Lc. 21,5-11

Lc. 21,5-11

[1]). Buscar vencer las tentaciones de la vista, del oído y del sinsentido

 

En el evangelio del día de hoy podemos remarcar tres tentaciones que se pueden presentar en nuestra vida, personal o colectiva, y que Jesús nos pide vencer: el placer de la vista (estética), el placer del oído (demagogia) y el escándalo del mal (el sinsentido).

  1. La vista: Jesús recuerda la contingencia de las cosas materiales que, por muy hermosas que sean, van a desaparecer (nivel estético).
  2. El oído. Jesús nos dice estar atentos a los usurpadores de su nombre que dirán que ellos son el Mesías, son los encantadores de la palabra que emplean la mentira para engañar (nivel demagógico).
  3. El escándalo del mal. Jesús anuncia guerras y catástrofes naturales (el sinsentido).

¿Cuál es el mensaje de fondo que encierra este evangelio? Me parece que la idea central es la de no confiar en lo efímero del mundo (que hoy está y que mañana desaparece), en la presunción y demagogia humana (los falsos profetas de la humanidad) y finalmente en el mal como absurdo.

El evangelio de Jesús nos invita a poner nuestra confianza en Dios a pesar de tres tipos diferentes de tentaciones: lo que nuestros ojos puedan contemplar (la belleza); lo que nuestros oídos puedan escuchar (los falsos profetas) y más aún; lo que nuestra experiencia humana pueda tolerar (el secándolo del mal)

a).- El encanto de lo bello: La contemplación estética puede alejarnos de Dios haciendo de esta experiencia un ídolo de bronce. Palacios, autos, joyas, arte…etc., ¿qué es todo esto sino tierra, metal, madera etc. es decir tan sólo materiales trabajados por el hombre y para el servicio del hombre?

b).- El encanto de la palabra: Ya desde la antigüedad los filósofos nos han prevenido del encantamiento por la palabra. El arte de la palabra o el poder de la dialéctica que no busca la verdad sino el engaño. Es necesario tener los oídos atentos para desenmascarar a los falsos profetas: líderes políticos, del espectáculo, o incluso de religiones, que se presentan como los Mesías, los salvadores de la humanidad llevándonos a la muerte.

c).- El escándalo del mal: La fidelidad a Dios a pesar de la experiencia de la guerra, de accidentes, de enfermedades etc. es tal vez la tentación más difícil para soportar. ¿Cómo seguir creyendo en Dios cuando nos arrebata en un accidente, o por alguna enfermedad grave, a un ser querido? ¿Cómo poder hablar de, o justificar a, Dios, a partir de la experiencia del mal? El mal experimentado o sufrido (podemos pensar en Job) es el último nivel de abandono y de confianza en Dios. Cuando ya no nos queda nada por esperar, y el deseo de rebelión contra Dios surge como tentación y grito de protesta, Dios nos propone abandonarnos a El con humildad, sólo él puede darle sentido al sin sentido.

Que podamos vencer estas tres tentaciones: la idolatría estética, como perversión de la vista; la demagogia, como perversión de la palabra y, finalmente; el escándalo del mal como perversión de la existencia humana. Amén.


[1] “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra”. Apocalipsis 14,14-19. XXXIV Semana de Tiempo ordinario, Seminario San José, Diócesis de Nezahualcóyotl, Ixtapaluca, Estado de México, 23 de Noviembre del 2004.

 

 

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