Lc. 6, 12-19

Lc. 6, 12-19

[1]). La ropa sucia se lava en casa

   Ustedes habrán escuchado la expresión “la ropa sucia se lava en casa”, que da a entender que ante problemas familiares o comunitarios, lo mejor es tratar de resolverlos “dentro” de la misma familia o comunidad, para no desprestigiarse ante el exterior. ¿Se trata simplemente de cuidar la buena fama de la familia o de la comunidad? Por una parte puede ser así, pero por otra, también se trata de tomar conciencia de que hay problemas frente a los cuales los miembros de una misma familia, o comunidad, están mejor enterados y preparados para resolverlos, que personas exteriores que carecen de todos los elementos de análisis y que más que ayudar a resolver el problema lo pueden convertir en chisme y distorsionarlo.

Esto es algo de lo que sucedió en una de las comunidades fundadas por San Pablo, la de los corintios, en Grecia. San Pablo que los ha instruido en el cristianismo, primero –metafórica y pedagógicamente– dándoles a beber leche espiritual como a niños recién nacidos, y después exigiéndoles comer y digerir alimentos más sólidos para madurar en ellos su cristianismo, se da cuenta de que no han entendido bien lo que significa la corrección fraterna (que escuchamos el domingo pasado en el evangelio).

San Pablo, al visitar la comunidad, se percata de que a pesar de sus exhortaciones a vivir cristianamente, algunos cristianos de Corinto viven con pleitos y rencillas. ¿Qué hacer en caso de que un cristiano tenga problemas con otro cristiano? San Pablo dice que busquen resolver sus problemas entre ellos mismos y que no busquen asesorarse con gente pagana que no conoce a Dios, ya que los jueces de este mundo (se refiere a un mundo sin Dios) no tienen ninguna autoridad sobre la comunidad cristiana. Dice San Pablo: “Cuando alguno de ustedes tiene algo contra su hermano, ¿cómo se atreve a llevar el asunto ante los tribunales paganos y no ante los hermanos? ¿No saben que los hermanos van a juzgar al mundo? Y si ustedes van a juzgar al mundo, ¿no son capaces de juzgar esas pequeñeces? (…) Sin embargo, ustedes, cuando tienen que resolver asuntos de esta vida se los llevan al que no tienen ninguna autoridad sobre la comunidad cristiana. ¿No le da vergüenza?” El pasaje que acabamos de leer muestra la indignación y el coraje de San Pablo ante una comunidad que se dice cristiana de nombre, pero que sigue actuando como si no conociera a Dios, es decir como paganos.

En el siglo XXI en que vivimos, los tiempos han cambiado pero no la problemática humana. Siguen existiendo conflictos que necesitan ser resueltos. ¿A quien hay que recurrir? ¿Qué juez nos puede garantizar la imparcialidad y la justicia? En el caso de los corintos tal vez había el pretexto de que los cristianos eran minoría y por eso algunos preferían recurrir a personas que consideraban competentes aunque no fueran cristianos. San Pablo se molesta y dice que los cristianos estamos llamados a juzgar y resolver los problemas de este mundo desde el punto de vista cristiano. Ahora, muchos años después, los cristianos somos mayoría, sobre todo en México dónde vivimos, y muchos de los jueces de este mundo son cristianos de nombre (porque tienen una boleta de bautizo) pero no es su comportamiento. ¿Cómo es posible que alguien que se diga cristiano apoye el aborto o la pena de muerte? Los cristianos tenemos mucho que decir en los debates contemporáneos de gran actualidad: la inseguridad en el país; la formación sexual que se debe dar a los jóvenes en primarias y secundarias; la justicia social, etc. son temas en que los cristianos debemos participar y comprometernos. Pero aquí algo muy importante y que es la convicción personal. O soy cristiano o no lo soy. No puedo ser cristiano en privado, ó sólo durante la misa, y después manifestar y apoyar públicamente ideas que están contra el cristianismo. Ya San Pablo remarcaba esta hipocresía de algunos en la joven iglesia naciente: “Pero no, ustedes son los que hacen injusticias y despojan a los demás, que son sus propios hermanos.”

El texto del evangelio de San Lucas viene a corroborar lo dicho por San Pablo, la elección de los doce discípulos nos recuerda que hemos sido elegidos para ser enviados no para estar encerrados en nosotros mismos, sino para juzgar al mundo desde el punto de vista cristiano. Jesús les dio el nombre de “apóstoles” es decir enviados.

Comencé esta reflexión diciendo que la ropa sucia se lava en casa. Pero ya que nuestra casa es tan grande porque es el mundo, y el número de los cristianos ha aumentado, pidamos al Señor la fuerza de lavar, o de buscar solucionar, los problemas de la sociedad desde una perspectiva cristiana. Buscar la fidelidad a Cristo antes que la complacencia de los hombres.  Amén.


[1] “Eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles”. 1ª Cor. 6, 1-11. XXIII Semana de Tiempo ordinario, Parroquia de San Agustín, Tlalpan, D.F., 9 de Septiembre de 2008.

 

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