Todo ser humano es hijo de Dios

Jn. 10, 31-42

[1]). Todo ser humano es hijo de Dios

 

En el evangelio del día de hoy escuchamos el día en que Jesús estuvo a punto de morir lapidado por haber dicho que él era el Hijo de Dios. Expresión blasfematoria para quienes lo escuchaban. Jesús se defiende y con esta defensa él nos recuerda que todo ser humano, independientemente de la religión que sea o incluso profesándose ateo, es hijo de Dios. Aunque claro está que aquí hablamos de dos modalidades distintas de ser hijos de Dios. Jesús es Hijo de Dios pero él mismo es Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad; nosotros en cambio somos hijos de Dios porque él nos ha creado a su imagen y semejanza. Los judíos que lo escuchaban entendieron bien que Jesús no sólo se entendía como hijo, descendiente o creatura, de Dios, sino en este Hijo, él se igualaba a Dios. “Los judíos le respondieron: “No te apedreamos por algún bien que hayas hecho, sino porque, siendo hombre, insultas a Dios haciéndote pasar por Dios”.”

¿Cómo se defiende Jesús? En primer lugar él cita la autoridad de las Escrituras: “Jesús les contestó: “¿Acaso no está escrito en la Ley de ustedes: Yo lo digo: ustedes son dioses?” No se puede dudar de la Escritura.” Los comentadores de este pasaje citado por Jesús, concuerdan que él hace referencia al Salmo 82, 6, en dónde el salmista llega a llamar dioses a los jueces, pero con tal de que practiquen la justicia, es decir de que sean sus gerentes en la tierra. En el mismo Salmo 82, 3-4 se les dice a los jueces: “Denle el favor al huérfano y al débil, hagan justicia al pobre y al que sufre, libren al indigente y al humilde, sálvenlos de las manos del impío.” Es practicando la justicia que el salmista les dice en el versículo 6: “Todos ustedes son dioses, les dije, y son también los hijos del Excelso.” Jesús tal vez para provocar a sus oyentes cita solamente la primera parte del versículo 6: “Todos ustedes son dioses.” y no la continuación del versículo que parece atenuar lo afirmado por el profeta: “y son también los hijos del Excelso.” Es decir que el salmista había llegado a equiparar a los hombres que practican la justicia con dioses (en plural), pero les recuerda que son también, o sobre todo, “hijos del Excelso.” Jesús recuerda, siguiendo su comentario muy probablemente de este salmo, que “la Escritura llama dioses a los que Dios dirige su Palabra.” Con lo que el salmista nos dice en el Salmo 82 y con lo que Jesús comenta, pareciera ser que todo hombre que practique la justicia llega como a “divinizarse” a causa de sus obras buenas. Es decir a entrar en intimidad grande con Dios a causa de su actuar. Y Jesús lo explica cuando les dice: “Si yo no cumplo las obras del Padre, no me crean. Pero si las cumplo, aunque no me crean por mí, crean por las obras que hago.” El obrar de Jesús manifiesta su divinidad. Pero Jesús no sólo es Dios por su actuar (como el salmista lo propone a todos aquellos que practiquen la justicia), sino que es Dios por su ser mismo, Jesús continúa diciéndoles: “y sepan de una vez por todas que el Padre está en mí y que yo estoy en el Padre.”

Antes de terminar es necesario reflexionar sobre las dos modalidades distintas de ser hijos de Dios, de las que hablábamos al inicio. La de Jesús y la nuestra. Él es Dios por su propia naturaleza divina confirmada en su obrar. Nosotros somos hijos de Dios por ser creaturas de él, por nacimiento, pero también por nuestro actuar. Es importante por lo tanto que defendamos esta doble manera de reconocer nuestra filiación divina. Jesús defiende su derecho de ser Hijo de Dios. Él dice: “¿no puedo decir que soy Hijo de Dios sin ofender a Dios?”

Nosotros debemos defender la dignidad de cada hombre a ser tratado como hijo de Dios. Defensa de que nos diviniza sin haberlo buscado. Defensa de la dignidad de cada hombre que comporta riesgos, incluso de perder la propia vida cómo ha sido el caso de los grandes profetas. Desde Jeremías, de quien hemos escuchado un fragmento de su libro el día de hoy, hasta Monseñor Romero en San Salvador, Gandhi en la India, Luther King en los Estados Unidos, etc. Que las palabras de Jeremías que hemos escuchado: “Yahvé. Señor, tus ojos están pendientes del hombre justo.” Sean nuestra fortaleza en los momentos difíciles. Amén.


[1] “Siendo hombre insultas a Dios haciéndote pasar por Dios.” Jeremías 20, 10-13. V Semana de Cuaresma, Catedral Notre-Dame de Paris, 14 de Abril de 2000.

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