La eucaristía, el sacerdocio y la caridad fraterna

Jn. 13, 1-15

[1]). La eucaristía, el sacerdocio y la caridad fraterna

 

Queridos hermanos, hoy la liturgia nos invita a recordar y revivir tres acontecimientos importantes en la vida de Jesús. Acontecimientos que él inauguró y que nos ordenó que repitiéramos en su nombre: 1). La institución de la eucaristía, 2). El sacerdocio y 3). El servicio caritativo.

 

El día de hoy recordamos la tarde en que Jesús celebró la última cena con sus discípulos, la noche de la Pascua judía, modificándola profundamente. Antes se trataba de matar un animal (un cordero) para recordar su liberación del país de Egipto, a partir de Jesús es Dios mismo quien se ofrece para liberarnos de nuestro egoísmo. La eucaristía se convierte en la “nueva Pascua Cristiana”.

Si en la primera Pascua (Antigua Alianza) los judíos comieron un cordero para tener fuerzas antes de salir a buscar su libertad de un país de opresión, en la eucaristía (nueva Pascua cristiana) nosotros nos alimentamos de Dios mismo para poder salir de nuestro egoísmo. Pero Cristo necesita de ministros que lleven la eucaristía a los hombres, por eso él instituye el sacerdocio sacramental cuando él dice: “Hagan esto en memoria mía”. El sacerdote está llamado a repetir el sacrificio de Cristo (el cordero) que muere en la cruz por nuestros pecados; pero todos los cristianos(as) están llamados también a ser “sacerdotes” es decir a llevar y compartir a Cristo a los demás. Si antes los judíos tenían que salir de la tierra de Egipto, nosotros ahora estamos llamados a salir de la tierra de nuestro egoísmo. ¿Pero cómo vamos a salir del imperio de nuestro egoísmo? A través de la caridad fraterna. Por eso los tres elementos que celebramos el día de hoy están unidos: La eucaristía, el sacerdocio y el amor a los demás.

 

Ustedes aquí en los Estados Unidos ¿cómo están viviendo su cristianismo? Hace muchos años los hijos de Jacob tuvieron que abandonar sus tierras e ir a un país extranjero en busca de comida, con el tiempo llegaron a convertirse en esclavos y trabajaron para acumular riqueza y poder para otro país: Egipto. Los israelitas en Egipto fueron victimas de la injusticia humana, vivían o más bien sobrevivían en un país extranjero hasta que Dios les envió un liberador: Moisés. Ustedes también han dejado su país, han pasado muchos peligros para poder llegar hasta aquí y ahora tratan de vivir o de sobrevivir lo mejor que pueden con el ideal de ayudar a sus familiares en sus países de origen, y me imagino que tal vez con la idea de algún día poder regresar. Es importante tener cuidado para no contagiarse del materialismo y del consumismo que reinan en este país. Ustedes viven en los Estados Unidos como hace años los israelitas lo hicieron en Egipto y tienen que buscar dos formas particulares de libertad: una que podemos llamar libertad social y la otra libertad individual. La primera está relacionada con las estructuras políticas, sociales y económicas de un país. Es importante que algún día los hombres ya no tengan que abandonar sus países, corriendo riesgos mortales, para poder sobrevivir. Hay que darles educación a sus hijos para que ellos desde dentro, es decir desde el interior mismo de este país puedan ir poco a poco transformando las estructuras injustas y de desigualdad social que se viven aquí. Por otra parte, con respecto a la libertad individual, es importante no apegarse al espíritu del materialismo que reina en este país. Ustedes deben ser libres para poder servir mejor a los demás. Si la libertad social significa salir de Egipto (o del país que esclaviza ahora económicamente a los otros), la libertad individual significa salir de nuestro egoísmo.

Los textos del día de hoy Jueves Santo nos invitan a ser libres social e individualmente mediante la practica de la caridad fraterna (lavar los pies a nuestros hermanos), esta tarea la podemos practicar estando en comunión con el Señor, recibiendo su cuerpo y su sangre (la eucaristía). Recibir su cuerpo (acto litúrgico) y servir a los demás (acto social) es vivir y practicar nuestro sacerdocio común.

Que sea así para ustedes en esta Iglesia de Brooklyn, Nueva York, en donde ahora viven como extranjeros, para el bien de ustedes y de los demás.  Amén


[1] Jesús lava los pies a sus discípulos. Éxodo 12, 1-18; 1ª Cor. 11, 23-26. Jueves Santo, Our Lady of Solace, Brooklyn Nueva York, 24 de Marzo del 2005.

 

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