Lc. 16, 1-13

Lc. 16, 1-13

[1]). Administremos bien el « maldito » dinero

 

En los textos del día de hoy no se trata de condenar al dinero y a los bienes de este mundo, sino de enseñarnos a utilizarlos correctamente. Es decir de no tomar al dinero como fin último de nuestras vidas, sino como medio para lograr una mejor existencia.

Una vez que Jesús ha contado la historia del administrador astuto, en los versículos conclusivos a este texto, Jesús nos dice que debemos de administrar bien el dinero. Sin embargo en los versículos 9 y 11 emplea duras palabras para referirse al dinero. En francés, la Bible de Jérusalem ha traducido por « malhonnête argent » (dinero deshonesto); en inglés, la Jerusalem Bible ha traducido por « money tainted » (dinero manchado, contaminado); y en español, la Biblia latinoamericana ha traducido por maldito dinero: “Aprovechen el maldito dinero para hacerse de amigos” y “si ustedes han administrado mal el maldito dinero ¿quién va a confiarles los bienes verdaderos?”.

¿Por qué Jesús se refiere al dinero como deshonesto, manchado o maldito? Porque el dinero es una gran tentación ya que nos puede deshumanizar. El dinero se pervierte y se vuelve maldito cuando es fruto de la injusticia y del egoísmo humano. El dinero por él mismo no es nada, es metal grabado o papel entintado, sin embargo representa trabajo acumulado por los hombres. El enriquecimiento de algunos hombres está basado en el empobrecimiento de la gran mayoría de la población, es lo que se conoce como acumulación del capital. Hay personas que han amasado sus enormes fortunas a base de robos, narcotráfico, prostitución, venta de armas, etc. Su dinero encierra y acumula muchas lágrimas, muertes inocentes y explotación humana.  Hay dinero que ha sido acumulado a base de un sistema capitalista y neo-liberal que crea necesidades a la gente para beneficio de algunas cuantas personas, firmas y sociedades: grandes empresarios, compañías trasnacionales, bancos, etc. Finalmente está el dinero que algunos particulares han obtenido como patrimonio familiar, o a base de su trabajo, inteligencia y circunstancias históricas. Sin embargo cualquiera que sea la manera (legal o ilegal) como se ha obtenido el dinero, este representa horas de trabajo, es decir horas de vida, de mucha gente. Debemos utilizar el dinero para vivir y no vivir para el dinero. Además no se trata de utilizar el dinero únicamente para mi beneficio personal, sino sobre todo como medio para servir a la gente.

En la primera lectura el profeta Amos critica duramente a los comerciantes que están esperando que pasen los días de fiesta, en que están obligados a cerrar sus negocios, para que vuelvan a abrir sus tiendas y vender sus productos. Este tipo de personas se han esclavizado ellos mismos al dinero y mantienen en la pobreza a la gente a la que explotan: “A ustedes me dirijo, explotadores del pobre (…) ¿No son ustedes los que dicen: Cuándo pasará la fiesta de la luna nueva o cuándo terminará el sábado para que podamos vender nuestro trigo o abrir nuestras bodegas de cereales, pues nos irá tan bien que venderemos hasta el desecho? Ustedes sólo piensan en robarle al kilo, o en cobrar de más, usando balanzas mal calibradas. Ustedes juegan con la vida del pobre y del miserable por algún dinero o por un par de sandalias.”

Hay hombres que son muy hábiles para hacer dinero, reyes Midas de las finanzas, que parece que transforman en oro todo lo que tocan. Personas hábiles como aquel administrador astuto que nos narra el evangelio que, sabiendo que sería despedido, utiliza de los mismos bienes de su patrón para ganarse la simpatía de los deudores. Jesús reconoce que ese hombre astuto utilizó los bienes, que no era de él, para hacerse de amistades. Con mucha mayor razón nosotros, como cristianos, debemos saber utilizar los bienes del Señor y el dinero, fruto de horas de trabajo de los hombres, en beneficio de nuestros hermanos. Necesitamos cristianos comprometidos en política, economía, finanzas, etc., que nos enseñen como administrar de manera más equilibrada y justa los bienes del Señor. San Pablo nos dice al respecto: “Recomiendo que se hagan oraciones por los hombres de toda clase, por los jefes de estado y todos los gobernantes, para que podamos llevar una vida tranquila, de paz, con toda piedad y dignidad.”

Ya para terminar, también es importante remarcar que el egoísmo y la acumulación del dinero no se vive solamente en las personas que tienen grandes fortunas, nosotros, cualquiera de nosotros, aún con pequeñas cantidades de dinero nos podemos volver egoístas, avaros e inhumanos. Podemos llegar a esclavizarnos al dinero olvidando las necesidades y el hambre de justicia de nuestros hermanos. El dinero es maldito cuando se gana de manera injusta y se gasta o se acumula para fines egoístas; el dinero se “purifica” cuando se gana honradamente y sobre todo cuando se utiliza como medio para auxiliar a nuestros hermanos y que puedan tener vida. Amén.


[1] El administrador astuto. Amós 8, 4-7; 1ª Timoteo 2, 1-8. XXV Domingo ordinario, Ciclo C, Catedral Notre-Dame de Paris, 23 de Septiembre de 2001.

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