Lc. 13, 31-35

Lc. 13, 31-35

[1]). Estar del lado de Dios y no del de Herodes

En el evangelio del día de hoy encontramos a un grupo de fariseos que quieren que Jesús se vaya de Jerusalén y le dicen: “Vete de aquí, porque Herodes quiere matarte.” ¿Por qué le hacen esa advertencia? ¿Porque lo quieren y desean ayudarlo a proteger su vida? ¿O más bien porque lo detestan, su presencia y predicación les molesta, y desean que se vaya? Es más bien a causa de esto último. Sin embargo Jesús no se deja intimidar y les responde: “Vayan a decirle a ese zorro que seguiré expulsando demonios y haciendo curaciones hoy y mañana, y que al tercer día terminaré mi obra. Sin embargo, hoy, mañana y pasado mañana tengo que seguir mi camino, porque no conviene que un profeta muera fuera de Jerusalén.” ¿Cómo interpretar estas palabras de Jesús? En primer lugar podemos constatar que Jesús es un hombre libre y crítico que no tiene miedo de quien representa el poder político en su región, Herodes. No es que Jesús no le dé importancia a su vida, sino que para él su vida no está dirigida por los designios de Herodes sino por los de Dios. Jesús trata a Herodes de zorro: “Vayan a decirle a ese zorro”. Es decir que él conoce la astucia y la maldad de Herodes, y de lo que éste puede llegar a hacer; pero eso a él no lo intimida. “Vayan a decirle a ese zorro que seguiré expulsando demonios y haciendo curaciones (…) hoy, mañana y pasado mañana tengo que seguir mi camino”. Hacer el bien (expulsar demonios y hacer curaciones) está por encima de cualquier decisión humana. ¿Cómo es que Jesús llega a tal extremo de libertad y de valentía? Porque está unido a la voluntad de su Padre. En la primera lectura San Pablo afirma que “Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra?” Si tenemos a Dios de nuestro lado a nada debemos temer, ni a Herodes, ni a los chismes, las calumnias, las tribulaciones, la muerte, etc. Pero para que Dios esté de nuestro lado nosotros debemos estar de lado de él, no del lado de Herodes. Estar del lado de Dios es estar de lado de la justicia aún a pesar del riesgo que esto implica, sacrificar la propia vida.

Por ejemplo, el día de ayer se nos habló, aquí en el seminario, de la vida y del martirio del padre Agustín Pro [fusilado en el DF el 23 de noviembre de 1927]. Él –al igual que otros profetas y mártires– también fue advertido del riesgo que corría su vida en tiempos de la persecución cristera. Ya no se trataba de Herodes sino del presidente Calles. El P. Pro llega al martirio y al sacrificio de su propia vida por ser fiel a la práctica de la justicia. Tanto Jesús como el P. Pro no abandonan la causa, no huyen de Jerusalén o de México para salvar sus vidas, porque sus vidas sólo tienen sentido siendo fieles a Dios. Pero para llegar incluso al martirio es indispensable estar íntimamente ligados al amor de Dios. Nos dice San Pablo: “estoy convencido de que ni la muerte ni la vida (…) podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.”

Busquemos estar del lado de Dios y no del lado de Herodes, es decir que nos de hambre y sed de justicia, condiciones indispensables para experimentar su amor en nuestras vidas, y poder llega así incluso al martirio. Amén.

 


[1] “Vete de aquí, porque Herodes quiere matarte”. Rom. 8, 31-35.37-39. XXX Semana de Tiempo ordinario, Ciclo B, Seminario Santa María Reina, Torreón, Coahuila, 29 de Octubre de 2009

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