Lc. 23, 35-43

Lc. 23, 35-43

[1]). Cristo Rey universo

Curiosa manera la de presentarnos la fiesta del día de hoy: “Cristo Rey del universo”. Porque normalmente: ¿cuál es la imagen que tenemos de un rey? La de alguien que tiene poder, dinero, fama, personas que lo obedecen. ¿Y cuál es la imagen de Jesús que se nos presenta en este evangelio? La de un hombre moribundo en la cruz, semidesnudo, sin poder para bajar de la cruz, sin gloria, y que sufre las humillaciones y las burlas de tres tipos diferentes de personas: las autoridades religiosas, los soldados y un malhechor.

¿Por qué se nos habla de Jesús como rey? Se nos habla de Jesús como rey en el sentido de un líder social y político. Un rey es aquel que organiza y dirige la vida de un pueblo. Jesús no sólo se preocupó por curar, bendecir y dar felicidad a personas individuales; sino que también nos presentó un proyecto de vida social que él mismo llamó el Reino de Dios. Podemos decir que toda su predicación consistió en hablarnos y hacernos entender el Reino de Dios. El decía por ejemplo: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás les será dado por añadidura”, o en ocasiones decía antes de contar una parábola: “Con qué compararé el Reino de Dios…”  Jesús predicó el Reino de Dios y lo que nos llegó fue la Iglesia, como lo decía algún teólogo de renombre.

¿Pero en qué consiste el Reino de Dios? Si Jesús nos habló de “reino”  –con la dimensión política que esta palabra de “reino” encierra–,  es porque era el sistema de gobierno que se conocía en su época (en aquellos años no se conocía lo que era la democracia, y en la de nosotros tampoco), pero tal vez también utilizó esta palabra porque ella encierra la idea de un solo líder para todo: Dios mismo en la persona de su Hijo. Jesús predicó un orden social nuevo y justo al cual le dio el nombre de Reino de Dios, a diferencia del reino de los hombres.

¿Cómo se hace parte de este reino? Renunciando a lo injusto y comprometiéndonos a colaborar en un mundo más justo y más humano. Hay dos malhechores que están muriendo junto a Jesús, uno de ellos grita e insulta a Cristo porque ve en él un hombre impotente que no es capaz de bajarse ni de bajarlo de la cruz, este hombre está cegado por el odio y no es capaz, antes de morir, de hacer la diferencia entre lo justo y lo injusto. En cambio el otro malhechor sufre no sólo por él mismo sino par la muerte del hombre justo que agoniza a su lado “Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho. Señor, cuando llegues a tu Reino acuérdate de mí” Es decir que para que Dios se acuerde de nosotros es necesario que primero nosotros nos hayamos acordado de los demás. Al Reino de Dios no se entra por votos ni por sobornos electorales, se entra practicando y teniendo hambre y sed de justicia.

Que nuestra oración no sea una oración interesada y egoísta, sino que busque instaurar la justicia y el Reino de Dios en el mundo. Amén.


[1] « Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino ». 2 Samuel 5, 1-3; Colosenses 1, 12-20. Parroquia Inmaculada Concepción, Nezahualcóyotl, Estado de México, 20 de noviembre de 2004.


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