Lc. 19,1-10

Lc. 19,1-10

   [1]). Jesús viene al encuentro de nuestros deseos

   En la Biblia no existen personas que estén predeterminadas o predestinadas a actuar de tal o tal manera, como si fuéramos robots o títeres humanos que tuviéramos que obedecer ciegamente a las órdenes de Dios. El Señor siempre respeta nuestra libertad. Sin embargo él quiere que todos los hombres, sin excepción, lleguemos a cambiar de vida y lo busquemos a él a través de una vida justa y santa. La primera lectura, del libro de la Sabiduría, nos dice: “tú tienes compasión de todos, porque todo lo puedes, y disimulas los pecados de los hombres para que hagan penitencia. (…). Por eso a los que se dejan caer, tú los castigas poco a poco; y los reprendes de manera que descubran en qué pecaron, para que se arrepientan de su maldad y crean, Señor, en ti.”

En el evangelio del día de hoy hemos escuchado la conversión de Zaqueo. Hombre muy rico, nos dice San Lucas, que era cobrador de impuestos. Aparentemente Zaqueo lo tenía todo, tenía dinero y poder, pero le faltaba algo. Seguramente estaba insatisfecho con la vida que llevaba y tenía anhelo de algo más. Su corazón deseaba algo más que las cosas materiales que había acumulado, sin embargo Zaqueo por alguna u otra razón no se había decidido a cambiar definitivamente.  Cuando Zaqueo supo que Jesús pasaría por su pueblo corre y hace todo lo posible para verlo. Tiene que vencer algunos obstáculos como son la multitud y su baja estatura. Dicho sea de paso hay veces que la multitud nos impide conocer quién es realmente Cristo. ¿Por qué tiene tantos deseos de ver a Jesús? Tal vez por simple curiosidad, pero tal vez también porque sentía atracción por la libertad interior y por la fuerza moral de aquel hombre. Tal vez Zaqueo había escuchado hablar de Jesús, lo conocía de oídas, y tenía deseos de conocerlo personalmente, aunque fuera de lejos. Jesús levanta los ojos y su mirada coincide con los deseos profundos de Zaqueo. “Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa.” Y Zaqueo bajó inmediatamente de su árbol y lo recibió muy feliz en su casa. A Zaqueo tal vez ya le faltaba poco para la conversión, la mirada de Jesús fue la última gota que derramó el vaso y le tocó el alma. Eso es lo que él quería en realidad, buscar imitar la libertad y la justicia de aquel hombre que lo llamaba por su nombre. Jesús entra a la casa exterior e interior de Zaqueo para hacer limpieza. Zaqueo decide cambiar; volverse pobre materialmente para volverse rico de Dios. “Zaqueo dijo al Señor: “Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y a quien he exigido algo injustamente, le devolveré cuatro veces más”.”

Iniciamos nuestra reflexión diciendo que no hoy personas predestinadas para encontrarse con Cristo y cambiar de vida, todos podemos dar ese paso, pero nos hace falta voluntad, nos hace falta “predisposición” para ser llamados. Es decir anhelar algo más que una posición económica estable. No refugiarnos en vanas comodidades económicas, negocios sucios, bienestar aparente, etc. Sino aspirar a algo más. Es esta aspiración, anhelo o deseo, de una vida distinta y más plena lo que seguramente nos llevará a superar algunos obstáculos para encontrarnos con Dios. En ocasiones los obstáculos nos vienen de fuera, en este caso la multitud le impide tener un encuentro con Jesús. Los otros nos pueden impedir buscar a Dios y conformarnos con lo que la sociedad nos enseña, quiere que veamos. Pero también los obstáculos pueden venir de nosotros mismos, Zaqueo era de baja estatura, lo cual no le impidió buscar algún medio, en este caso un árbol, para ver al Señor. Es importante que frente a los obstáculos que nos impiden acercarnos al Señor, y tener una experiencia personal con él, sepamos encontrar los medios para que él nos pueda ver. Pidamos al Señor como nos dice San Pablo en la lectura de hoy: “que el Señor nos haga dignos de la vocación a la que el nos llamó.” Amén.


[1] Zaqueo la conversión de un rico. Sabiduría 11, 23-12, 2; 2 Tes 1, 11-2,2. Domingo XXXI del Tiempo ordinario, Ciclo C, Catedral Notre-Dame de Paris, 4 de Noviembre de 2001.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s