Jesús nos deja solos para poder crecer

Jn. 6, 16-21

[1]). Jesús nos deja solos para poder crecer

   El texto que acabamos de escuchar se encuentra también en los evangelios de Mateo (14, 22-33) y de Marcos (6, 45-52). ¿Qué es lo que Juan y los otros dos evangelistas quieren decirnos a través de este relato? Tal vez que Jesús nos deja solos y parece como ausentarse en ciertos momentos de nuestra vida, no porque no nos quiera ni se interese por nosotros, sino porque quiere dejarnos crecer. Es como el padre que en ocasiones a propósito se ausenta para ver si su hijo puede salir de los problemas él sólo y sin necesidad de él. A este respecto tanto Mateo como Marcos empiezan éste relato diciendo: “Jesús obligó a sus discípulos a que se embarcaran.”

Una vez que sus discípulos, y nosotros mismos, hemos entendido las enseñanzas del Maestro, nos toca a nosotros arreglárnoslas, encontrar las soluciones, y en ocasiones también asumir ciertos riesgos. En aquella ocasión el mar estaba agitado y había caído la noche. Si Jesús nos deja solos es porque tiene confianza en nosotros: “Habían visto caer la noche sin que Jesús se hubiera reunido con ellos, y empezaron a formarse grandes olas debido al fuerte viento que soplaba.” En los momentos difíciles de nuestra vida: enfermedades, problemas económicos, chismes, etc., cómo nos gustaría sentir la presencia física de Jesús cerca de nosotros y sin embargo parece que estamos solos, sin él en nuestra barca. ¿Qué hacer? ¿Regresar o continuar a pesar de las adversidades? Los discípulos prefirieron continuar, seguir remando a pesar de las dificultades. Y fue en el kilómetro 5 que Jesús los va a encontrar caminando sobre el agua. Después del esfuerzo, del temor y del cansancio, la primera cosa que Jesús nos dice es: “Soy yo, no tengan miedo.” Miedo de la noche, del viento, del mar, o tal vez miedo de nosotros mismos, de nuestras propias y limitadas capacidades. En todos esos miedos Jesús está cerca de nosotros, pero quiere que sigamos remando. Él no nos deja solos sino que quiere hacernos crecer. Es importante remarcar que cuando Jesús se acerca a ellos, ellos ya casi lo habían logrado, habían logrado llegar a la otra orilla. “Quisieron subirlo a la barca, pero en seguida la barca se encontró en la orilla adonde se dirigía.”

Que el Señor nos dé la fuerza y la perseverancia para seguir remando a pesar de las dificultades del mar del tiempo y de la vida. Amén.


[1] Jesús camina sobre las aguas. Hechos 6, 1-7. II Semana de Pascua. Catedral Notre-Dame de Paris, 14 de Abril de 2002.

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