Lc. 13, 1-9

Lc. 13, 1-9

[1]). No prolonguemos el tiempo de respuesta al Señor

 

Hoy, como en tiempos de Jesús hay acontecimientos y muertes dramáticas que nos conmueven, el último acontecimiento es el atentado en España que ha causado la muerte de más de 200 personas inocentes. Jesús nos diría ¿Piensan que esas personas eran más pecadoras que ustedes? ¿Qué eso lo tenían merecido?  Claro que no, y Jesús quiere dejar claro que no existe relación directa entre las desgracias y el pecado personal. Dios no nos castiga. Más bien lo que Jesús nos quiere decir, es que mientras estemos vivos estamos llamados a dar frutos. La vida no la tenemos segura y la prueba es que pasan acontecimientos, desgracias, accidentes, que terminan con las esperanzas de personas que nunca habían imaginado que iban a morir ese día.

Después de comentar esos tristes sucesos de la matanza de los galileos que ofrecían sus sacrificios y de aquellos que murieron aplastados por la torre de Siloé, Jesús cuenta la parábola de la higuera que no da frutos. Con este ejemplo, Jesús dice de algún modo; Ustedes se sienten seguros porque ven que la higuera está frondosa y tiene buenas raíces, pero se han olvidado de que hace años no ha dado fruto alguno, y la finalidad de un árbol frutal no es adornar sino producir frutos. En este caso lo lógico sería cortarla para que no ocupe inútilmente la tierra. Sin embargo la lógica de Jesús es otra. El sigue creyendo en el hombre y espera algo bueno de nosotros. Por eso dice como el viñador que le suplica al propietario: “Señor déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no el año que viene la cortaré”.

No dejemos pasar el tiempo de Cuaresma inútilmente, no sabemos cuanto tiempo más el Señor nos permita seguir viviendo y ocupando la tierra. Trabajemos para que nuestra vida, como aquella higuera, pueda producir los frutos que Dios espera de cada uno de nosotros. Para esto es necesario remover nuestra tierra, abonarla, quitarle lo que le impide crecer, destruir ramas secas, etc. No seamos como la higuera estéril y seca encerrada en su propio egoísmo;  sino que seamos como la zarza ardiente que Moisés encontró en su caminar por el desierto, y a partir de la cual él escuchó la voz de Dios. El Señor espera algo más de nosotros que una buena sombra. Amén.


[1] Comparación de la higuera que no tiene higos. Ex 3, 1-8.13-15; 1 Cor 10, 1-6.10-12. III Domingo de Cuaresma, Ciclo C, Parroquia de Cristo Rey, Nezahualcóyotl, Edo. de México, 14 de Marzo de 2004.

 

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