Lc. 11, 1- 4

Lc. 11, 1- 4

[1]). La oración nos ayuda a tomar decisiones importantes

 

En el evangelio del día de hoy hemos escuchado aquel día en que uno de sus discípulos, no se dice quién, le pidió al Señor que los enseñara a orar. Y gracias a esa petición tan concreta podemos rezar ahora la oración tan hermosa del Padre nuestro, que Jesús nos enseñó y que rezamos varias veces al día.

Nos podemos preguntar: ¿Por qué su discípulo le hizo esa pregunta? ¿Significa que antes no oraba o no sabía como orar? Pienso que seguramente su discípulo como buen judío ya oraba, o más bien dicho recitaba oraciones que seguramente había aprendido desde su infancia. Pero seguramente aquel discípulo veía en la oración de Jesús una novedad, una nueva menara de relacionarse con Dios que lo intrigaba, lo seducía, le envidiaba. Ese discípulo quería orar a la manera de Jesús. Y como para justificarse, él le recuerda que Juan el Bautista había enseñado a sus discípulos a orar, entonces ¿por qué Jesús no les enseñaba a ellos? Si Jesús no les había enseñado aún a orar, es tal vez porque había querido que el deseo de oración surgiera de una necesidad por parte de ellos, y no de una obligación impuesta.

Seguramente ese discípulo había constatado que en los grandes momentos de la vida de su Maestro él siempre había orado. La oración había precedido los grandes momentos y las decisiones de la vida de Cristo. De tal manera que para Jesús no había que separar la vida y la oración. Es verdad que hay oraciones muy hermosas que podemos leer y aprender de memoria, pero la oración por excelencia es aquella que brota espontáneamente del corazón del hombre. Hay que orar siempre, y para esto nos podemos ayudar de oraciones aprendidas como pueden ser el rosario, novenas, etc. Pero también podemos ser creativos en la oración, podemos inventar. ¿Y cuando sucede esto? La oración espontánea llega a nuestros labios y a nuestro corazón cuando en nuestra vida tenemos presente a Dios. No se puede separar la vida de la oración, al contrario; hay que hacer de la vida una constante oración. Orar por lo que vi en noticiero esta noche, por la persona que encontré en la calle, por la tentación que empieza a entrar en mi vida, porque voy a comer, por la alegría o por la pena que estoy viviendo, en fin…, por todo y sobre todo por todos. Es decir tener siempre presente a Dios en mi vida. Tal vez esto es lo que busca la oración de Padre Nuestro que es una oración “plural”. No es una oración singular en la que se diga por ejemplo: “Padre mío, venga a mí tu Reino, dame mí pan de cada día…” etc. Sino que es una oración que desde el inicio tiene presente a los otros: “Padre nuestro, venga a nosotros tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día…” etc. Buscar el Reino de Dios –es decir su justicia–, tener todos que comer, no caer en tentación y podernos perdonar unos a otros nuestras ofensas.

¿Y qué tiene que ver este texto del evangelio con la lectura de San Pablo a los Gálatas? En la primera lectura hemos escuchado aquella situación tan difícil de conflicto que pasó la Iglesia en sus primeros años. Se corría el riesgo de dividirse entre los judíos convertidos al cristianismo encabezados por Pedro, y los paganos convertidos al cristianismo evangelizados por Pablo. Me parece que si San Pablo toma la osadía de criticar el comportamiento ambiguo de Pedro –primer Papa de la Iglesia– es porque antes había orado y estaba lleno de la sabiduría de Dios.

La oración nos ayuda a tomar decisiones importantes para nuestra vida y para la de los demás. Pedro seguramente también oraba, pero tal vez había caído en una tentación muy humana que es querer quedar bien con todos y por lo tanto su comportamiento confundía a los primeros cristianos. Para San Pablo, y en fidelidad a Cristo, para ser cristiano ya no es necesario seguir con tradiciones judías relativas a la comida. Si San Pablo y San Pedro llegaron a un acuerdo sobre las normas concretas que había que cumplir, siendo cristianos, es seguramente porque los dos oraron para pedir consejo a Dios. Pablo seguramente pidió fuerzas a Dios para reprender a Pedro y este a su vez para escuchar la opinión de Pablo. Primer gran conflicto de la Iglesia naciente que seguramente fue precedido por el poder de la oración.

Pidamos al Señor que nuestra oración sea motivada por el deseo de buscar la voluntad de Dios en nuestras vidas y en las de los demás. Amén.

 


[1] “Señor, enséñanos a orar”. Gálatas 2, 1-2.7-14. XXVII Semana de Tiempo ordinario, Parroquia de San Agustín, Tlalpan, D.F., 8 de Octubre de 2008.

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