Lc. 4,38-44

Lc. 4,38-44

[1]). Pasar de la leche al alimento sólido en la fe

 

En el evangelio de San Lucas se nos presenta el inicio del ministerio de Jesús. Después de su bautismo en el capítulo 3, al inicio del capítulo 4 se nos presentan cuatro acontecimientos: las tentaciones de Jesús en el desierto; la proclamación de su misión en la Sinagoga de Nazaret; la curación de un poseído, y finalmente la curación de la suegra de Pedro en casa de este. ¿Qué podemos ver en esta serie de acontecimientos? Que en la vida espiritual y en la evangelización todo lleva un orden y una progresión. Una vez que Jesús ha sido bautizado necesita prepararse en el desierto para fortalecerse espiritualmente. En el desierto se lleva a cabo una lucha por buscar su identidad y la misión que su Padre le ha confiado. Una vez que ha realizado esta especie de “retiro espiritual” ya está listo para iniciar su ministerio que él anuncia en la Sinagoga de Nazaret: “El Espíritu del Señor está sobre mí porque Él me consagró para traer la Buena Nueva a los pobres”. Anunció profético que Jesús comienza a hacer realidad una vez que sale de la Sinagoga, primero liberando a un hombre poseído por un espíritu impuro y después en la casa de Pedro curando a su suegra.

Necesitamos estar llenos de Dios para poder entender, anunciar y practicar su Palabra. Es lo que de cierta manera dice San Pablo a la comunidad de Corinto. Una comunidad que él fue acompañando en su crecimiento espiritual. Al principio, cuando esta comunidad no conocía aún nada de Cristo y vivían en envidias, San Pablo les enseñó lo que en aquel momento podían entender. Los alimentó de Cristo pero de manera gradual, primero dándoles leche espiritual que pudieran asimilar fácilmente. Él les dice: “Anteriormente no pude hablarles como a hombres movidos por el Espíritu Santo, sino como a individuos sujetos a sus pasiones. Como a cristianos todavía niños, les di leche y no alimento sólido, pues entonces no lo podían soportar.” Durante su segunda estancia San Pablo los va a seguir alimentando espiritualmente pero en esta ocasión va a ser más exigente con ellos porque se da cuenta que tienen envidias. Unos dicen que son de Pablo y otros de Apolo. Es decir, algunos, tal vez, se habían encariñado tanto con Pablo y o con Apolo que su fe estaba puesta más en estos apóstoles que en Dios mismo. Es por eso que Pablo los regaña para ayudarlos a crecer, quiere que pasen de una fe de niños a una fe de adultos. ¿Porque finalmente quienes son Pablo y Apolo? ¿Quiénes somos los sacerdotes, catequistas, obispos, o incluso el Papa? No somos sino servidores de Cristo, algunos más inútiles, otros más útiles, pero quien hace crecer lo sembrado es Dios. “De modo que ni el que planta ni el que riega tienen importancia, sino sólo Dios, que es quien hace crecer.” Nos dice San Pablo.

Ya para terminar, veamos en los textos del día de hoy un estimulo para el crecimiento de nuestra vida de fe. Que busquemos pasar de una fe de niños, todavía alimentados de leche, a una fe de adultos, que busquemos alimentos sólidos. Y que la pedagogía, pastoral y espiritual, de San Pablo nos ayuden a acompañar a nuestros hermanos sin desanimarlos. Hay que hablar de Dios a nuestros hermanos gradualmente, siendo más indulgentes con los que empiezan su camino en la fe y más exigentes con los que van más avanzados. Amén.

 


[1] La curación de la suegra de Pedro. 1ª Cor. 3, 1-9. XXII Semana de Tiempo ordinario, Parroquia de San Agustín, Tlalpan, D.F., 3 de Septiembre de 2008.

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