Lc. 1, 39-47

Lc. 1, 39-47

[1]). Construyamos una sociedad fraterna y no excluyente

 

Buenas noches, es para mí una gran alegría el poder celebrar esta misa con ustedes, gracias por haberme invitado. Agradezco también a Mgr. Sullivan, nuevo Obispo de Brooklyn y de Queens, aquí en Nueva York, y al P. Michael Perry por su amable hospitalidad.

 

¿Qué significado tiene la fiesta de la Virgen de Guadalupe sobre todo cuando se vive en un país extranjero? ¿Cuál es el mensaje de Nuestra Señora de Guadalupe para ustedes aquí en Nueva York?

Para ayudarnos en nuestra reflexión, vamos a retomar los textos que acabamos de escuchar así como el relato de las apariciones (tomado del Nican Mopohua). ¿Qué hay de semejanza entre ustedes y Juan Diego? ¿Qué es lo que la Virgen les pide?

 

Pienso que entre ustedes hispanos en los Estados Unidos y Juan Diego la semejanza principal es el contexto de marginación en el cual viven. Una marginación que tiene diferentes causas: económicas, políticas, culturales, raciales, religiosas, lingüísticas etc.

 

   En el México del siglo XVI, a tan sólo diez años de haber caído la gran ciudad de México Tenochtitlan (la Virgen se aparece en 1531), se vive una época de gran injusticia y desigualdad de diferente manera; por un lado están los españoles (que hablan castellano, son de piel blanca, tienen una religión diferente y se han apropiado poco a poco de las riquezas de un país que no les pertenece) y por el otro lado están los indios (que hablan náhuatl, son de piel morena, tienen la religión de sus antepasados y su cultura –comida, vestido, música etc.- es diferente. Viven en un país que fue de ellos pero que ahora lo sienten como extranjero).

Es decir que por un lado están los poderosos, los conquistadores, los que controlan el país, y por el otro lado están los pobres, los dominados, los que viven o sobreviven gracias a las migajas que les dan los españoles. ¿Creen ustedes que haya semejanza con lo que están ustedes viviendo aquí en Nueva York? Yo pienso que sí.

Con esto yo no quiero decir que de un lado están “todos” los malos y del otro lado “todos” los buenos (como en las películas de Hollywood). Sabemos que entre los españoles hubo gente buena que ayudó a los indígenas, como Bartolomé de las Casas por ejemplo, o que ahora en Estados Unidos (y aquí en Nueva York) hay “americanos” que ayudan a los hispanos; y por otra parte seguramente también hubo indígenas injustos, como hay hispanos que causan averías en este país. No, no todos eran (o son ahora) malos de un lado y buenos del otro. Sin embargo, las estructuras que tienen como base el egoísmo, impiden o dificultan vernos y reconocernos como hermanos en la sociedad. Un país que fomenta las diferencias a causa del color de piel, de la lengua, de la religión, de la economía, etc. no puede ayudar a que los hombres que viven dentro de él construyan una sociedad justa. I have a dream –tengo un sueño– decía el pastor protestante Martín Luther King cuando hablaba de crear una sociedad justa en la que negros y blancos se pudieran tomar algún día de la mano. No, una sociedad que fomente las diferencias y la exclusión no puede permitir que los hombres que viven dentro de ella convivan en paz y experimenten la fraternidad.

Las diferencias pueden ser una fuente de riqueza cuando se saben aprovechar (por ejemplo hablar español y hablar ingles, comer tacos y hamburguesas, tomar cerveza Corona y refresco Coca Cola etc.), pero las diferencias también pueden ser fuente de conflicto, de guerra y de odio. ¿Cómo podíamos vivir como hijos de Dios y como hermanos en el México del siglo XVI cuando se estaba realizando por parte de los españoles una negación del indígena? ¿Cómo se puede vivir como hijos de Dios y como hermanos en el Nueva York del siglo XXI cuando todavía el hispano es marginalizado, ignorado y explotado?

 

Es aquí donde entra toda la fuerza del mensaje guadalupano. La Virgen de Guadalupe se aparece a un indio marginalizado para darle un mensaje de ánimo: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estas por ventura en mi regazo? Juan Diego compartía la misma tierra que los españoles, sin embargo; a causa del color de su piel, de su lengua y de su pobreza, se sentía inferior a ellos. Cuando la Virgen le pide que él sea su mensajero, Juan Diego humildemente le dice que mejor escoja a otro porque a él no le van a hacer caso, él le dice: “Tú quieres que aquí te hagan un templo…, por lo cual te ruego encarecidamente, Señora y Niña mía, que a alguno de los principales, conocido, respetado y estimado le encargues que lleve tu mensaje para que le crean porque yo soy un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda, y Tú, Niña mía, la más pequeña de mis hijas, Señora, me envías a un lugar por donde no ando y donde no paro.” Juan Diego se siente inferior a los españoles porque ellos lo hacen sentir inferior, está acostumbrado a ser explotado, humillado, pisoteado. ¿Cuántos hispanos en EU, en Nueva York, no experimentan el mismo sentimiento de inferioridad que los otros les hacen sentir? Sin embargo la Virgen no quiere escoger a un blanco que representa el poder y el dominio. Ella escoge a un indio y ella misma se hace india por dos razones: Primera, para que los indios explotados redescubran la riqueza de su cultura, de su raza, de su piel, de sus valores, para que no se avergüencen de su origen. Segunda, para que los españoles aprendan a escuchar al indígena y descubran toda la riqueza que estos encierran. Podemos remarcar que una vez que el obispo presenció la aparición de la Virgen en la tilma (es decir en el atuendo cultural) de Juan Diego, él aprendió a verlo y a escucharlo de otra manera. Ya no se trataba más de un indito borracho y mentiroso, sino del embajador de la Virgen. El texto nos dice. “A entrambos, a Juan Diego y a Juan Bernardino, los hospedó el obispo en su casa algunos días, hasta que se erigió el templo de la Reina del Tepeyácac”.

 

Ya para terminar podemos decir que el mensaje de la Virgen de Guadalupe no sólo se dirige a los indios de aquel tiempo, o a los mexicanos de ahora, no es sólo para los españoles de aquel tiempo o para los “americanos” de ahora. Su mensaje es para todos los hombres: guatemaltecos, puertorriqueños, colombianos, italianos, americanos, irlandeses…etc. y es un mensaje que nos enseña a convivir y a tratar como hermanos a los otros que son, o parecen ser, diferentes de nosotros: diferentes por el color de su piel, por su lengua, por sus costumbres, etc. pero que son hijos del mismo Dios y por lo tanto nuestros hermanos.

Para poder vivir en armonía dentro de una sociedad plural como lo es Nueva York se necesita lograr un justo equilibrio entre dos “complejos” tan malo el uno como el otro: el complejo de inferioridad y el complejo de superioridad.

Ustedes hermanos hispanos residentes en los EU, no tienen porque sentirse inferiores a los demás: Amen su lengua, su cultura, sus tradiciones, sus bailes, su gusto por la fiesta y por la familia (siéntanse orgullosos y agradecidos con la Virgen que escogió nuestros rasgos) pero al mismo tiempo, no se sientan superiores ni menosprecien la cultura y los valores de los demás.

Aprovechen el tiempo de su estancia aquí para enriquecerse con todo lo bueno que este país les puede dar. Y enriquecerse no quiere simplemente decir llenarse los bolsillos de dinero, sino crecer como seres humanos y como hijos de Dios. Aprendan a hablar ingles, visiten museos y lugares lindos de esta ciudad, traten de arreglar su situación en este país, denles a sus hijos estudios, y sobre todo: “compartan su fe con los demás”, sean embajadores de la Virgen y de su fe al ejemplo de San Juan  Diego. El riesgo de vivir en una ciudad tan consumista e individualista como lo es Nueva York, la gran manzana de la tentación y a veces de la discordia, es de encerrarse en el egoísmo y de olvidar a los demás. Contrariamente al egoísmo, y al consumismo, que manifestó Eva en la primera lectura, la Virgen María visita a su prima Isabel para ponerse a su servicio.

Que nosotros podamos superar las barreras de las diferencias, frutos del egoísmo, para construir una sociedad fraterna y un mundo cada vez más justo. Amén.

 


[1] La visita de la Virgen María a su prima Santa Isabel. Génesis 3,9-15.20; Apocalipsis 11,19; 12,1-6.10. Iglesia Our Lady of Refuge, Brooklyn Nueva York, 11 de Diciembre del 2004, misa de la noche.

 

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