Lc. 17, 11-19

Lc. 17, 11-19

[1]). Jesús quiere que nos integremos a la sociedad

 

   En el evangelio del día de hoy hemos escuchado la curación que Jesús hizo a diez leprosos. Sin embargo fue solamente uno de ellos el que, una vez sanado, regresó a él para darle las gracias. A este último además de haberle sanado la piel le purificó también el alma: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado.”

Los diez leprosos habían sido excluidos de la sociedad de su época. Estaban obligados a vivir al exterior, al margen de la sociedad, forzados a vivir con gentes que ellos no habían escogido, es el caso aquí del samaritano que convivía con los otros nueve que muy probablemente eran judíos. La sociedad tiene tendencia a excluir a los hombres por diferentes razones: raciales, económicas, sexuales, etc. Es así como se crean las divisiones, los muros como antes el de Berlín y ahora el de la frontera entre México y Estados Unidos, etc. Los seres humanos tenemos una primera tendencia “natural” a buscar reunirnos con los de nuestro mismo tipo segregando, marginalizando a los demás, formado guetos, excluyendo. Nosotros también en nuestras relaciones sociales hacemos grupitos y diferencias entre buenos y malos, guapos y feos, educados y vulgares, etc. Es decir vemos solamente lo exterior del otro, sólo vemos su piel contaminada por la lepra de la pobreza, de la incultura, de la vejez, etc. Incluso desde la infancia, en los juegos infantiles, podemos ver como los seres humanos tenemos pareciera ser que una tendencia natural para excluir a unos y aceptar a otros. Sin embargo para el que experimenta la exclusión le es difícil vivir marginalizado y despreciado de los otros, de los más numerosos. Por lo tanto buscamos que los otros nos acepten, nos vestimos como ellos, hablamos como ellos y tratamos de agradarles.

Jesús integra a diez leprosos a la sociedad y podemos comprender la alegría de estos hombres al ser integrados nuevamente al grupo social: poder ver nuevamente a sus familiares y amigos, aprovechar del tiempo que perdieron estando fuera, etc. Sin embargo la alegría de ser integrados nuevamente a la sociedad nos puede hacer olvidar una integración más profunda: la unión con Dios. De los diez leprosos que fueron curados aquel día, solamente fue el samaritano que reconoció en aquella integración social la presencia, la huella, de Dios, y por lo tanto regresó a agradecerle a Jesús. Este reconocimiento de que no se puede dar lo horizontal (cuerpo) sin lo vertical (espíritu), le valió para ser curado también en su alma. El supo ver lo que le acontecía en su vida desde una perspectiva de fe y no simplemente humana. Que sepamos ser agradecidos con Dios por todo el bien que él nos da cada nuevo día que iniciamos, y que no olvidemos buscar que nuestros hermanos se integren a la sociedad. Amén.

 


[1] El agradecimiento del leproso sanado. Tito 3, 1-7. XXXII Semana de Tiempo ordinario, Catedral Notre-Dame de Paris, 13 de Noviembre de 2002.

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