Lc. 11, 5 – 13

Lc. 11, 5 – 13

[1]). El hambre del otro me hace dirigir a Dios

Para ayudarnos en la reflexión del día de hoy nos podemos preguntar: ¿Qué cosa es la oración? y ¿Por qué rezamos? En el evangelio de este día Jesús nos habla de la oración como de un dialogo con Dios. Y para esto él nos cuenta la historia de un hombre que va a medianoche a molestar a su amigo para pedirle tres panes. ¿Por qué llega a tal atrevimiento? No es porque tenga hambre él mismo, sino más bien porque él tiene un amigo que acaba de llegar de viaje y no tiene nada que ofrecerle.

Con este ejemplo Jesús quiere hablarnos de la oración de intercesión. La oración no es un acto aislado, sin relación con el mundo y con los otros, sino que por el contrario; la oración es un momento de comunión con Dios y con los demás hombres. En el ejemplo narrado por Jesús, algo que me parece muy importante a remarcar es que no se trata de dar mi propio pan, sino el pan de Dios. ¿Podemos pensar que se trata del “Pan eucarístico”? Tal vez, por qué no, hay algunos que tienen hambre espiritual de Dios. Pero creo que no hay que espiritualizar tan rápido el ejemplo dado por Jesús. El visitante que llega de viaje en la noche seguramente tiene necesidad de algo material antes de poder descansar y creo que se trata aquí de un pan material, de algo para cenar.

¿Por qué Jesús pone en relación la búsqueda del pan con la búsqueda de Dios a través de la oración? Porque en los dos casos se trata de alimentos: para el cuerpo y para el alma. Jesús nos invita a buscarlo con insistencia a través de nuestra oración, no para saciar nuestra propia hambre, sino conmovidos por el hambre del otro. El hambre y la miseria de nuestros hermanos, que llegan de noche y que no han comido, nos debe llevar a molestar a Dios con insistencia. Dios está presente en nuestra vida –y se nos da como pan– cuando nosotros mismos estamos presentes en la vida de los demás, y somos capaces de darnos nosotros mismos como pan para nuestros hermanos. Por lo tanto, cada vez que decimos: “danos hoy nuestro pan de cada día”, pedimos a Dios que nos de hambre de él. Y el hambre de él se despierta por el hambre de justicia del otro que viene a tocar a nuestra puerta. “Dichos los que tienen hambre y sed de justicia”, que es el hambre por excelencia. Es por el otro que tiene hambre y que llega con las manos vacías a tocar a mi puerta, que yo me atrevo a tocar a la puerta del Señor para pedirle justicia.

Por lo tanto podemos decir que el deseo de oración pide una actitud previa que es la preocupación por el otro. ¿Se trata de una prioridad de la justicia sobre le gesto ritual? No lo sé, en este texto de San Lucas se nos dice que un hombre es capaz de molestar con insistencia al otro, que es también su amigo, porque ha visto el hambre y la necesidad en los ojos de aquel que acaba de llagar y que ha golpeado a su puerta.

Pidamos al Señor que nuestra oración no sea un monologo egoísta con Dios, en que yo hable únicamente de mi vida y mis problemas, sino que sea una oración que tome en cuenta el hambre y las necesidades del otro. Amén.                                                        

 


[1] “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán”. Malaquías 3, 13-20. XXVII Semana de Tiempo ordinario, Catedral Notre-Dame de Paris, 11 de Octubre del 2001.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s