? ¿Por qué no quieres tener sexo si a tu edad todo el mundo lo hace? ¿Vámonos a jugar luego estudias? etc.

Al igual que Pedro en ocasiones tenemos temor de llevar a las últimas consecuencias el compromiso de nuestra fe en Cristo. Soy cristiano pero solo cuando me conviene, es decir cuando me va bien, cuando me invitan de padrino. Cristiano sí pero no fanático, etc. Y sin embargo Cristo pide de nosotros la totalidad de nuestra vida. Estar a su lado orgulloso mientras entra a Jerusalén pero también apoyarlo mientras es juzgado y condenado a muerte. Pedro entenderá lo que significa el compromiso cristiano y dará su vida por Cristo, pero tendrá un largo camino por hacer antes de esto.

Finalmente, también nos podemos parecer mucho a la multitud ya que nos podemos dejar llevar por lo que nos digan los otros como borregos. Así hay personas que hoy son católicas y mañana testigos de Jehová; hoy le piden a Cristo por su salud y mañana van con un brujo o curandero; o dicen tener fe y mañana dicen haberla perdido por el mal testimonio que vieron de algún miembro de la Iglesia, etc.

La pasión de Cristo nos recuerda nuestra propia pasión, nuestro propio sufrimiento humano y el vía crucis que debemos realizar antes de estar a la altura de ser verdaderos discípulos de Cristo. No basta con gritar unos minutos con una palma en la mano: ¡Hosanna al hijo de David! cuando todos nos ven públicamente, sino que hay que seguirlo también en la soledad del compromiso personal, aunque tengamos que ir –en ocasiones– en contra de personas de nuestra misma familia (Anás), de perder poder político (Pilato), de nuestros propios miedos (Pedro), y de las opiniones y de las modas del momento (multitud).

Afortunadamente hubo personas que en aquel día se mantuvieron fieles a sus convicciones y se solidarizaron en su amor y entrega a Cristo hasta el final: su madre María, María la de Cleofás, María Magdalena, Juan, José de Arimatea y Nicodemo. Cada uno de nosotros debe buscar seguir a Cristo a partir de una convicción personal y no como borregos. Seguirlo porque lo he aceptado personalmente en mi vida y no motivado por la voz del pueblo que hoy lo sigue y mañana lo rechaza. Que sepamos seguir a Cristo hasta la muerte. Amén.


[1] Pasión de nuestro Señor Jesucristo. Isaías 52, 13–53, 12; Hebreos 4,14-16; 5, 7-9. Monasterio de las Madres Adoratrices del Santísimo Sacramento, Coscomatepec, Veracruz, Viernes Santo, 21 de Marzo de 2008.

 

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